¿Cómo prever ataques de EI con redes sociales?

¿Cómo prever ataques de EI con redes sociales?

Investigación halló sistema de alerta que correlaciona actividad en redes sociales de adeptos al EI.

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25 de junio 2016 , 10:49 p. m.

Alrededor del mundo, simpatizantes del Estado Islámico (EI) se congregan en las redes sociales para recibir información, interactuar y ofrecer su apoyo a las estructuras de ese grupo terrorista.

A su vez, las autoridades de muchos países –Estados Unidos, Rusia, Siria, Jordania, entre otros– y los múltiples enemigos del EI –grupos pacifistas musulmanes, la red de ‘hackers’ Anonymous, grupos de ciudadanos, entre otros– adelantan una persecución permanente, con el objetivo de denunciar y censurar todos aquellos canales de comunicación de los que ‘El Califato’ pueda valerse para transmitir su mensaje a las masas.

Y sin embargo, en este juego del gato y el ratón, el Estado Islámico ha logrado sostener en el tiempo un robusto esquema de canales de comunicación vía redes sociales. ¿Cómo logran sus seguidores vencer los mecanismos de censura?

Un equipo de investigadores de la ‘Iniciativa de Complejidad’ de la Universidad de Miami, Florida (Estados Unidos), nos planteamos esa pregunta. Se trata de un grupo multidisciplinario de físicos, científicos sociales e ingenieros que veníamos trabajando por separado múltiples dimensiones del mismo problema.

En días pasados, la revista ‘Science’ publicó los resultados de la investigación elaborada durante el 2015, en la que participan cuatro colombianos, incluyendo a los profesores Elvira María Restrepo y Pedro Manrique y la estudiante de pregrado Daniela Johnson.

(Además: Temor por intención del EI de usar a civiles como escudos humanos)

La formidable presencia en los llamados medios sociales, como YouTube, Instagram, Twitter o Facebook, del Estado Islámico ha generado estupor en el mundo.

Se habla del ‘lado oscuro’ de las redes sociales, las mismas que no hace mucho eran señaladas como medios que permitieron el empoderamiento liberal de la ciudadanía en procesos tan notorios como las marchas del Millón de Voces contra los actores violentos en Colombia en el 2006, las ‘primaveras árabes’ en el 2011 o las protestas anticorrupción en Brasil en el 2013 y en Venezuela en el 2014.

Pero como cualquier medio, las redes sociales pueden servir también para radicalizar a sus usuarios y distribuir información de naturaleza cuestionable.

Nuestra investigación siguió la actividad de grupos virtuales de apoyo al Estado Islámico en la red social VK.com. VK es similar a Facebook, cuenta con unos 350 millones de usuarios y es especialmente popular en la Europa del Este, el Medio Oriente y la Federación Rusa.

De un barrido efectuado entre enero y agosto del 2015, identificamos 196 grupos pro-EI, que aglutinaron a más de 108.000 seguidores, casi todos comunicándose en ruso o árabe.

Los primeros resultados mostraban una feroz actividad: el Estado Islámico hacía grandes esfuerzos por comunicar, emitiendo desde redes sociales, mientras que sus simpatizantes se esforzaban por “sintonizar” e identificar esas cuentas.

Al mismo tiempo, los enemigos del EI hacían trabajo de “contrainteligencia”, escaneando el ciberespacio para dar con las transmisiones de ‘El Califato’ e intentar boquearlas.

Como en el popular juego escolar de “policías y ladrones”, existe una carrera perenne entre aliados y enemigos del EI para llegar primero a sus canales de información.

Cada cierto tiempo, los “cazadores” lograban clausurar una comunidad virtual pro-EI, pero no sin que esta antes hubiese congregado a un número de simpatizantes.

Tanto los administradores de estos grupos virtuales como sus seguidores aprendían de sus derrotas y rápidamente se lanzaban a repetir el juego, tratando de restituir la red de conexiones recién destruida, pero modificando su comportamiento para hacerse más resistentes a los ataques de sus enemigos.

En otras palabras, los grupos pro-EI adaptaban sus estrategias de supervivencia, consiguiendo aumentar sus expectativas de vida útil.

En estas comunidades virtuales, el EI transmitía contenidos de grueso calibre: propaganda radical de todo tipo, instructivos migratorios para adolescentes que quisieran salir de Europa con destino a territorios controlados por ‘El Califato’, manuales militares sobre cómo reaccionar ante la aviación y los drones enemigos, entre muchos otros. Para el EI, el reto era optimizar la facilidad con la que potenciales seguidores pudieran sintonizar esos mensajes desde celulares y tabletas, y, a la vez, minimizar el riesgo de que sus enemigos pudiesen infiltrar esos mismos grupos.

