No se puede vivir de Rock al Parque

No se puede vivir de Rock al Parque

Del entretenimiento momentáneo a la consolidación de procesos de la escena rock en Colombia.

28 de junio 2016 , 06:43 p. m.

"No se puede vivir del amor", dijo Andrés Calamaro en una de sus canciones. Y debe saber lo que canta porque lleva más de 30 años haciendo rock del bueno, del no tan bueno, del disperso pero abundante, del que no parece rock sino tango, salsa o cumbia; del que ha sido éxito radial y del que parece apto solo para iniciados y entendidos del rock de culto. Digamos que en eso su producción se parece un poco a Rock al Parque. En eso y en que él también viste de negro para ir a los conciertos.

¿Qué tiene que ver en serio Calamaro con Rock al Parque? Bueno, que estuvo tocando en el cierre del festival en 2010 y nada más. Pero pensando en la sabiduría de su canción, me he preguntado si lo que tenemos los bogotanos con el festival es una relación cultural, una política o simplemente un amor inexplicable de ese del que no se puede vivir.

Creo que ha sido verdadero amor durante 21 años con vivencias inolvidables, al ver nuestras bandas crecer y multiplicarse, aunque al final la mayoría nunca llegó a la consolidación de su carrera. No hay muchos testimonios de experiencias exitosas a largo plazo surgidas del apoyo a la producción musical desde el festival, que es grande pero nunca suficiente para vivir solo de Rock al Parque. Cuando revisamos la lista de los participantes bogotanos y colombianos desde 1994 hasta hoy, sobreviven pocos. ¿Rock al Parque nos ha ofrecido procesos eficientes de formación musical y cul¬tural o, por el contrario, nos ha maleducado?

Debería haber sido una gran escuela para las bandas y para el público, pero no somos realmente conscientes de esa función. En varias ediciones del festival ha habido programación académica con charlas, conferencias y “clínicas” de educación práctica en instrumentos, dictadas por músicos de enorme talento de bandas internacionales invitadas; pero ese componente educativo del festival no es el que reconoce la prensa, ni las redes sociales, ni la enorme cantidad de público asistente. Sabemos que los comentarios cada año se enfocan en la lógica egoísta de “a qué artista internacional puedo ver gratis” y nada más. Pero también ahí hay aportes del festival que nos ha presentado espectáculos sabiamente seleccionados que enriquecen nuestra visión del mundo rock como Puya, desde Puerto Rico; Apocalyptica, desde Finlandia; Eruca Sativa, Divididos y Luis Alberto Spinetta, desde Argentina. Y grandes espectáculos como el de Living Colour en aquella ocasión memorable por el castigo del público que no asistió y dejó esa clase magistral vacía en 2013.

¿Debemos seguir pidiendo que el festival nos dé algo más que entretenimiento momentáneo, que nos dé herramientas para la vida real y cotidiana en la ciudad? Más allá de lo mamerto que puede sonar aquello de invertir el dinero público en la formación de audiencias, del elemento social de cohesión juvenil en Rock al Parque y de la identidad cultural que ha creado en la ciudad para una generación completa… el festival debería generar trabajos, y fomentar progreso cultural y eco¬nómico sostenible. Crecer y abrir mercados culturales más allá del fin de semana anual de conciertos.

Mientras tanto, las radios comerciales se niegan rotundamente a promover a los músicos que participan en Rock al Parque, dejando sus puertas cerradas hasta que lleguen los festivales privados (Estéreo Picnic, Lollapalooza), que sí son muy mencionados al aire al punto de convertirse en disputa aquello de querer ser “la emisora oficial” del evento.

Si no se puede vivir del amor al festival, que es lo que seguramente nos hace sentir celosos y posesivos, me gustaría terminar citando una canción de Luis Alberto Spinetta, que cerró la edición de 2004 en la plaza central del parque Simón Bolívar y que nunca habríamos podido ver si no es por Rock al Parque. Hoy como bogotano debo reconocer que tampoco veo probable probable Seguir viviendo sin tu amor.

FELIX RIAÑO
Programador y locutor de radio

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