'El plebiscito será votar por la paz o regresar a la guerra'

'El plebiscito será votar por la paz o regresar a la guerra'

Expresidente César Gaviria responde a críticas que Uribe y Pastrana hacen de la negociación.

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25 de junio 2016 , 10:38 p.m.

“Había que ver el estado en el que se encontraban las madres, las esposas y los hijos de los que partían y escuchar los sollozos de unos y otros. Parece que la humanidad ha olvidado las leyes de su Divino Salvador que nos ha enseñado a amar y a perdonar y que ahora encuentra un gran mérito en el arte de matarse los unos a los otros. Me despido, mi querida y buena amiga. María”
León Tolstoi. ‘Guerra y paz’

“Es preferible una paz imperfecta que una guerra perfecta”.

Con esa frase, el expresidente César Gaviria resumió la serie de reacciones que provocó en la nación el acuerdo que lograron Gobierno y Farc, para poner fin a una guerra que desangró al país y lo cubrió de llanto y dolor durante medio siglo.

¿Por qué el acuerdo de cese del fuego supone el fin de la guerra?

No supone el fin de la guerra. Es el fin de la guerra. Lo que no es es la paz. La paz hay que construirla.Por eso ahora viene un proceso de cumplimiento de los acuerdos, de recuperación de las zonas que han sido víctimas de la violencia a lo largo de tantos años, de rescate de la tierra para los campesinos desplazados. Las Farc, en algunas áreas de Colombia, llevaban décadas en que prácticamente eran el Estado, tenían cierto control de algunos territorios. Esta ha sido la guerrilla más grande en la historia de América Latina, la mejor entrenada, la más disciplinada. Ponerle fin a ese fenómeno es una conquista absolutamente histórica.

¿Cuál es la diferencia entre fin de la guerra y comienzo de la paz?

Que se apaguen los fusiles no significa que hay reconciliación, ni convivencia ni que se han resuelto los problemas sociales. Es indispensable que todos reconozcan la autoridad de la Policía, y que el Ejército está para defenderlos y no para ninguna otra cosa. Significa que les podamos dar a todos una vida digna; eso es la paz.

Para llegar a esa paz, ¿qué falta?

Falta un trabajo que va a durar varios años. Yo creo que las elecciones del 2018 justamente van a servir para definir qué rumbo está tomando Colombia; qué tanta paz hemos ganado de aquí a esas elecciones, y los colombianos van a escoger por presidente a la persona que les ofrezca la mejor perspectiva. Yo espero que este proceso será muy exitoso y que habrá voluntad de consolidarlo, sacarlo adelante.

¿Hasta dónde cree que eso será posible con la elección del nuevo presidente?

Bueno, eso es lo que vamos a ver a lo largo del debate. Habrá una discusión sobre la implementación de los acuerdos, sobre la deficiencia del Estado como responsable en parte del abandono social que llevó a décadas de guerra.

El exvicepresidente liberal Humberto de la Calle es el jefe de la negociación en La Habana y quien procesó este acuerdo sobre el fin de la guerra. ¿Este acuerdo abre su camino hacia una eventual candidatura presidencial?

Eso yo no lo sé. Esa es una pregunta para él. Entre otras cosas, en el Partido Liberal ni siquiera tenemos aún reglas sobre cómo vamos a escoger el candidato presidencial.

¿Qué riesgo corre el acuerdo de que sufra alguna alteración o interrupción?

Cuando hablamos de la desmovilización de una guerrilla de esa magnitud, hay que estar preparados para que haya incidentes. Lo importante es que los mecanismos que se acordaron puedan resolver eventuales problemas.

Usted y todos los presidentes desde hace 60 años intentaron ponerle fin a la guerra con las Farc. ¿Por qué ustedes no pudieron y Santos sí?

