No más goles con la mano

No más goles con la mano

¿Por qué el deporte no da una lección al mundo, condenando la trampa?

notitle
17 de junio 2016 , 07:32 p. m.

El fútbol es el deporte universal, que practican más de 250 millones de jugadores en el mundo. Y de jugadoras, porque a las mujeres cada vez les gusta más el toque-toque, y se ven hermosas jugándolo. Me encantan las paradas de pecho.

Por estos días estamos en el fervor de la Copa América Centenario, en Estados Unidos. Una copita extra, pensada para hacer plata, apostándoles a los nacionalismos, a la nostalgia de país; y la asistencia va bien.

Lástima que se ha empañado con malos arbitrajes. Ya los bolivianos se habían hecho ‘chi-chi le-le’ de rabia porque a la selección chilena le dieron 8 minutos de reposición y en el minuto 98 le pitaron una mano que, dicen, no existió. Hasta el Presidente boliviano dijo que tienen ‘evo’, que fue un robo.

Luego a Brasil, el tetracampeón, también lo eliminaron con un tetravergonzoso gol con la mano del jugador Raúl Ruidíaz, de Perú, quien tras de tramposo, mentiroso. Dijo: “La pelota me choca en el muslo”. Eso nos pasa a todos los hombres. Y el árbitro, el uruguayo Andrés Cunha, lo validó. Grande Brasil, que se fue con dignidad.

Meter la mano se ha vuelto costumbre desde aquel día en que, en el Mundial de México 86, Maradona, ¡órale, mano!, le metió la mano a Inglaterra. Luego se inventaron que fue la ‘mano de Dios’. Fue una trampa siniestra. Como la de Francia, cuando en el 2009, con pase con la mano, como en baloncesto, eliminó a Irlanda. ¿Y el árbitro? Bien, merci.

Esos momentos manchan la historia y son un pésimo ejemplo para la juventud, que ve que la trampa paga. Porque a lo mejor no hay que culpar tanto al jugador obvio que dice que las pelotas le pegan en el muslo, pues él ya ha visto que la misma Fifa mete la mano negra. Por suerte, la Fiscal General de Estados Unidos ya tiene a casi dos equipos de la dirigencia en la cárcel.

Sería bueno verlos jugando, con sus alias y su uniforme a rayas: “Lleva el balón ‘Crimen organizado’, lo pasa para ‘Fraude electrónico’, este para ‘Conspiración para lavado de dinero’... corta la jugada ‘Cohecho pecho’ y filtra la pelota para ‘Soborno’, este le hace un sombrerito a ‘Peculado’, dispara al banco y ¡gol y gol y gol! contra la afición mundial, contra la honestidad...”. Ganan los bandidos uno a cero. Y como siempre, hay un colombiano en la jugada.
Esa es la desgracia. El mal ejemplo. Porque si el deporte se corrompe, es como cuando los jueces delinquen, o los curas violan, o se ataca la paz. Ahí la juventud va viendo que ser vivo es la norma.

En ciclismo, la trampa mete la mano. A las bicicletas les están poniendo motores invisibles, a los ciclistas les recargan las bielas con transfusiones o sangre fresca y oxigenada en plena carrera. Dicen que la última moda de dopaje es con medicina veterinaria, que inyectan hasta al caballito de acero. Qué vergüenza, qué tristeza que ya no son el músculo, el sacrificio o el entrenamiento los que valen.

En tenis, los corruptos también juegan dobles. La hermosa María Sharapova, de quien me emocionaba su grito lunamielesco, resultó ser más bien ‘Sharaboba’ y dio positivo en dopaje. Otra pena.

¿Por qué el deporte no da un ejemplo al mundo, condenando la trampa? Colombia podría empezar. Por ejemplo, el equipo beneficiado debe rechazar un penalti que no fue, lo que es tan honesto como decir no a un soborno. Un técnico no debe alinear a un jugador piscinero y teatrero. La Comisión Arbitral tiene que hacer lo mismo con los jueces cegatones. Que el ciclista reciba solo bocadillos y panela. Tal vez si limpiamos el deporte, a lo mejor la juventud comience a rechazar a los corruptos. Digamos, a los que les meten la mano a los dineros de los escenarios deportivos, a los de los niños pobres, a los de la salud... O si no, que les corten un dedo. Y gol de los honestos.

D.P. (O sea: después del partido). Gracias, Pékerman; gracias, James; gracias, Ospina; gracias, mi Selección toda. Darle una inmensa alegría a un país que necesita motivos de unidad y de solaz no se paga con nada, es hacer patria, es revivir el orgullo de ser colombianos. Las lágrimas que vi, de felicidad, son las buenas. Le ganamos a Perú desde los doce pasos, sufriendo, pero así la alegría sabe más a gloria.


Luis Noé Ochoa

luioch@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.