Editorial: Orgullo panameño

Editorial: Orgullo panameño

La meritoria ampliación del canal de Panamá debe ser vista como una nueva oportunidad para Colombia.

28 de junio 2016 , 07:57 p. m.

Que un país tan pequeño como Panamá haya logrado sacar adelante una obra tan monumental como la ampliación del canal debe llenarlo de orgullo y, de paso, a la región. Más aún, debe verse en Colombia como una oportunidad para acrecentar el comercio en general y mejorar los lazos con una nación de la que la historia tozudamente nos ha separado y con la que mantenemos algunas divergencias comerciales que deberían ser superadas a la mayor brevedad.

La nueva vía, que permite el paso de buques neopanamax –con capacidad para transportar hasta 14.000 contenedores– y que hace posible duplicar la capacidad del canal por donde pasa el 6 por ciento del comercio mundial, fue resultado de la votación en el 2006 del pueblo panameño, que en un referéndum decidió dar ese trascendental paso para que su canal interoceánico no cediera terreno ante los cambios y altibajos en el comercio mundial ni frente la competencia de otras opciones, como el de Suez, e incluso la posibilidad de construcción de otro paso por Nicaragua, un proyecto del que está detrás China.

“Es un canal para 100 años”, se escuchaba decir en Panamá en alusión a que es una millonaria inversión a largo plazo, gracias a la cual podrá recibir el 98 por ciento de la flota naviera mundial, incluidos los enormes cruceros turísticos de pasajeros y los cargueros de gas licuado, una veta de comercio de la que el canal espera sacar el máximo provecho.

Pero todo esto no fue fácil. A las dudas y oposición política para llevar a cabo el proyecto se han sumado los litigios por sobrecostos con la empresa española Sacyr y las preocupantes cifras de descenso del comercio mundial, fruto de la desaceleración de las economías y del estado recesivo que ha sumido a algunos de los principales actores. A esto deben añadirse otras críticas de naturaleza técnica de la construcción, que la Autoridad del Canal desestimó, al igual que las huelgas y el retraso de casi dos años.

Por eso tiene mucho mérito lo sucedido el domingo pasado, cuando el buque Cosco Shipping Panamá atravesó los dos juegos nuevos de esclusas y con ello quedó claro que la obra, al menos de momento, está funcionando al milímetro, algo vital para el istmo, que deposita en la vía gran parte de su futuro, pero que a su vez es consciente de que no puede poner todos los huevos en esa cesta y debe diversificar su fuente de ingresos o, en una palabra, ‘descanalizar’ su economía. Para eso ya está trabajando en su idea de convertirse en el gran hub comercial y logístico de las Américas.

Vale reiterarlo: para nuestro país, esta puede ser una buena oportunidad. Ya se invirtieron importantes sumas en el mejoramiento de los puertos de Cartagena y Buenaventura que posibilitan que colosales buques lleguen a nuestras dos costas. Por lo mismo, es una necesidad imperiosa que se arreglen los contenciosos comerciales entre las dos capitales y que el TLC negociado hace ya tiempo vea la luz.

Se habla de los beneficios para las exportaciones de carbón hacia el Asia, y de frutas y alimentos que necesitan refrigeración. Es una nueva ventana abierta del comercio del mundo que Colombia debe saber aprovechar.

editorial@eltiempo.com

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