Nosotros tuvimos varios problemas: primero, la Constituyente se desarrolló de manera muy rápida y no les dio tiempo a las Farc de medir las consecuencias ni el alcance del efecto de la reforma. Hablamos de que ellos se vincularan a la Constituyente. Recuerdo que pidieron 20 delegados. Tuvimos conversaciones en Tlaxcala y Caracas, pero ellos no estaban preparados. Fue solo hasta cuando vino la ejecución del Plan Colombia, en el gobierno del presidente Uribe, que se hizo un esfuerzo descomunal para tener el Ejército y la Policía más grandes y mejor preparados de América Latina. También una muy fuerte Fiscalía General. No desapareció la guerrilla, pero, con tantas victorias militares como se lograron, la guerrilla se diezmó. Fue solo en ese momento que las Farc entendieron que no iban a llegar al poder por las armas y empezaron a considerar la posibilidad de hacer la paz. El presidente Santos se puso en la tarea de explorar esa posibilidad con disciplina, seriedad, voluntad y sabiduría, aguantando todos los temporales. Finalmente, nos ofrece a los colombianos un acuerdo de paz que es imperfecto, pero que significa ni más ni menos el fin de la guerra.

¿Por qué dice que el acuerdo es “imperfecto”?

Muchos colombianos quieren esto, pero otros quisieran otra cosa. La verdad es que este acuerdo fue lo posible y sobre esto es que nos vamos a pronunciar los colombianos. Unos lo acompañarán porque están convencidos de la bondad del acuerdo; otros lo acompañarán aunque no estén totalmente de acuerdo con él, y habrá una buena cantidad que no les guste y que prefieren seguir en la guerra.

Pero, le insisto, ¿por qué dice que el acuerdo es imperfecto?

Yo respeto a los colombianos que quieren a los guerrilleros en la cárcel 30 años, pero me pregunto: ¿en qué país del mundo en la historia se ha sentado una de las partes a negociar la paz aceptando ir 30 años a la cárcel? En ninguno. Nunca. Así no se hace la paz. Sí, eso es una cosa deseable, pero es como una utopía; no los pudimos derrotar, siguen en el monte, siguen siendo miles de hombres en armas.

¿Hasta dónde habría podido ser posible vencer por las armas a la guerrilla si el presidente Santos mantiene la política combativa de Uribe?

Hubiera tomado una buena cantidad de años. Las Farc son la guerrilla más grande del mundo a pesar de los éxitos militares contra ellos. No hay en el mundo una guerrilla de 6.000 u 8.000 hombres. Por eso hay un respaldo descomunal en el mundo: Naciones Unidas, Estados Unidos, Unión Europea, el Papa, toda la comunidad internacional, toda Latinoamérica detrás de Colombia, empujando, ayudando para que se haga la paz. Por ahí he visto, por ejemplo, que el expresidente Andrés Pastrana dice que le entregamos el país al narcotráfico. Pues, no creo que los Estados Unidos nos apoyen para entregarle el país al narcotráfico. Me parece muy poco creíble esa afirmación. No creo que el presidente Obama sea un estúpido ni un imbécil que va a apoyar un acuerdo que le entrega Colombia al narcotráfico. Tiene razón el presidente Obama, que ha respaldado el acuerdo, y no el expresidente Pastrana, que lo descalifica.

¿Y las críticas del expresidente Uribe?

Todas las cosas que son difíciles implican oposición y desacuerdos. Él dice que hubiera querido una paz distinta; entonces, yo pregunto hoy: ¿y es que la paz con los paramilitares fue perfecta? Pues no, fue muy imperfecta. Muchos de esos paramilitares que confesaron delitos de lesa humanidad están en la calle delinquiendo. Miles y miles de paramilitares siguen, con otros nombres, en las mismas. Fue una paz imperfecta la que él hizo con los paramilitares, pero la hizo y las instituciones de Colombia lo respaldaron. Hoy, este acuerdo con las Farc es una paz imperfecta, pero dimos un paso adelante hacia la paz definitiva. La sociedad colombiana quiere que se termine la guerra y quiere que se les dé tratamiento igual a todos los que participaron en la guerra, tratamientos obviamente individualizados para todos. Militares, empresarios, guerrilleros.

¿En el plebiscito, entonces, será vote paz o vote guerra?

Vote los acuerdos de paz que hizo el presidente Santos o siga en la guerra. Es paz o guerra, no hay alternativa. Paz imperfecta o guerra perfecta.

¿Cuál es la diferencia entre la paz imperfecta y la guerra perfecta?

