Como el chicle, se pega el cliché

Como el chicle, se pega el cliché

Ahora, se ha propagado aquello de 'te extraño', 'me haces falta', como dos comodines del afecto.

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23 de junio 2016 , 08:09 p. m.

Esas expresiones repetidas en la conversación habitual o en la escritura de variados documentos se llaman clichés; algunas veces, son solo palabras; en otras, frases completas. Entre parientes, amigos o colegas, hay quienes se identifican por sus particulares muletillas (otra manera de llamar el cliché); son personas que han adoptado sus palabritas, a veces desconociendo su significado, por motivos variados y ocultos: la sonoridad (patético, tenaz, pilas…), la brevedad (“porfis”, “celu”, vale), la pereza (ajá, ya, “pere”, voy).

Estas muletillas llegan a arraigarse de tal manera, que resulta más fácil barrer la arena del Sahara con un cepillo de dientes que desterrarlas. Se da por sentado que estos usos tienden a manifestar, más que la espontaneidad, una aplicación impulsiva y contagiada del lenguaje, derivada de una imitación que procede del acto reflejo. Estos toman fuerza cuando llegan giros idiomáticos novedosos, extraños, que parecen contener un ingrediente de distinción social o un indicio de perfección profesional, sin que de manera precisa sea una cosa ni otra.

Es sencillo identificar a las personas que parecen hablar de los mismos asuntos, en la mañana, en el almuerzo, los fines de semana, en la casa y, tristemente, en los días de vacaciones. En el fondo (es un presentimiento), es posible que muy dentro perciban las imágenes del mundo de forma variada y original; pero, como machacan una y otra vez las mismas palabras y frases, causan la impresión en los demás de estar relatando pequeñas historias circulares. Si fueran solo unas palabras o sílabas, el asunto poca inquietud generaría; pero cuando son discursos completos, prefabricados y apoyados en los mismos soportes esnobistas de los términos, ya se presiente un moldeamiento mental. Por enésima vez: el lenguaje es el reflejo del pensamiento, y el pensamiento conduce los actos.

Esos disparos sonoros (al hablar) o esos trazos nerviosos (al escribir), por ser instintivos, impiden que se considere la carga significativa, y con ella se escapan con frecuencia afirmaciones o negaciones con las cuales ni siquiera el mismo usuario está de acuerdo. Tales articulaciones surgen únicamente como resultado del amaestramiento social y, más que nada, mediático. En la mayoría de estas situaciones, se usan calificaciones genéricas, contundentes y hasta excluyentes. Veamos algunas.

Ahora parece que en la sección final de los noticieros se usan plantillas para redactar los informes. Hay un cliché que perdió su fuerza porque se trilló: 'para nadie es un secreto', dice la dama de turno, pensando que nadie más y jamás ha usado su 'para nadie es un secreto', y empecemos por aclarar que eso es falso, porque para muchas personas hay infinidad de hechos que sí son secretos, o al menos desconocidos.

Otros más hablan de 'pues nada', y otra vez 'pues nada', repitiendo 'pues nada'. Y creo que allí sí cabe la expresión, porque, de verdad, no dicen nada. Y ellos tienen unos auténticos competidores, que son los usuarios del 'igual': 'Ayer me quedé en casa, pero pues igual salí a almorzar', 'yo hablé contigo, pero igual no me contestaste'; todos ellos son los seguidores de la lógica ilógica, y creen que abajo es arriba, y adentro es afuera, y el día es la noche: Es decir: una cosa sí puede ser la misma cosa y su contrario (y parece que con el mismo sentido y en el mismo momento).

Por eso, 'a la hora de' (otro cliché) expresarnos con propiedad y cuando 'de usar bien el lenguaje se trata' (cliché, también futbolístico), aparecen muchas barreras, construidas por nosotros mismos. No solo están en juego nuestras ideas, sino nuestros actos (cliché sintáctico); es más fácil y preciso 'están en juego nuestras ideas y actos'.

La nostalgia, sin embargo, se despliega más, porque los clichés han invadido inclusive los espacios privados del sentimiento. Ahora, entre novios o esposos, se ha propagado aquello de 'te extraño', 'me haces falta', como dos comodines del afecto, que parecen indicar que todos quieren por igual; es el amor cuadriculado, con márgenes y medidas. Falta originalidad: 'Está ciudad, atiborrada de gente, de carros, de ruido, de infinidad de gestos y expresiones, con amigos y colegas queridos junto a mí, con un almuerzo exquisito y una música bella, pero me sentía muy solo: ¡tú no estabas conmigo!'.

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRRAMA V.
Profesor Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana

 

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