El impacto mundial de los impuestos a bebidas azucaradas

El impacto mundial de los impuestos a bebidas azucaradas

Varios países adoptaron cobros a alimentos, pero los resultados en materia de salud no son certeros.

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21 de junio 2016 , 07:57 p. m.

Con el fin de cuidar la salud, diferentes países han adoptado impuestos a bebidas azucaradas, como el que se viene ventilando en Colombia, o a otros productos, pero los resultados que ya se han medido no muestran efectos claros.

Entre los países con tributos a gaseosas están Francia y México; también ha habido impuestos a la grasa, como en Dinamarca, ya abolido, o a confitería, como en Finlandia. (Además: Cinco compromisos para que los jóvenes tengan una vida más saludable)

Ya las comisiones séptimas del Congreso realizaron una audiencia para mirar la propuesta del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, quien argumentó razones de ‘peso’ para uno de los posibles nuevos impuestos en camino, y el martes los departamentos abordaron el tema, pues el cobro a las gaseosas sería otra fuente de dinero como lo son hoy los impuestos a las bebidas alcohólicas.

Santiago López, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Andi (Asociación Nacional de Empresarios de Colombia), señala que si bien ese tipo de impuestos se han presentado como una respuesta para combatir enfermedades relacionadas con la obesidad, la conclusión, en los países donde se ha experimentado, es que “no existe cifra alguna que acredite disminución en los indicadores de sobrepeso”.

Así, por ejemplo, Dinamarca estableció en el 2011 un gravamen de dos euros por cada kilo de alimentos con más de 2,3 por ciento de grasa saturada, y fue abolido tras 18 meses. La reversa se dio porque se incrementó el contrabando, se afectaron la industria, el pequeño comercio y, por consiguiente, los empleos. Adicionalmente, no hubo cambio en el patrón de consumo de esos alimentos, dice López.

En Francia se introdujo en el 2012 una prohibición de las salsas de tomate en comedores y cafeterías oficiales.

También se adoptó una imposición a las bebidas no alcohólicas con azúcar. “A la fecha, la consecuencia de la medida es el aumento en los índices de consumo por habitante de bebidas alcohólicas, puntualmente de vino. No hay indicador alguno que permita conocer el resultado en salud de la prohibición de la salsa”, agrega el directivo de la Andi.

La evaluación se extrapoló a la Comisión Europea, que buscó analizar la conveniencia o no de establecer impuestos a alimentos y bebidas con contenidos de sal, azúcar y grasa. “El reporte presentado a las autoridades de la Unión Europea fue enfático en anotar que no había conclusiones robustas sobre el impacto de impuestos a alimentos y/o bebidas en términos de salud pública y se centró en detallar cómo se afectaría la economía y el comercio en la Unión Europea”.

El caso de México podría ser el más cercano a Colombia, con la salvedad de que el nivel de consumo de las bebidas azucaradas es el doble que el de nuestro país (25 % contra 11 %).

El impuesto se adoptó en el 2014, pero hay varios estudios académicos que, según recuerda López, señalan un efecto prácticamente nulo en la reducción de calorías consumidas (6,9 kilocalorías diarias por persona. Los mexicanos consumen 3.072 diarias y la Organización Mundial de la Salud recomienda 2.000). “El efecto fue en lo social y económico: pérdida de 10.800 puestos de trabajo, cierre de 30.000 tiendas y las familias de menores ingresos son las más afectadas en su bolsillo, pues aportan el 62% del recaudo del impuesto”, indica el directivo de la Andi.

López agrega casos de Alemania y Cataluña que, según él, “están entre los 42 países o entidades regionales que se han alejado de estas medidas en los dos últimos años”.

Efecto será visible si la tarifa es alta, dicen promotores del cobro

La idea del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, para plantear el impuesto es atacar un problema de salud pública que afecta a uno de cada seis niños: el sobrepeso. De paso, la medida aportaría 1,8 billones de pesos al sector salud.

Con base en información de la Fundación Mundial del Cáncer, la Alianza para la Salud Alimentaria y la ONG Djusticia, destacan que hay un incremento de países que están poniendo impuestos a bebidas, aunque no presentan evaluaciones sobre su efecto (ver ‘Cobros en varios países’). (Lea también: ¿Se deben aumentar los impuestos a las bebidas azucaradas?)