Pues la paz que tenemos a mano es que podemos tener a las Farc desmovilizadas, que entregan armas, que deciden participar en política, que se colocan en pie de igualdad con los partidos políticos. Habrá sanciones por delitos atroces contra quienes los hayan cometido, y que van a confesar sus delitos, como también las tendrán los otros protagonistas. La otra opción es sigamos en la guerra, matándonos.

¿Cuál es, según usted, la paz perfecta que pide el expresidente Uribe?

Creo que él entiende por paz perfecta liberar completamente a los militares y a los empresarios que de alguna manera se han vinculado a esta guerra como agentes del Estado y no del Estado y tener a los guerrilleros 30 años en la cárcel. Lo que el presidente Uribe no dice es que no existe un solo país el mundo donde una de las partes, en una mesa de negociación, haya dicho “nosotros nos vamos 30 años para la cárcel”. Eso no ha ocurrido jamás. Aquí se van a someter a un tribunal, tienen que confesar sus delitos y quienes hayan cometido delitos atroces van a recibir una penalidad. No habrá una cárcel con barras, pero es una penalidad y quien no confiese sus delitos tendrá hasta 20 años, en cárcel con barras. Yo creo que el presidente Uribe de verdad cree que la manera de enfrentar este problema es seguir indefinidamente en la guerra…

¿Por qué lo cree?

El terminó muy convencido de que la guerrilla había desaparecido y estaba exterminada, pero los tiempos nos demostraron que eso no era así; que todavía quedaba una guerrilla de un tamaño gigantesco y que, a pesar de las victorias militares, esa guerrilla no estaba doblegada, tenía una enorme capacidad de perturbación y de daño a la sociedad. El camino a seguir era continuar la guerra o tener esta oportunidad de paz que ha logrado el presidente Santos. Él se comprometió a consultar a los colombianos y lo va a hacer en el plebiscito.

¿El Partido Liberal va a asumir como bandera la defensa del plebiscito?

Sin la menor duda

¿Y la Corte Constitucional?

Creo que la Corte va a comprender la trascendencia de la decisión histórica que va a tomar. Hay una cosa importante: la guerrilla ya anunció que acepta el fallo de la Corte Constitucional. Es decir, aceptan y acatan el mecanismo de refrendación y, por si alguna razón la Corte modula el proceso o le hace unos cambios, aceptan.

¿Si no se aprueba el plebiscito o no alcanza la mayoría necesaria, qué va a pasar?

Volvemos a la guerra. Si hago un acuerdo y el pueblo lo rechaza, vuelve la guerra.

¿Es decir, el plebiscito es guerra o paz?

Pues, así no se preguntará, pero en el fondo es así. ¿El país quiere paz imperfecta o guerra perfecta? Ese es el plebiscito.

Usted fue el primer dirigente que habló sobre la vinculación de empresarios a la guerra y la participación de los militares. ¿Qué efectos habrá ahora?

La justicia transicional no puede ser solo para las Farc. Tiene que ser para todos. Los propios guerrilleros no quieren ver generales en la cárcel. Ellos quieren justicia transicional para todo el mundo.

¿Estamos hablando de que, de todas maneras, habrá una especie de perdón para la guerrilla, perdón que también debe cobijar a militares que cometieron delitos?

No es perdón lo que se va a aplicar. Es una justicia menos rigurosa, menos severa que la que prevén las normas penales, y obviamente para todo el mundo. Creo que los militares que están condenados o acusados por omisión los deben sacar de la cárcel. Si los guerrilleros no van a estar en cárceles de barras, no vamos a querer a militares en cárceles de barras. No, no estaría de acuerdo con eso.

¿Está de acuerdo con lo contrario?

Claro, quien cometió delitos debe tener sanciones, pero sanciones no implica estar en cárceles de barras.

¿Usted cree que todos los miembros del secretariado, que están en el exterior, deben regresar al país y someterse a la justicia transicional?

Sí. Si permanecen en el exterior y no vienen y se someten a la justicia transicional, sus delitos no van a ser perdonados.

Es decir, ‘Timochenko’, ‘Iván Márquez’ y compañía tienen que venir a Colombia?

Sí. Y someterse a la justicia transicional, desde luego.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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