Dueños de Lollapalooza / Conexión sonora

Dueños de Lollapalooza / Conexión sonora

Me pregunto de dónde sale el odio exacerbado que ha generado la publicación del cartel artístico.

17 de junio 2016 , 06:21 p. m.

Qué fácil parece ser dueños de lo que no nos pertenece. En la música es muy evidente. Nos creemos propietarios de artistas y sus producciones.

“Otro que se nos va”, dicen cuando muere un famoso. “Nos deben”, “tienen que”, “esperamos que”, como si la admiración o el respeto transmutaran en otro tipo de filiación. Esperamos su mejor disco y si no es de nuestro gusto entramos en estados de frustración, de sentirnos traicionados. Posiciones fatuas e incoherentes.

Me pregunto de dónde sale el odio exacerbado que ha generado la publicación del cartel artístico de la primera edición del festival Lollapalooza Colombia.

Las opiniones tienen tantas aristas como artistas anunciados, pero su mayoría redunda en términos como ofensa, farsa, robo, atraco, en medio de un halo de perversidad absurda. ¿De qué o de quién son dueños quienes critican con tanto veneno?

No sé. Sabido es que hace unas semanas los promotores del evento pusieron su boletería a la venta para aquellos que, a ciegas, creyeran en el mismo.

Un poco ingenuos quienes acceden a tal propuesta. Fuera un concierto con cupo limitado en un teatro de 1.800 personas lo entendería. Pero para un espectáculo a espacio abierto, con capacidad para 35 mil o 40 mil personas, boletería con precios cercanos al medio millón de pesos, y sin saber qué le están vendiendo, no creo que la gente vaya a salir desbocada a asegurar su entrada.

Muchos dicen que es por la marca y la tradición de Lollapalooza. La frase eterna no tiene discusión: en gustos no hay disgustos. Lo que no tiene sentido es utilizar las redes sociales para ofender y despotricar como si quien lo hace fuera inversionista de este evento, o como si hubiera hipotecado el celular para comprar la mencionada boleta.

Hemos olvidado que estamos en una sociedad de mercado. Yo vendo, tú compras. Pero nadie obliga a nadie a comprar. Estos son eventos organizados por la empresa privada que está en su derecho de ofrecer a su criterio un componente artístico.

Si a uno no le gusta el contenido de un festival, simplemente no va. No somos dueños de lo que no es nuestro. El resto es la imbecilidad colectiva que tanto corroe las redes sociales.

DANIEL CASAS
PERIODISTA MUSICAL

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