Casi 30 músicos de la cárcel participaron en la creación de un disco

Casi 30 músicos de la cárcel participaron en la creación de un disco

En La Modelo hay 100 internos que se dedican a la música. De ellos, 60 lo hacen para rebajar pena.

notitle
21 de junio 2016 , 10:28 p.m.

“El arte es la mejor manera para llegarles al corazón a las personas. Cantando yo podía arreglarle el día a alguien que estuviera triste”. Para Ismael Romero, la música fue la mejor manera de sobrevivir a la cárcel La Modelo, de la que salió hace seis meses y a la que le gusta volver porque ahí, dice, están sus verdaderos amigos: los demás músicos de la cárcel.

Allá hay casi cien internos que se dedican a la música, y de esos 60 lo hacen por el descuento en la pena. Algunos hacían música desde antes, como Sebastián Sarmiento, el acordeonista que se ha dedicado a darles clases a otros internos y a guardias; y otros descubrieron adentro que tenían el talento y las ganas, como Carlos Alberto Villegas, MC. Villegas, al que la música le ayudó a mantener la moral durante una condena de la que él reclamaba inocencia. Todos coinciden en algo: la pasión con la que ensayan todos los días, menos los fines de semana, de 9 a. m. a 3 p. m. y por la que, a veces, hasta se pierden el almuerzo.

John Sánchez es el dragoneante del Inpec encargado de manejar los programas del Área de Creación Artística de Capilla, el espacio en el que los internos pueden cambiar arte por rebajas de condena. A los músicos, por ejemplo, les quitan 4 meses por cada año ensayado. Él dice que “este programa ha sido muy bueno porque muchos internos antes de tocar las armas tocaban algún instrumento. Al estar aquí retomaron esto que habían dejado por mucho tiempo. Cambian fusiles por guitarras”. Para él, uno de los grandes triunfos del programa es que han sacado personas rehabilitadas, resocializadas y con un nuevo talento a la calle.

Han tenido que trabajar duro para lograrlo: construir su propio estudio de grabación, hacer sus videos ellos solos, conseguir los instrumentos donados y enseñarse entre ellos mismos. Pero lo más difícil, según Héctor Rivera, percusionista del grupo vallenato, es que hay poca estabilidad: los traslados y liberaciones son más comunes de lo que quisiera un grupo musical que se intenta consolidar. Por eso, grupos como el de salsa ya dejaron de existir y otros como el de vallenato han tenido que entrenar a nuevos vocalistas. En este caso, el cantante despedido fue Farid, de 23 años, que cantaba “con un vozarrón que espantaba los demonios de la cárcel”.

A ese esfuerzo se sumó Mario Grande, un colectivo audiovisual que se unió hace tres años para trabajar con los músicos de La Modelo. Desde que empezaron a trabajar en su proyecto, un documental, entendieron que compartir la música de esas personas era tal vez la mejor manera de compartir lo que ellos sentían al presenciarla. Soñaron con hacer un disco que perteneciera totalmente allá, cuya composición, grabación y edición fueran hechas solamente en la cárcel.

El viernes pasado lanzaron ese sueño: Modelo Estéreo volumen 1. Para ellos, “en las canciones, los instrumentos son como herramientas para cavar los muros y emprender la huida. Las voces son susurros, son plegarias, reclamos airados, monólogos; son exhalaciones desde la gran herida abierta que es la cárcel”. En el evento de presentación los invitados estaban los internos y sus familias, que disfrutaron la mañana al ritmo de las canciones de música popular, vallenato y rap, y de la risa que producían los actos del grupo de teatro entre banda y banda.

En el patio de educativas y en el EP, el que oye puede, de alguna manera, entender ese universo que es la cárcel, en el que el tiempo corre tan distinto que el almuerzo es a las 10 de la mañana. MC. Villegas, por ejemplo, le canta a la libertad: “Miro al cielo y pido la oportunidad / mi anhelada libertad, mis hijos recuperar / a mi padre y madre poder abrazar / será tan grande al alegría cuando llegue ese momento”.

Neil Rodríguez, de Libertad Vallenata, le canta a sus recuerdos y a un amor: “Esta cárcel lejos de mi pueblo / olvidado de tantos amigos / sufriendo la ausencia de mis hijos / solamente vivo del recuerdo / cuanto diera por tener la dicha / y volver a regresar el tiempo / y sentir de mi pueblo la brisa siendo el dueño de tus sentimientos.

Y ‘Bandido’ le canta a la vida de un delincuente: “desde siempre he vivido en la cárcel / yo no tiemblo de una remisión / no me importa vivir donde sea / a la ley nunca le como yo”.

A algunos los acompaña su familia. Las esposas, sobre todo, son las que más disfrutan con la faceta artística de sus maridos en la cárcel. “No necesitas contratar quién te cante, mi amor, aquí estoy yo para cantarte”, es lo que le dice Juvenal Olis Pulido, vocalista de ‘Los Bandidos’, a su esposa Ana Rosa. Y a ella eso es lo que más le gusta del día de visitas: que tiene una serenata personal. Eso, y ayudar a su esposo a trabajar en su música.

“Juvenal canta muy bonito, pero no sabe escribir. Yo soy la que le escribo las canciones: en las visitas, él me las canta y yo las paso a papel”, cuenta Ana con una sonrisa nostálgica, mientras trata de borrarse los sellos que indican que pasó por los cinco filtros de seguridad antes de entrar al evento, y que no quiere que nadie vea porque nadie sabe que su esposo está en la cárcel.

Nubia Angarita y su hijo Jorge, que fueron a ver a Sebastián Sarmiento, no tienen que hablar mucho para que se sepa lo orgullosos que están del acordeonista. A pesar de todo.

Ese es el objetivo de este programa. Para César Augusto Ceballos, directos de La Modelo, la idea de apoyar estos proyectos es “transformar la estructura y los corazones. Ser mejores, ser diferentes, hacer de esta una institución donde se respetan los derechos humanos”. Para los artistas, como Ismael, es “buscar la felicidad y olvidarse de los vicios”. Y para Mario Grande, es “dejar en este lugar una herramienta para que quienes pasen por la capilla puedan empoderarse de este espacio de distensión, humanidad y productividad”, tratar de transmitir los sentimientos que les generaba escuchar las canciones y las historias de los músicos. Como escriben ellos en la presentación del EP, “aproximarnos a describir este espacio que se nos escapa de la cabeza”.

Ahora, al grupo le queda planear la venta de su disco y terminar de editar el documental con el que empezó todo esto. Mientras tanto, los músicos y el dragoneante Sánchez siguen ensayando duro, trabajando en el próximo evento, en la próxima película. Y las familias de los artistas, esperando cada semana el día de las visitas para recibir su próxima serenata.

BOGOTÁ

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.