Una de las estrategias más comunes que identificamos en la investigación fue el del “canto de sirenas”: grupos pro-EI que inicialmente eran muy visibles y prolíficos en redes sociales, como cualquier adolescente que comparte y exagera cada evento emocionante de su vida en fotos, trinos o videos.

(También: Gais, en la mira del grupo Estado Islámico)

En un primer momento es fácil toparse con sus contenidos mediante motores de búsqueda como Google o Ask.fm. Pero una vez habían reclutado unas cuantas decenas de seguidores, el grupo elevaba sus condiciones de privacidad, cerrando puertas y ventanas a todos aquellos que no estuvieran “dentro de la rosca”, limitando severamente la visibilidad de lo que de allí en adelante ocurriría.

Los usuarios de esos grupos pequeños serían luego combinados en grupos mucho mayores, estableciendo redes de contactos de un mayor alcance.

Nuestros científicos sociales y programadores desarrollaron algoritmos que permitieron combinar análisis manuales y de minería de datos para finalmente establecer los modelos inspirados en la física que mejor describen la ecología de estas ‘comunidades’.

Las conclusiones derivadas de los hallazgos matemáticos relevantes se pueden resumir en dos. En primer lugar, la tasa de reclutamiento de simpatizantes de cada comunidad virtual describe un proceso de coalescencia (propiedad de las cosas de unirse o fundirse) y fragmentación similar al que en las ciencias naturales describen las interacciones de agregaciones de partículas o animales. Es una dinámica semejante a la que, por ejemplo, siguen bancos de peces o bandadas de pájaros interactuando con depredadores.

En segundo lugar, hallamos que si bien durante ciertos periodos la tasa de creación de estas comunidades pro-EI se mantiene estable, hay momentos en los que se acelera inusitadamente. Este auge supone lo que en términos técnicos se conoce como una divergencia o una transición a un nuevo juego de determinantes matemáticos.

Curiosamente, este fenómeno se hizo sentir en las redes sociales justo antes de un proceso masivo de coordinación social de las tropas del Estado Islámico sobre el terreno: la ofensiva sobre la ciudad siria de Kobani, en septiembre del 2014.

De hecho, como investigadores asistimos impotentes a la transmisión por redes sociales, en multimedia y en tiempo real, del horror de una batalla que destruyó el 70 por ciento de la ciudad y generó casi 400.000 desplazados. Nuestro equipo de investigación ya se había topado con ese tipo de situaciones en estudios previos sobre coordinación de movilizaciones sociales en internet.

Tanto para el caso de las protestas anticorrupción que sacudieron a Brasil en el 2013, en la antesala de la Copa Confederaciones, como en el caso de las protestas estudiantiles venezolanas del 2014. Ambos juegos de protestas contagiaron las ciudades grandes y pequeñas de ambos países, y emergieron de las redes virtuales, desbordando la tradicional capacidad movilizadora de agrupaciones análogas de vieja data, como partidos, movimientos sociales, sindicatos o asociaciones comunales.

Aunque existía una diferencia clara en la naturaleza legal de la coordinación, pues en Brasil y Venezuela la protesta ciudadana es –al menos en la letra de la ley– legal, mientras que la actividad del EI es de plano criminal, el patrón matemático es muy similar en los tres casos.

La ecuación que describe el comportamiento virtual sigue una ley de potencia en vez, la más común de una curva normal. En otras palabras, con apenas unos cuatro días de antelación, la creación masiva y acelerada de grupos de coordinación en redes sociales preceden a la toma de las calles por los ciudadanos o a la ofensiva de las tropas del EI sobre una ciudad.

(Aquí: Cómo es en la intimidad el hombre más peligroso del mundo)

Aquí queremos ser claros en que no hemos desarrollado un modelo de causación que permita hacer predicciones. Más bien, planteamos una correlación entre un proceso social en el mundo real y un modelo matemático que describe ciertos comportamientos virtuales.

Tal vez tenemos en nuestras manos el germen de un sistema de alertas tempranas, pero se requiere mayor estudio y la identificación de múltiples casos para avanzar en estas pesquisas.

Por lo pronto, nuestras ecuaciones permiten identificar el momento óptimo en que las autoridades pueden intervenir en estas comunidades virtuales, cuando son todavía vulnerables al escrutinio público, antes de que se puedan refugiar en el lado oscuro de internet.

NICOLÁS G. VELÁSQUEZ *
* Politólogo, candidato a doctor del Departamento de Estudios Internacionales, U. de Miami. Investigador asociado de la Iniciativa de Complejidad, U. de Miami.

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