Víctimas de la guerra en Antioquia se llenaron de esperanza y alegría

Víctimas de la guerra en Antioquia se llenaron de esperanza y alegría

Acuerdo entre las Farc y el Gobierno es visto como un nuevo comienzo por quienes fueron afectados.

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23 de junio 2016 , 10:18 p. m.

A Carmen Emilia Molina Carvajal, la guerrilla de las Farc le asesinó a su ser más querido, su hija de solo 14 años de edad. Con mucha tristeza por su pérdida, avanzó en medio de lo que fue un verdadero carnaval, con gaitas y tambores, por la plaza Botero de Medellín, pues el acuerdo la llena de esperanza para, al fin, saber la verdad, vivir en paz y, por supuesto, perdonar.

Carmen no puede mencionar el nombre de su pequeña sin llorar, pero lo hace como luchando contra la tristeza. “Se llamaba Claudia Patricia Carvajal, era mi tesoro más sagrado”, lamenta.

La mujer, de contextura delgada y de pocas palabras, recuerda el 18 de junio de 1996 como el día más funesto de su vida, pues en ese momento, cuando le avisaron que Claudia había muerto, algo se destrozó en su interior. Aún después de 20 años, los recuerdos y la nostalgia aquejan a Carmen.

En medio de la música y el baile de la manifestación, ella evocó el suplicio que padeció luego de la terrible pérdida. Abandonó Apartadó, en el Urabá antioqueño, y tomó rumbo a Medellín, una ciudad desconocida y agreste para ella y su familia.

“Nos volvimos desplazados, tuvimos que empacar todo y salir de donde había nacido”, cuenta la mujer.

En la capital de Antioquia, considerada en los años 90 una de las ciudades más violentas del mundo, el suplicio continuó, pues en el 2013, su hermano desapareció en condiciones todavía desconocidas por las autoridades. Lo que pide ahora es que la búsqueda de desaparecidos en La Escombrera avancen y el proceso comience a realizarse en otros puntos de la ciudad, porque solo así ella y las demás víctimas podrán enterrar a sus seres querido, llorarlos y hacer catarsis.

Por eso, su lucha –desde la organización Mujeres que Crean– ha sido constante y no ha pasado un día en que no piense que la guerra y la violencia deben terminar. La fórmula no la conoce, pero confía en que todos los colombianos pongamos un granito de arena para acabar con este flagelo. Por ahora, el acuerdo la llena de esperanza.

“Creo en la paz, pero necesitamos que nos tengan en cuenta y nos reivindiquen los derechos, porque es muy duro que nos hayan arrebatado lo que más queríamos. Queremos saber la verdad, para vivir en paz y perdonar”, dice la mujer.

Para ella, como para las demás víctimas, este es el comienzo de un nuevo proyecto de país. Por eso, su celebración continuará con alegría y optimismo, pero también con trabajo y con la convicción de que la única manera de llegar a la paz es por medio del diálogo.

MEDELLÍN

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