Al DIM le llegó la hora de celebrar

Al DIM le llegó la hora de celebrar

La hinchada roja festejó por toda la ciudad, desde Altavista hasta el parque de El Poblado.

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19 de junio 2016 , 09:27 p.m.

‘El viejo’, como le dicen a Héctor Alonso Arias no recuerda a que edad comenzó a ser hincha del Deportivo Independiente Medellín. Dice que esa pasión la lleva en la sangre, que es genético, porque su padre y abuelo eran fieles de El Poderoso, el más antiguo del país con 103 años de haber sido creado por Alberto Uribe Piedrahíta.

Este domingo, cuando El Medellín logró el título de campeón del fútbol colombiano, a ‘El Viejo’, a pesar de sus 62 años, le sobraron pulmones para gritar. Al son del himno de su equipo celebró saltando y bailando: “Esta si es la hinchada bella. Es el equipo que amamos. Hace 30 años ganamos nuestra primera estrella. Este año celebraremos. Buscaremos la tercera, con un futbol de primera y a todos les ganaremos”.

En medio del festejo, de la pólvora y la fiesta del barrio Altavista (Comuna 16, Belén) recuerda como siendo apenas un niño de 8 años, sin boleta o dinero, lograba entrar al estadio Atanasio Girardot.

“Eso era una aventura. Le decía a cualquier señor que veía que dijera que yo era el hijo y así me dejaban pasar sin problema a ver el partido. Ahora la veo acá, con los vecinos, y vivo la pasión de otra forma. En la casa hemos puesto una bandera gigante, que cubre los tres pisos”, cuenta Héctor.

Como Arias, Luisa Gallego también vivió el partido con entusiasmo y frenesí, pues para ella ese, es el equipo de su alma. El corazón se le acelera con tan solo verlos en la cancha, cantando el himno de Antioquia.

Para ella, que es el suroeste de Antioquia, del municipio de Jardín, el fútbol se ve en familia, con amor y unión: “mis primos, abuelos, papás, todos son hinchas del rojo. Cuando estamos reunidos se siente el fervor por el equipo”, dice Gallego.

Tanto para Gallego como para Arias, el balompié implica alegría, pero también derrotas que deben ser asumidas con humildad. Esta vez el resultado fue la victoria, dos goles a favor del equipo paisa, que venía de perder tres finales consecutivas.

Con esto, las calles se llenaron de rojo, de fiesta. En el parque de El Poblado, donde instalaron una pantalla gigante,  la celebración estalló en saltos y silbidos, también en abrazos y llanto.

“Esta es una alegría muy impensa. Ya nos había tocado perder dos finales, así que el resultado era justo. Desde temprano estuvimos acompañando al equipo y dándole fuerza y positivismos para ese triunfo”, dijo Sebastián Gómez.

MEDELLÍN

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