'Perdí amigos, pero recuperé a mi familia'

'Perdí amigos, pero recuperé a mi familia'

Exhabitante de calle habla sobre su rehabilitación. Hay cerca de 400 personas en ese proceso.

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19 de junio 2016 , 08:09 p. m.

Luego de vivir tres años en el ‘Bronx’, Derek Camilo Ramos, de 20 años, logró volver a los brazos de su familia, aunque recuerda con nostalgia a cuatro de sus parceros que murieron en las calles de la denominada ‘L’.

Él, como otros niños y jóvenes presos de las adicciones, logró una segunda oportunidad desde que hace 24 días el ‘Bronx’ fue intervenido por las autoridades para acabar con esa olla, la más grande del país.

El alcalde Enrique Peñalosa visitó este domingo a los cerca de 400 jóvenes que están en procesos de rehabilitación dentro de un centro especial para habitantes de calle. Atestiguó la transformación de muchachos como Derek, que sobrevivió al bazuco, el frío y los golpes de los ‘sayayines’ (miembros de una de las bandas delincuenciales) o de algunos agentes de la Policía.

Derek podrá tocar guitarra en el Hard Rock Café. Mauricio León / CEET

Hoy se rehabilita en La Rioja, un centro del Idiprón, entidad del Distrito que atiende a los niños y jóvenes habitantes de calle.

“Cuando nos sacaron de ahí, nos dio duro. Todo me atraía al ‘Bronx’, era mi casa. Y aunque no lo crean, vivíamos agradecidos con los ‘Sayas’, porque nos daban comida. Hoy solo me importa salir adelante, perdí amigos, a cuatro parceros; pero recuperé a mi familia y eso es lo único que me tiene motivado”, relató Derek.

Además de volver a ver a su mamá, el amor por la música y la guitarra lo tienen a la espera de un contrato con una banda en el Hard Rock Café. “A los 15 años estaba en un grupo, pero por nos desintegramos. Ahora, otra vez el Hard Rock me buscó para entrar en otra banda: es como la segunda oportunidad que me está dando la vida”, indicó.

Como Derek, hay cerca de 400 habitantes de calle en rehabilitación en Idiprón, cada uno con un miedo distinto, pero con el mismo objetivo: servir a la comunidad y sentirse útiles, como Harvinson Alexánder, apodado ‘Garbanzo’.

“Desde el jueves que llegué acá trabajo con ‘Misión Bogotá’ en movilidad y transporte. Soy de los que orienta a las personas en TransMilenio y es muy ‘chimba’, porque siento que ayudo a la gente”, dijo.

Miedo dentro del ‘Bronx’

Desde hace 16 años, Alexánder vivía en las calles de la ‘L’. Robaba para consumir drogas y trabajó para los ‘Sayayines’. “Lo más duro fue cuando vi un cocodrilo comiéndose a unas personas. Eso me pareció duro. Todo eso era porque faltaban a los mayores (‘sayayines’) o robaban. Me gané un cachazo porque le dije a una niña que estaba bonita y era la mujer de un ‘Saya’. Los golpeaban casi hasta matarlos y luego los tiraban al cocodrilo. Vi esa imagen en 14 o 15 personas”, contó Alexánder.

El único miedo de Alexánder es recaer de nuevo. Mauricio León / CEET

Por la rebeldía de la adolescencia o la difícil situación en sus hogares, algunos dejan sus familias sin saber lo que les espera. “Viví mucho maltrato en mi casa y un día me cansé y me fui a la calle. Primero llegué al ‘Cartucho’ y luego al ‘Bronx’. Comencé a consumir marihuana, bóxer y luego bazuco, que de eso no te saca nadie. Trabajaba en el día en abastos y en las noches robaba. Herí, maté, pero hoy de corazón pido perdón”, relató ‘Garbanzo’.

Algunos aún no están conformes con el fin del ‘Bronx’, pero otros como Derek y Alexánder agradecieron al Alcalde, pues recuperaron a sus seres queridos.

“Después de ocho años, ayer me encontré con mi hermano mayor. Me enteré de que soy tío. Y después de verlo me alegró el corazón”, relató Alexánder entre lágrimas.

De trabajadora sexual a novia de un 'Saya'

Entre los 400 habitantes de calle que están en proceso de rehabilitación, también se encuentran algunas personas del LGBTI que tienen como objetivo salir de las adicciones y superar el 'calbario' vivido dentro del Bronx.

"Todo empezó por querer ir a comprar una papeleta de marihuana y unos cigarrillos; conocer las farras del bronx, donde había sexo, drogas y alchol; y eso se convirtió en un vicio que nos llevó, a mis amigas y a mí, a probar cocaína, y finalmente recaer en el bazuco". Así comienza el relato de Valentina Bartony, una de las tantas chicas transgeneristas que vendían su cuerpo en las calles del 'Bronx'.

Valentina Bartony se gradua de bachillerato en noviembre. Mauricio León / CEET

Valentina es una mujer venezolana que llegó a Bogotá desde el 2003 con un grupo de amigas 'trans'. Era una estilista en su país y a la espera de vivir feliz en Colombia decidió experimentar con las drogas sin pensar que se estancaría en esa adicción .

Después de consumir bazuco y querer vivir en las calles, junto con sus amigas montaron un cambuche en una de las carrileras del centro. Con cabello largo, delgada y entaconada frecuentaba las calles de la 'L' a la espera del mejor postor.

"Me prostituía. Era muy bonita, muy femenina. Me iba a la 'L' a ofrecer mis servicios. En un día podía acostartme hasta con 17 o 20 hombres. De ahí sacaba plata para pagarme un hotel y comprarme ropa", relató Bartony.

Su labor como  trabajadora sexual solo sería una de sus facetas durante su vivencia en el 'Bronx', pues un día conocería a uno de losa 'Sayayines' y pasaría a ser la encargada de vender drogas y de campanear.

"Yo salí con uno de los 'Sayas', fue mi pareja. Él tenía junto con su hermano una sucursal en el centro de Bogotá donde taquillaba, es decir, vendía la droga, era el jíbaro. Un día me pidió un encendedor, nos conocimos y luego él me regalaba hasta 20 o 40 bichas para que yo consumiera. Me convertí en su mujer y no dejaba que me prostituyera,  por eso me ponía a taquillar o a campanear", contó Bartony.

Hoy, dentro de la fundación Oasis, Valentina Bartony junto con 14 personas más del LGBTI espera recuperarse pronto, finalizar el bachillerato en noviembre de este año y empezar a estudiar gastronomía.

"Mi dignidad la perdí por completo, pero eso son solo recuerdos. Hoy estamos aquí y es porque Dios nos está dando una segunda oportunidad para conocer lo que de verdad es una buena vida. Aunque no lo crean, la mayoría de los que estamos aquí tenemos sueños y metas y por eso luchamos por rehabilitarnos", concluyó.

Redacción EL TIEMPO ZONA

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