El 'top' de los miedos en el sexo / Sexo con Esther

El 'top' de los miedos en el sexo / Sexo con Esther

Los hombres temen no satisfacer a su pareja y ser malos polvos.

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25 de junio 2016 , 10:44 p.m.

No tengo ni qué decir que para la mayoría de la gente el sexo es una de las actividades más placenteras de la vida.

Con todo y eso hay hombres y mujeres para los que enfrentarse de pronto a una faena amorosa llega a convertirse en una fuente de estrés, culpa e incluso temor; por supuesto que rara vez estos miedos se manifiestan abiertamente, para no dañar el momento. Pero eso no quita que a veces acabe coartando el goce.

(Además: Nosotras también nos morimos de ganas / Sexo con Esther)

Recientemente, el diario británico ‘Daily Mail’ publicó una curiosa encuesta hecha entre dos mil europeos y estadounidenses. A todos se les pidió calificar (de 1 a 10) diez miedos propuestos por los autores del sondeo.

Contrario a lo que muchos pudieran pensar, resulta que los embarazos accidentales no encabezan el ‘top’; aunque preocupan (claro que preocupan), fueron desplazados al segundo lugar por el riesgo latente a contraer una infección de transmisión sexual.

Muy pegado a estos temores está el infaltable miedo a no lucir atractivos en la cama para el otro; aquí vale agregar que los encuestadores encontraron también que la principal inseguridad de los señores con respecto a su cuerpo es que su pene resulte pequeño para la pareja, y el de ellas, cómo no, que sus senos no se vean lo suficientemente grandes. ¡Qué tal! ¡Qué obsesión con el tamaño!

(También: Los polvos no aseguran la felicidad / Sexo con Esther)

Siguen en el ranking dos temores que guardan cierta relación con los anteriores: a ellos y a ellas les inquieta que sus contrapartes no queden satisfechas y mostrar un mal desempeño en el aquello, mejor dicho, ser malos polvos. Ahora, desglosados este par de asuntos por género, resulta que ambas preocupaciones son más marcadas en hombres que en mujeres.

Por supuesto que no ayuda el hecho de que sobre el disfrute y los orgasmos femeninos caiga, con frecuencia, un manto de duda, por aquello del teatro en el que incurren algunas.

Los momentos incómodos después del sexo, la vergonzosa ocurrencia de una función corporal durante la faena, la posibilidad de que la pareja pida hacer algo que no queremos, el hecho de que el otro concluya que somos inexpertos en la cama y otros asuntos relacionados con el vello corporal completan la lista.

Experimentar estos temores demuestra que, incluso cuando las ganas obnubilan, el cerebro mantiene la capacidad de recordarnos quiénes somos, en dónde estamos, a qué riesgos nos enfrentamos y cuáles son nuestras debilidades y fortalezas.

Claro, en el catre, y con una encamada en ciernes, se porta como un conspirador que alimenta miedos.

Ahora, la forma de hacerles el quite está inventada: si tanto temor hay a un embarazo o a una infección, para eso está el condón. ¿O no? Su uso es innegociable.

Tampoco lo es aquella norma de que en el sexo se vale todo aquello que no lesione ni vulnere al otro. El resto, señores y señoras, es aceptarse físicamente como se es; no olviden que la autoconfianza se proyecta, y hasta es capaz de convertirnos en amantes fabulosos. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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