El invierno llegó y la batalla apenas comienza / Navegantes del cable

El invierno llegó y la batalla apenas comienza / Navegantes del cable

Si no vio el final de temporada de la serie, no lea esta columna.

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27 de junio 2016 , 12:25 a. m.

'Satisfacción' es la palabra con la que se puede definir la sensación que dejó el final de la sexta temporada de la serie 'Game of Thrones'.

Es cierto que se cumplieron muchas de las teorías y casi que se configuró un camino para cerrar algunas de las historias, pero lo que llamó la atención del episodio 'The Winds of Winter' fue que a pesar de que los acontecimientos apuntaban a una conclusión casi que cantada, realmente fue una experiencia llenas de sorpresas. (Lea también 'Game of Thrones' cierra un ciclo lleno de adrenalina)

Hay una cierta contradicción en eso, pero no se puede negar que hubo una explosión emocional en casi todas las situaciones que se narraron. La alianza de la religión con el poder terminó en un salto al vacío de un rey desolado, mientras que su debilitada y vilipendiada madre retomó un aliento de poder maquiavélico.

Cersei Lannister demostró de nuevo que podía levantarse de cualquier desgracia y que su decisión por la violencia fue la mejor estrategia para conmocionar a los millones de televidentes que vieron volar en pedazos a algunos de los personajes importantes de este ciclo.

La suspicacia de Margaery Tyrell no funcionó para la espectacular destrucción con fuego valyrio que terminó con el Gran Septo y de nuevo Cersei tuvo que lidiar con una profecía alrededor de la muerte de sus hijos, pero tuvo un poco de sosiego al sentarse en el Trono de Hierro.

(Además, vea el especial Las Teorías de Game of Thrones)

Otra que liberó un poco sus demonios fue Arya, quien siguió su ciclo de venganza con un Lord Frey asustado ante la evolución de esa niña confundida convertida en una sicaria profesional. Aunque suene políticamente incorrecto, la imagen de la joven cortando el cuello del monarca y su rostro de satisfacción fue uno de los momentos más emocionantes del episodio.

Pero no tanto como cuando se reveló el misterio de Jon Snow, un bastardo con un origen muy importante para el ciclo de acontecimientos que se van a gestar durante el gran conflicto por el poder que promete la serie.
Muchos habían planteado la relación entre el personaje más querido de 'Game of Thrones' con una estirpe que implicaría giros interesantes en la gran confrontación que se avecina.

Jon Snow es el rey del norte y su nuevo estatus de poder se entiende como la respuesta a un ciclo de dolor, golpes y pérdida, pero hay que tener cuidado cuando se hace alianzas con Petyr Baelish.

La que sí parece estar alineada con el poder es Daenerys Targaryen, que le podría hacer sombra a Cersei y que reafirmó como aliado a un Tyrion Lannister, por cierto emocionalmente más cercano a la reina. Ella tiene los barcos, los dragones y la actitud para alcanzar sus ambiciones de poder.

En general este fue un episodio redondo, estéticamente impactante y visualmente dramático. Ya lo decía su director Miguel Sapochnik (el mismo de 'La batalla de los bastardos'), cuando afirmó que sería un capítulo épico, pero en otro tono, frente a la batalla del noveno. Sin embargo, estuvo a la altura de la emoción que en su momento causó el choque de Ramsay Bolton y Jon Snow.

Gran final para una serie que está disparando sus últimos cartuchos y que a pesar de algunos detalles (como el poder de teletransportación de Varys), sigue siendo grandiosa y brutal para sus seguidores.

ANDRÉS HOYOS VARGAS
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO 

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