Niña, la perrita callejera que es 'mascota' de la Alcaldía de Bogotá

Niña, la perrita callejera que es 'mascota' de la Alcaldía de Bogotá

Es criolla y hace un mes llegó de la calle para quedarse en el palacio Liévano.

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29 de junio 2016 , 12:53 a. m.

A las 12 del mediodía Niña se encuentra echada sobre una alfombra del palacio Liévano. Su característico pelaje negro con pintas blancas ya es reconocido en la Alcaldía Mayor, adonde hace un mes y medio llegó para convertirse en la mascota de todos.

En los pasillos no acostumbra ladrar, pues, como si compartiera el entendimiento humano, sabe que los protocolos convocan a guardar la compostura. El silencio es parte de la cotidianidad y no parece querer romperlo, so castigo de ser llevada a los jardines, menos mullidos y cálidos. (Lea también: La vida de película de Ñero, el policía de cuatro patas de Bogotá)

Su raza es calle con carrera, o criollita para que nos entendamos. Su procedencia, incierta. Lo que se sabe es que un domingo del pasado mayo apareció por una de las entradas peatonales del edificio, en la que permanecen sendos recipientes con alimento y agua; y, a diferencia de sus iguales caninos que comen y siguen de marcha por el centro, ella se quedó.

Los integrantes del cuerpo de paramédicos y los agentes policiales que vigilan el lugar son los amos de la mascota, que no se define por ninguno de los dos equipos y se ha dado cuenta de que lamer las botas de unos y otros es mejor negocio que tomar partido por uno solo. Sus relaciones públicas están analizadas.

“Esa Niña es jodida”, la pone en evidencia Olga Lucía Benavides, de la Unidad de Servicios Varios. “Le gustan los uniformados, policías y paramédicos, porque los adora. Ella es un sol, les mueve la cola, y lo bueno es que no hace sus gracias (heces) por ahí. Sabe que por lo menos tiene un jardín bien grande por si se le ocurre”, apunta.

“Lleva mes y medio con nosotros. Es muy consentida y le encanta comer”, agrega la patrullera Deyanira Bravo (miembro del esquema de seguridad de la Alcaldía), en las afueras de la edificación, mientras le arroja pepitas de concentrado. Después del tentempié, Niña husmea con su hocico en busca de más bocadillos. (Además: ¿De qué murió la perrita Bacatá? Distrito guarda silencio sobre causas)

La perrita, que deja una estela de alegría por donde camina (todos la miran, le chistan y le regalan palabras de ternura), es afortunada: la orden es que pueda entrar y salir del palacio, que camine libre y no se mantenga encerrada, para que se sienta cómoda y tranquila. (En fotos: La perrita callejera que se convirtió en mascota de la Alcaldía de Bogotá)

Un veterinario que la valoró en las semanas anteriores determinó que esta muchacha de cuatro patas cumplirá un año de vida. La minúscula cicatriz en su costado derecho, así como un tatuaje en el reverso de la oreja, revelaron que antes de llegar a su nuevo hogar fue esterilizada: se presume que durante alguna jornada pública.

Cuando la agente menciona que la debilidad de la mascota es su apetito, es porque el mismo médico que la revisó advirtió que tiene sobrepeso. Cómo no, si ya le tienen pillada su copiosa dieta: recibe el concentrado en la Alcaldía, y no deja ni un bocado. Pasa con agua y, minutos más tarde, sale a las calles del Divorcio (o calle 10.ª) y 11, donde pone ojos de cordero degollado para que los dueños de varios comederos le boten algo más. A fin de cuentas, diría uno, ‘aunque se vista de seda...’.

Consentida

De regreso a los pasillos, la perrita se deja cargar por la patrullera. En principio hace caso omiso del fotógrafo, pero luego entiende que es la protagonista de la jornada y asume el rol. Ejecuta toda suerte de monerías (arrastrarse por los tapetes, rodar por las escaleras y hasta lamerse en las partes púdicas sin ningún reparo).

Lo más curioso es que al aproximarse al despacho del alcalde Enrique Peñalosa, se guarda muy bien de no irrumpir en la oficina sin antes anunciarse. Pega la nariz a una hendija de la puerta y respira con fuerza. La asistente del mandatario se percata, se aproxima y le abre para que siga. La cuadrúpeda se sienta y de nuevo pone mirada de cordero degollado. “Taaaaan linda. Sigue, Niña, sigue”, invita la funcionaria, pero ella, que al parecer intuye que el jefe no está a esa hora, opta por prestar guardia afuera.

En tiempos pasados, Negra fue la perrita consentida de la Alcaldía. Allí habitó durante 13 años, y dormía en la sala de seguridad. Pero en el 2014 se murió de vieja y dejó un puesto vacante que, sin saberlo, llegó a ocupar la Niña. A propósito, nos enteramos de que es muy entusiasta de acompañar a los agentes que vigilan durante la noche. Es poco amiga de los indigentes y les ladra empedernida cuando pasan por palacio. En las mañanas soleadas la bañan en los parqueaderos.

Por su horario ‘de trabajo’, no es raro que durante el día se la vea dormir a pierna suelta en cualquiera de las cómodas alfombras. Un lujo reservado para pocos, ganado gracias a sus miradas, su forma de mover la cola y sus buenas relaciones públicas.

En la Alcaldía todos profesan afecto por la negra y peluda compañera, hasta el jardinero, quien se le aguanta que una y otra vez escarbe en la tierra para guardar los palos que usa para morder y entretenerse.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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