Coreografía que rinde homenaje a víctimas se presentará en EE. UU.

Coreografía que rinde homenaje a víctimas se presentará en EE. UU.

'El colegio del cuerpo' tendrá otra residencia artística en la escuela The Watermill Center.

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20 de junio 2016 , 09:12 p.m.

'Inxilio: el sendero de lágrimas', el monumental ritual que hace seis años creó el coreógrafo y bailarín cartagenero Álvaro Restrepo con El Colegio del Cuerpo, en homenaje a las víctimas del conflicto armado en Colombia, será protagonizado ahora por indígenas de la etnia norteamericana shinnecock, en una reserva de Long Island, a las afueras de Nueva York.

La adaptación de la obra será uno de los objetivos de la residencia artística a la que, por segunda ocasión, fue invitada la Compañía del Cuerpo de Indias.

El grupo de bailarines profesionales y maestros de la institución estará durante tres semanas en el mítico laboratorio de creación artística y performance The Watermill Center, a dos horas de Nueva York, uno de los centros de arte contemporáneo más importantes del mundo, creado por el director teatral y artista plástico Bob Wilson.

“Hoy esta comunidad indígena habita, en situación de marginalidad, una reserva de 600 acres –explica Restrepo–. Vamos a hacer una adaptación del ritual que creamos en el 2010 para conmemorar el Bicentenario, en el cual participaron 450 víctimas del conflicto armado. 'Inxilio' fue presentado en Bogotá (2010), Medellín (2013) y Cartagena (2013), cada vez con 300 personas en escena. Es una ceremonia masiva de reparación simbólica en la que participan víctimas reales: ahora la vamos a realizar con los indígenas shinnecock”.

El director de esta escuela de danza contemporánea exhibe los resultados de 19 años de trabajo detectando en los barrios populares de Cartagena el talento de niños y jóvenes para las artes escénicas. Con él han llevado el nombre de Colombia a algunos de los festivales más importantes del mundo.

“En Long Island, Bob Wilson compró la antigua fábrica derruida donde operaba la Western Union, y allí construyó el Centro Watermill, un laboratorio para performance que acoge a artistas del mundo entero: un centro de residencias, investigación e intercambio de conocimiento, donde además tiene su extraordinaria colección de arte de todas las épocas”, dice Restrepo, quien recuerda que hace dos años El Colegio del Cuerpo ya había estado allí como invitado.

Fragmentos de la obra ‘Negra! Anger!’ se presentaron en Cartagena en la Cumbre Mundial de Medios.

Watermill es, además, gestionado por el colombiano Nixon Beltrán, quien se ha convertido en puente fundamental entre artistas latinoamericanos y este centro de investigación.

Wilson, que ha estado en Colombia invitado por el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, es un creador prodigioso, como recuerda Restrepo: “arquitecto, escenógrafo, coreógrafo, actor, director de teatro, pintor, diseñador: un volcán de creatividad... impresionante”.

Pero además del montaje con la comunidad shinnecock, el grupo colombiano visitará escuelas y centros para personas discapacitadas o adultos mayores, a quienes transmitirá uno de los pilares filosóficos de El Colegio del Cuerpo: el compromiso social.

La residencia internacional es apenas uno de los proyectos en los que hoy trabajan el trotamundos de Restrepo y su compañía, pues además preparan el estreno mundial, para finales de julio en Cartagena, de su última obra: Negra! Anger!, un homenaje a la ‘sacerdotisa del blues’ Nina Simone y al poeta de Martinica Aimé Césaire. La obra no es otra cosa que un grito de libertad, de reivindicación de la raza negra y una celebración de la diversidad.

Un grito: ‘¡Negra! ¡Anger!’

De un ‘accidente digital’ nació el nombre de la más reciente pieza de la compañía, ¡Negra! ¡Anger!, una obra visceral, un alarido de rebeldía en el que la palabra ‘negra’ deja ser tormento para convertirse en identidad.

“Mientras escribía la palabra ‘Negra’, el corrector en inglés del iPad automáticamente hizo el cambio a ‘Anger’, rabia en inglés. Las cinco letras de la palabra negra son las mismas cinco letras de la palabra anger: una coincidencia que define muy bien lo que fue Nina Simone, quien tuvo que padecer toda su vida el rechazo por su condición de afroamericana”, recordó Restrepo hace unos días ante unos 700 periodistas de todo el mundo que colmaron el auditorio del Centro de Convenciones de Cartagena, para la Cumbre Mundial de Medios. Todos vibraron con una primera versión de la obra que estará finalizada en un mes.

