Un debate llamado '¡eh, eh, epa Colombia!'

Un debate llamado '¡eh, eh, epa Colombia!'

¿Debimos entrar al juego?, ¿pecamos al escribir sobre Daneidy Barrera?, ¿esta nota debió publicarse?

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23 de junio 2016 , 04:12 p. m.

El presidente Juan Manuel Santos publicó el miércoles en su cuenta en Twitter a modo de apoyo a la Selección el ‘Eh, eh, epa Colombia’, el video que, dicen muchos, es el fenómeno viral del año. Y claro, el trino suma más de 3.000 likes.

El cántico que llevó a su protagonista a las portadas y pantallas de otros medios de comunicación -con mucha anterioridad a este informe- no había tardado en estar impreso en toda clase de prendas de vestir, como sucedió con capítulos de la historia colombiana como ‘Betty, la fea’ o ‘Pedro, el escamoso’.

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Pero fue solo en ese momento, cuando el hombre más poderoso de Colombia se sumó a este fenómeno viral, lo cual coincidía con la expectativa de ver en Cuba la noticia más importante de este siglo para el país; cuando se hizo visible que la canción ya hace parte del sentir popular; cuando salió de las redes sociales y se coló en las conversaciones de almuerzo, que se hizo necesario reflexionar sobre Daneidy Barrera y sus videos del ‘Eh, eh, epa Colombia’.

Antes no. Antes solo se trataba de un contenido, como otros tantos millones que se producen al día en Instagram, en el que esta joven de 19 años y acento peculiar, en una habitación, grababa un diario de sus aventuras y desventuras y apoyaba a la Selección Colombia al son de un “eh, eh, epa Colombia” inevitablemente pegajoso.

 

#colombia 😍😍

Un vídeo publicado por Châmitha Cheer (@chamitha.cheer) el 2 de Jun de 2016 a la(s) 6:52 PDT

Hoy hay más de 123.000 resultados en Google si usted escribe el nombre de la canción. En YouTube hay más de 10.100 videos sobre el tema, de todo tipo, de todos los tonos. Y ella, Daneidy, ya mojó prensa, televisión y radio. Ya es una suerte de celebridad viral. Es famosa, así sea por 15 minutos.

Su fenómeno no es tan difícil de explicar en una sociedad/país/mundo que se acostumbró a producir y consumir cada tanto a personajes cultivados en las redes sociales.

O si no recuerde el caso del ‘Fuicioso’, un antihéroe paisa viral por protagonizar videos bajo aparentes efectos de drogas. O a doña Gloria, la mujer que por su temor a las alturas y subida en el Metrocable de Medellín agotó el diccionario de vulgaridades. O al ‘Querubín rebelde’, un ‘youtuber’ que a punta de “presencia y plata, hijueputa” suma más de 20 millones de reproducciones.

Lo difícil de explicar es por qué esas historias, repletas de elementos banales para algunos y divertidos para otros, sí son consumidas y otras que presentan casos de superación o son dignas de ser conocidas si acaso llegan a ser una tendencia pasajera en Twitter y ni se asoman en la agenda diaria de los debates nacionales, en lo que usted habla con sus amigos en una noche de cervezas.

Y entonces, en el caso del ‘Eh, eh, epa Colombia’, ¿dejar de publicar o entrar al juego? ¿Hacer importante a Daneidy por chistosa? ¿Darle más juego a ella que a personas que claman por visibilizar sus dramas y logros?

¿Cómo explicarle, por ejemplo, a Sol Ángel Fonseca, la adolescente bogotana que vende manillas para recaudar el dinero suficiente y disfrutar una beca que se ganó en Estados Unidos, que su historia no fue tan conocida por la mayoría de los colombianos?

Es posible que hoy en Colombia los jóvenes sí sepan quién es Daneidy, pero no conozcan a Juan Manuel Collazos, el médico con parálisis cerebral que desafía a la academia; o a Consuelo Cruz, la afro que lleva una destacada carrera política en España; o a Blanca Enríquez, la abogada que defiende a los colombianos presos en China; o a Mónica Trujillo, la colombiana que salvó a enfermos de ébola en Sierra Leona.

Ya quisieran tener la atención del ‘epa Colombia’ bandas como Frente Cumbiero, Pedrina y Río, Meridian Brothers, FatSo, Cimarrón y Ondatrópica, por mencionar apenas algunas, que han abierto caminos en el mundo al salir de gira y conquistar, sin promoción de casas discográficas, algunos de los circuitos artísticos más preciados, valiéndose solo de la atención que han generado entre los críticos musicales. Y así con decenas de colombianos destacados en el cine, en el arte, en la vida…

¿Cómo interpretar que esta nota pueda llegar a ser la más leída de la semana en ELTIEMPO.COM por encima de los históricos anuncios de paz en La Habana?

Ómar Rincón, columnista de EL TIEMPO y catedrático de comunicación y periodismo, trata de explicar el fenómeno del ‘epa Colombia’ diciendo que suele suceder que en las redes sociales, a menor nivel de profundidad, mayor nivel de masividad. “En internet cuanto más ignorante seas, más popular eres, básicamente porque no se necesita nada para estar ahí, en el común”, argumenta.

Y hace varias reflexiones para los medios, el tipo de contenidos que producimos y las propias audiencias en el camino a responder las preguntas planteadas aquí.

A los medios, en primer lugar, el llamado de atención que les hace Rincón es sobre el rol que tuvieron en darle vida al fenómeno exhibiéndolo en su agenda. “Los medios masivos de alguna forma tienen que llamar la atención y tratar de darle un nivel de importancia a ciertas cosas, luego nos preguntamos por qué este país no tiene temas comunes a profundidad”, opinó.

En ese sentido, Ómar Rincón sostiene que hay un problema también en esos medios tradicionales al momento de su producción informativa, pues, dice, se enfocan en los contenidos y no en las formas de narrar. “La conexión entre medios y público se da por la estética, la narrativa y los formatos, y no por los contenidos; yo entro a ver algo porque el formato me gusta”, apunta y afirma que, efectivamente, el formato del ‘epa Colombia’ genera atracción.

Pero en el coctel de la viralidad también Rincón hace una reflexión sobre las audiencias, es decir, sobre usted, sobre mí. Cuestiona que en el país haya poca cultura informativa y de opinión pública y sí mucha emoción popular.

Ahora, ¿cuál es su propio análisis?, ¿pecamos los medios en publicar sobre el ‘epa Colombia’?, ¿acertamos?, ¿el tema viene desde las redes?, ¿esta nota debió acaso escribirse? Escriba sus opiniones en la casilla de comentarios. Si quiere.

RONNY SUÁREZ
Subeditor ELTIEMPO.COM

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