Heridos de muerte

Heridos de muerte

El regreso de las corridas de toros a Bogotá seguirá en veremos hasta que haya un debate serio.

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17 de junio 2016 , 07:37 p.m.

El parte clínico de la cornada no suena bien: “herida en tercio medio, cara interna del muslo con rotura de venas safena y femoral, y contunde arteria femoral y nervio crural con ausencia de pulso en arteria, de pronóstico muy grave”.

Si esta debe doler fuerte, cómo sería el parte veterinario del toro acusado de semejante acción. Acaso el siguiente: cuernos afeitados hasta la cepa, con nervio sangrante y pérdida severa de orientación; disminución ostensible de peso provocada por transporte de varios días en cajón sin agua y exposición al sol; herida de seis trayectorias en parte alta del lomo ocasionada por arma punzante (pica) de aproximadamente 15 centímetros con hemorragia profunda e infecciosa, pérdida de varios litros de sangre y compromiso general del movimiento en extremidades y cuello. El cuerpo presenta ocho lesiones de arpón (banderillas) de aproximadamente siete centímetros cada una en parte alta y costillas. Además de la merma súbita de sangre y flujos por razón de agonía visible con duración calculada de 25 minutos, la causa más probable del deceso se encuentra en lesiones profundas de arma cortante (estoque o espada), con cuatro trayectorias de aproximadamente 80 centímetros cada una, en parte alta del lomo, el cuello y parte del costillar con compromiso pulmonar y espinal (lo que permite inferir que no fue una muerte rápida por espadazo certero). La cerviz exhibe herida de cuchillo (puntilla) propinada con inequívoca intención de rematarlo. La cabeza muestra cercenamiento de las dos orejas (se colige que la muerte pudo ocurrir con sevicia o en algún festejo ritual).

En investigaciones de este grupo veterinario se encuentran estudios que advierten cómo este animal está criado por la naturaleza y los dioses para este rito desde siglos antes al que transcurre (siglo XXI, de la ciencia, la informática y el de mayor desarrollo de la humanidad); señalan, así mismo, que en otras épocas si la exaltación era mayor, a la muerte del cuadrúpedo (bicho) le eran cercenados una pata y el rabo.

Una Corte (ja, ja) obliga a que la festividad, por ser cultural, vuelva a la capital. El grupo veterinario ha tenido conocimiento de que esos jueces son fervientes de Cantinflas (“como digo una cosa, digo la otra”). Así que el regreso de las corridas de toros a Bogotá seguirá en veremos hasta que haya un debate serio.


Gonzalo Castellanos

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