El director de esta escuela de danza contemporánea exhibe los resultados de 19 años de trabajo detectando en los barrios populares de Cartagena

En escena, 32 jóvenes danzaron libres al ritmo de la canción Sinnerman de Nina Simone, una descarga de energía y libertad que fue ovacionada por los periodistas invitados.

“Este último montaje es una coproducción con el Ministerio de Cultura y es una meditación sobre la discriminación racial, un tema que en Cartagena tiene vigencia y pertinencia. La obra nació de un trabajo que nos solicitó el Observatorio Distrital Antidiscriminación Racial (Odar) de la ciudad: creamos esta acción de danza que poco a poco se ha ido convirtiendo en una gran obra”, le dijo Restrepo a EL TIEMPO en el refugio ‘mágico’ donde hoy ensaya la compañía, cerca de Cartagena.

Se trata de un ‘templo sin religión’ construido en guadua por el arquitecto Simón Vélez, en zona rural de Canalete, un lugar hasta donde llega la brisa fresca del Caribe, que se cuela por todas partes, empujando a chorros la luz natural.

Una construcción inmensa –como un Arca de Noé varada en medio del campo–, adonde siguen llegando pequeños, acompañados de sus padres, con la ilusión de entrar a la compañía.

Ellos sueñan que sus hijos sean parte de El Colegio, el proyecto artístico y social que hoy es orgullo del país, como demuestran decenas de reconocimientos nacionales e internacionales.

“Nina Simone quiso interpretar a Bach, a Chopin y a los grandes de la música clásica, pero la segregación racial de su época le cerró las puertas y tuvo que realizar diversos oficios para ganarse la vida, hasta que descubrió el poder de su voz para el blues”, dice Restrepo, quien invita al estreno oficial de la obra en el Teatro Adolfo Mejía de Cartagena, a finales del mes de julio.

Danza para la paz

El Colegio del Cuerpo se prepara para celebrar 20 años de trabajo artístico en 2017, y durante ellos ha identificado a niños y jóvenes talentosos de los barrios populares de la ciudad. Hoy puede decir que provienen de todo el país, como lo demuestra su último montaje, en el que hay bailarines de Antioquia, Cali, Cauca, Bogotá, Risaralda y varias regiones del Caribe. El grupo es un ejemplo de cómo el arte puede convertirse en un agente social de cambio.

Los artistas Marie France Delieuvin (francesa nacionalizada colombiana) y el propio Restrepo fundaron El Colegio del Cuerpo en 1997, con 480 niños escolarizados del Colegio Inem de Cartagena, de donde salió el primer grupo piloto experimental.

“Conocí el proyecto en 1997, porque hacía danza tradicional en el barrio Santa Rita. Pero la danza contemporánea me ha dado un espacio de crecimiento como artista. Ha fortalecido mi conocimiento y me ha ayudado a cruzar las fronteras y a conocer otras culturas”, narra el cartagenero Ricardo Bustamante, quien tiene 35 años y es uno de los primeros bailarines que se vinculó al proyecto. Hoy es el subdirector de la compañía.

'Inxilio: el Sendero de Lágrimas' desde el canal de El Colegio del Cuerpo en YouTube.

Con la certeza del talento cartagenero para la danza, los dos artistas les entregaron todo su conocimiento, tiempo y energía. “Hoy, El Colegio del Cuerpo tiene dos líneas de acción: educar para la danza, pues forma bailarines, coreógrafos y pedagogos profesionales que vivan de su profesión; y la otra es educar con la danza, este lenguaje se convierte en un camino para el desarrollo de la creatividad, la sensibilidad, las relaciones interpersonales y contribuye a la formación de ciudadanos de paz”, dice May Posse, subdirectora académica.

El Colegio tuvo su primera sede en el Claustro San Francisco, en el barrio de Getsemaní. Allí funcionó desde 1997 hasta el 2002, cuando fue alquilado a una universidad privada y tuvieron que salir.

Luego funcionó en una vieja casona de La Calle Larga hasta el 2012. Pero la casa se quedó pequeña y el arriendo de 7 millones de pesos mensuales terminó siendo muy costoso. Este fue uno de los periodos más frágiles del proyecto, desde el punto de vista económico. En el año 2012 se firmó un convenio con la Universidad Jorge Tadeo Lozano (en la zona norte de Cartagena), donde hoy tienen su sede principal.

Sebastián Vallejo, de 19 años, y oriundo de Apartadó (Antioquia), resume así sus dos años en El Colegio: “Estar en este lugar es lo más maravilloso que me pudo pasar. Estar en escena es encontrarme, reconocerme cada día. Cada día es una experiencia distinta. Pertenezco a este lugar, al ambiente, al pensamiento, a lo que acá se respira”.

JOHN MONTAÑO
Corresponsal de EL TIEMPO

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