Sin embargo, evaluaciones de la experiencia en México muestran que en ese país el impuesto llevó a una reducción mínima de calorías, como lo menciona el presidente de Coca-Cola Femsa, John Santa María.

Con una reforma tributaria a la vista, que cambiará los impuestos del país, la Comisión de Expertos encargada por el Gobierno para hacer la primera propuesta sobre esa ley recogió puntos de vista sobre las gaseosas, y al final, sugirió hacer un estudio más a fondo de los resultados en otros países. No obstante, la comisión advirtió que “la implementación de este tributo es muy reciente y no cuenta con el tiempo suficiente que permita evaluar su impacto sobre la salud de la población”.

Los expertos dejaron en el aire la posibilidad de adoptar una política pública que “corrija las externalidades que el consumo no controlado de estas bebidas tiene sobre la propagación de enfermedades”.

Frente a los argumentos sobre salud, Santa María señala que en Colombia imponer el tributo a las bebidas azucaradas no tocaría el 90 por ciento del consumo de azúcar en el país.

Para Diana Guarnizo, investigadora de Djusticia, el efecto será más visible si la tarifa del impuesto es mayor. En ese sentido, el representante a la Cámara Óscar Ospina habla de 20 por ciento, extensivo a bebidas azucaradas y comidas rápidas, puesto que “el 80 por ciento de la carga de enfermedad en Colombia se relaciona con problemas crónicos no transmisibles. El sistema de salud se gasta 1,2 billones de pesos al año en enfermedades que se pueden prevenir con hábitos saludables, mientras que el recaudo de un impuesto que disminuya el consumo de productos que afectan la salud ayudaría a conseguir recursos para la salud de los niños con cáncer, por ejemplo”.

Para Guarnizo, si bien “cada uno decide sobre la comida que come, las bebidas que toma y los hábitos de vida que lleva, el Estado puede y debe hacer más para adoptar medidas que contribuyan a un comercio de alimentos más sano”.

Cobros en varios países

Barbados: En junio de 2015 aprobó un impuesto especial del 10 por ciento para bebidas azucaradas importadas. El efecto de la medida se revisará en el 2017 y, por el momento, los recursos procedentes del recaudo van al sector salud.

Bélgica: Se aprobó en diciembre del 2015 un impuesto especial a los refrescos azucarados, que es de 0,068 euros por litro. La medida entró en vigor en enero de este año y grava incluso las bebidas con edulcorantes y con saborizantes.

Chile: Desde enero del 2015 tiene un impuesto del 18 por ciento ‘ad valorem’, aplicado a las bebidas con contenido de azúcar superior a 6,25 gramos por 100 mililitros. Se trata de una modificación a la norma, pues desde octubre del 2014 los chilenos tenían un impuesto del 13 por ciento ‘ad valorem’ sobre las bebidas azucaradas, incluyendo también las que tienen edulcorantes y bebidas energizantes.

Finlandia: Impuso un gravamen a los productos de confitería, que permaneció la mayor parte del siglo XX, y fue retirado en el 2000, para luego volver, en el 2011, a gravar la confitería, el chocolate, los helados y las bebidas no alcohólicas azucaradas. Se creó una exención para pequeños productores. El país anunció que el año entrante eliminará el impuesto de dulces y helados.

Francia: El impuesto a los refrescos fue adoptado en enero del 2012 y aplicado a lo que tenga azúcar añadida, edulcorantes artificiales, aguas saborizadas y bebidas ‘light’. El tributo es de alrededor 11 céntimos de euro por 1,5 litros de refresco y se usa para aumentar los ingresos del presupuesto general. Además, para discriminar, también aplican el impuesto a productos con alto contenido de sal y condimentos.

EE. UU.: Desde noviembre del 2014, Berkeley (California) adoptó un impuesto de 0,01 dólar por onza de bebida azucarada, incluyendo té, mientras que fórmulas de leche infantil, productos lácteos y jugos naturales están exentos.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Redacción ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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