Cocinas solares para no usar leña en Argentina

Cocinas solares para no usar leña en Argentina

Pierre-Yves Herrouët, un aventurero francés, dejó una vida cómoda y ayuda a más de 3.000 familias.

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24 de junio 2016 , 05:04 p.m.

Seducido por las ganas de viajar por el mundo y abrirse al encuentro con otros, Pierre Horrouët dejó su Francia natal para tomarse un año sabático.

Con mapa en mano, obedeciendo a su instinto curioso, marcó aquellos países que formarían parte de la aventura, como Rusia, Mongolia, Corea del Sur, China, Japón, Vietnam, Camboya, Tailandia, Nueva Zelanda y Chile.

La Argentina no figuraba en el listado. Sin embargo, un cambio de planes lo llevó hasta la ciudad de Salta, donde se instaló definitivamente hace 12 años, formó una familia y creó una organización social llamada Solar Inti, dedicada a la construcción de cocinas solares y ecológicas para comunidades vulnerables: familias humildes, escuelas y comedores infantiles.

“Dejé mi trabajo en Francia donde me iba muy bien y vendí el auto, la heladera, la cama, mi ropa. Me arriesgué porque siempre pensé que cuanto más diferentes son las personas y las culturas más interesantes resultan”, cuenta Pierre, un agrónomo de 40 años cuya infancia estuvo ligada al campo, la pesca y pasar tiempo con su familia.

“En mi juventud eché raíces sólidas y eso me sirvió después, porque cuando viajás tenés que tener esa raíz fuerte para no perderte”, aclara.

Cuando estaba recorriendo Chile sintió el deseo de visitar la Argentina para aprender a bailar tango. “En Salta me gustó mucho cómo me recibieron y enseguida me inscribí en clases de coro y de baile. Porque aprendí que si como turista solo conocés los lugares típicos, no ves nada. Pero si empezás a anotarte en actividades propias de cada sitio, descubrís ese lugar de verdad”, sostiene.

Horrouët lleva ocho años trabajando para ayudar a las comunidades de Salta y Jujuy, poblaciones ubicadas en el norte de Argentina. Foto: Pierre-Yves Herrouët

En Salta se cruzó con la Fundación Siwok, enfocada en el desarrollo comunitario de pueblos originarios. Le contaron que estaban haciendo un proyecto para revalorizar la cultura aborigen y Pierre quiso ayudar.

A la iniciativa se sumó Josefina, una salteña con quien se casó tiempo después y formó una familia.

“Pudimos entrar a las casas de la gente y vimos cómo cocinaban, el humo tóxico que inhalaban (cada comida elaborada con estas rudimentarias cocinas es equivalente a fumar 40 cigarrillos), la cantidad de hollín generado y cómo ellos cargaban diariamente 30 kilos de leña al hombro”, recuerda el francés.

Pierre se puso en contacto con un exprofesor de física y comenzó a buscar financiamiento para construir las primeras diez cocinas solares para una comunidad aborigen colla en las Salinas Grandes de Jujuy. En vez de regalárselas, les dieron los materiales y organizaron talleres participativos donde les enseñaron a fabricar estas cocinas rectangulares, de aluminio, vidrio y madera.

La prueba piloto resultó un éxito y, al concluir la capacitación, se presentaron 80 nuevas familias con la misma necesidad, lo cual dio surgimiento a la organización social Solar Inti, que en estos ocho años lleva construidas más de 3000 cocinas solares en Salta y Jujuy. Además desarrollaron nuevos modelos sustentables, como las cocinas de bajo consumo de leña, el horno panadero ecológico, el secador solar y la ducha ecológica.

Así Solar Inti ayuda a reducir entre un 80 y 90% el consumo de leña y contribuye a disminuir las enfermedades pulmonares vinculadas a la inhalación de humo producido por la quema de leña. A su vez disminuye el impacto ambiental ya que decrece la tala de árboles y arbustos, al mismo tiempo que mejoran las economías familiares gracias a la venta de alimentos cocinados con estos artefactos.

“Notamos la felicidad de la gente al ver transformada su realidad cotidiana. La comunidad se fortalece gracias a la realización del taller y se sienten capaces de emprender otros proyectos. Eso es empoderamiento”, sonríe Pierre.

En agradecimiento y a modo de retribución, en cada comunidad las mismas familias que recibieron la capacitación son las encargadas de enseñar a otros la forma de fabricar y utilizar estos artefactos sustentables, multiplicando así el conocimiento aprendido.

La solución a un problema que afectaba la realidad de los pobladores del norte argentino llegó de la mano de un francés curioso que decidió dar un nuevo rumbo a su vida. Pierre no tenía la felicidad garantizada en Argentina, pero siguió su intuición. “Estoy contento de haber decidido a dejar la comodidad que tenía y arriesgarme a ser feliz. Me hubiera arrepentido de no haberlo hecho, pero por suerte puedo decir: ¡misión cumplida!”, concluye.

 

TEREZA ZOLEZZI
Para LA NACIÓN (Argentina)

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