Presidente, pague alquiler

Presidente, pague alquiler

No hagáis fiestas elegantísimas en tiempos de crisis, aconsejaba el intrépido Pablo Iglesias.

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21 de junio 2016 , 04:49 p. m.

Muy criticonas las mujeres periodistas con el presidente Santos por el fiestón a los novios e invitados. Ayer, en un almuerzo- cumpleaños, no pararon de criticarlo por utilizar la casona presidencial de Hatogrande. Los correos protestan: “Que pague un alquiler por haberla usado”. Y miles de trinos dicen esta bellezura: “Los hijos del expresidente Uribe, Jerónimo y Tomás, se casaron con el papá mandando y no utilizaron las casas del Gobierno para la fiesta”.

No hagáis fiestas elegantísimas en tiempos de crisis, aconsejaba el intrépido Pablo Iglesias, el que está derrotando a Felipe González en España. Desde mi lúcido antigobiernismo, le aconsejo al presidente Santos que pague alquiler por la hacienda, y para el novelón. Lean despacio: era presidente César Gaviria y, en un acto antipático de poder, ordenó que un avión de la Fac fuera a Valledupar por unos músicos y los regresara a la madrugada. Gran parranda con Alejo Durán, ‘Poncho’ Cotes y ‘Poncho’ Zuleta. Hubo fotos y tararearon 'Alicia Adorada', 'La gota fría', 'Jaime Molina' y 'La molinera'. “Gran fiesta, presidente, tan buena como su presidencia”, cuentan, gritaba una distinguida dama ibaguereña.

El escándalo estalló y Gaviria, sin vanidades, dijo por TV: “Lamento el error, pagaré el alquiler del avión y la gasolina a precio comercial”. Pagó, hace 24 años, tres millones ochocientos sesenta mil cuarenta pesos. Salió del novelón, lo aplaudió el teleperiodismo gavirista. Es tonto repetirlo los bienes del Estado son delicados.

Presidente Santos, haga lo mismo que hizo César Gaviria: págueles un alquiler por los salones de Hatogrande (a una fundación o ancianato), y apaga ese novelón. Pilas: el procurador general, Alejandro Ordóñez, casó a su hija, con gran fiestón, en un club bogotano. Con su chequera pagó el alquiler de los salones. Punto.

Buenas, buenas: elemental que en fútbol le ganemos este miércoles a Chile, la tierra de mi poeta Neruda y de mi último jefe político: Salvador Allende, un médico socialista, bonachón, demagogo, buena gente, acribillado por el grosero pinochetismo. Me queda una pregunta de peluquería señorera: ¿quieren casarse en la hacienda presidencial de Hatogrande? Pidan cupo, es gratis; y ¡que vivan los novios y la suegra mía!


Poncho Rentería

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