El papa negro

A medio camino entre Alí y un religioso tradicional está el papa Francisco.

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17 de junio 2016 , 06:20 p. m.

Mohamed Alí fue grande no por buen boxeador, que de esos ha habido muchos; golpes los tira cualquiera. Alí era brillante, crítico, provocador. E increíblemente talentoso, claro, que es la base de todo. Sin talento se puede andar un rato, pero la gasolina se acaba y se termina siendo del montón. Descolló porque, además de aptitud física y disciplina, tenía cerebro. Y era elocuente, que tampoco le habría alcanzado de no ser un gran deportista. Hablar, habla cualquier tarado; ahí están nuestras columnas y tuits para comprobarlo.

El tema con Alí es que te hacía pensar, reír, odiarlo, y te mandaba a la lona, todo con la misma facilidad. Fue negro y musulmán en tiempos difíciles. Se rebeló contra el sistema de muchas maneras, cambiándose el nombre y negándose a ir a Vietnam. Era valiente dentro y fuera del ring, cuestionaba lo establecido y bastaba con oírlo para saber que tenía un corazón gigante. Hay un video de un discurso que dio en Harvard que es sencillamente conmovedor. El manejo de la palabra, del escenario y del público es impecable. Y habla sobre el amor de forma pocas veces vista. Del amor que hay que darle al mundo, digo. Parecía Jesús.

A Cristo lo matamos, y lo haríamos de nuevo si volviera al mundo, porque tipos de pinta extraña y discursos antisistema generan sospecha y no empatía. Y los impulsores de asesinarlo nuevamente serían, no lo dude, los cristianos, empezando por el Procurador, partidario de extirpar lo que se salga del manual.

Ese es el asunto con los cristianos, que no sabe uno a qué atenerse con ellos. Por un lado pregonan amor y misericordia, y por el otro acaban con lo que no les parezca correcto. Son intolerantes y odian lo diferente, pero es porque no se soportan a ellos mismos. Cuando nos sabemos imperfectos y nos duele hasta respirar, atacamos con furia todo lo demás, cuando en realidad nos estamos agrediendo es a nosotros.

Por eso prefiero, no sé, a un tipo como Hitler, porque con alguien así tiene uno claro quién es el enemigo. Fue una bestia, sí, pero luchó contra el mundo por lo que creía correcto. La gente frentera, aunque sea mala, tiene una valía de la que los hipócritas carecen, y las religiones están llenas de personas que hablan de amor y luego celebran, así sea en silencio, el asesinato de 50 homosexuales en una discoteca. Y esa concepción de la vida que tienen: el ser humano no necesita ser salvado, como creen. A ratos necesitamos una mano, pero no caridad; necesitamos más bien herramientas para salir adelante. Las religiones prefieren tener a la gente hundida y darle auxilios para que no viva sino que sobreviva.

A medio camino entre Alí y un religioso tradicional está el papa Francisco. Ha hecho cambios, pero sigue siendo la cabeza del reino más poderoso de la Tierra. Si vive aún es porque no es tan revolucionario. De querer cambiar las cosas de raíz, no lo habrían nombrado, o hubieran hecho lucir su asesinato como un accidente. Es cierto que está removiendo cosas, pero no representa un problema para el sistema. Al revés, con sus frases y gestos de austeridad aumenta el 'rating' y las ventas. Acá lo que necesitamos es un terrorista, un tipo con cojones que se juegue la vida. Un Alí, porque el gran problema de la sociedad es que todos aportamos para su podredumbre, pero ponemos cara de no haber hecho nada malo.

Poco después de su muerte, un veterano de la guerra de Vietnam dijo que era imposible no amar a Alí porque era un tipo honesto que siempre lo dio todo. Así no estemos de acuerdo con ella, a esa gente tan escasa no queda de otra que respetarla. Después de ser un deportista ágil y bocón, se fue extinguiendo hasta quedar sin habla y sin movimiento. Supongo que eso es lo que pasa con la gente que se entrega sin medida.


Adolfo Zableh Durán

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