La antigüedad condena al Asilo San Antonio de Barranquilla

La antigüedad condena al Asilo San Antonio de Barranquilla

Después de 108 años de ser fundado, las instalaciones requieren de una intervención urgente.

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17 de junio 2016 , 09:24 a. m.

Espacios pocos iluminados y pequeños, defectos en la ventilación, inconvenientes con el funcionamiento de las viejas tuberías, entre otros aspectos de infraestructura, motivó al grupo de 16 religiosas que coordinan el asilo San Antonio, a pensar en la remodelación del lugar, donde conviven 100 abuelitas dejadas allí por sus familiares.

Según la vocera del asilo, la Hermana Matilde, la renovación de las zonas más afectadas por la antigüedad tiene un valor cercano a los 350 millones de pesos. Esta cifra la ha impulsado a liderar todo tipo de actividades y convocar a la ciudadanía con el fin de recoger fondos económicos suficientes.

“El domingo pasado organizamos un bingo en el Colegio Distrital Madre Marcelina, en el que esperábamos la colaboración de los invitados, pero el apoyo fue escaso”, expresó la Hermana, proveniente de Villanueva, corregimiento de San Gil (Santander).

En el bingo depositaron todas sus esperanzas. Se plantearon la meta de recaudar 50 millones de pesos en aspectos como venta de boletería para el ingreso y una logística organizada, pero solo alcanzaron a recoger un poco menos de 25 millones.

Además de recurrir a la ciudadanía en general, las hermanitas han tocado la puerta de empresarios y fundaciones, sin obtener una respuesta positiva.

Ante la insuficiente recolección de dinero, se contempla la organización del Banquete del Millón en septiembre, en el que aspiran a reunir la mitad de los costos que demanda la remodelación y así iniciar con el desmonte de las estructuras antiguas, principalmente en los baños y dormitorios de las ancianas, donde los maderos de las camas están carcomidas por el comején y los años de uso.

“Con el evento del banquete veremos si de pronto esta vez si tocamos el corazón de la gente y contamos con sus colaboraciones”, manifestó Matilde con ilusión.

Del centenar de abuelas que habitan en el Asilo San Antonio, 70 son personas que fueron trasladadas hasta acá por la Alcaldía de Barranquilla, a través del programa de protección al adulto mayor.

“La primera dama del Distrito ya se ha acercado hasta acá dos veces. En un principio nos colaboró con tres millones de pesos para la reconstrucción del Pabellón de Fátima, otra parte del asilo. Ella no descuida a las abuelas, las quiere mucho”, agrega.

Origen del asilo

El asilo San Antonio, localizado en la Localidad Norte - Centro Histórico de la Capital del Atlántico, ha funcionado, a través de su historia, siempre al servicio de la comunidad. De hecho, actualmente se preocupa por el cuidado de las abuelas barranquilleras, que por lo general han sido abandonadas a su suerte por los familiares.

Fue un 13 de junio de 1908 cuando la religiosa venezolana Marcelina de San José o ‘Madre Marcelina’ llegó a Barranquilla, uniéndose a una comunidad que habitaba en casas humildes, con altos niveles de pobreza, originando así la congregación ‘Las Hermanitas de los pobres de San Pedro Claver’.

En el recinto también funcionaba el internado de niñas pobres, donde alcanzaron a habitar alrededor de 300 féminas que finalmente fueron trasladas al recién abierto, en ese entonces, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Ahora, se forman niñas y jóvenes en el Instituto Distrital Madre Marcelina, que junto al asilo ocupan la zona comprendida entre las calles 47 y 48 con carreras 39 y 41.

El pasado lunes, 13 de junio, a pesar de la torrencial lluvia que causó emergencias en la ciudad, celebraron el día de San Antonio de Padua con una procesión en las calles cercanas al asilo. Esta vez, el desfile sí contó con una mayor asistencia de los feligreses.

Tratando de seguir con la ejecución del objetivo general del Asilo San Antonio, el grupo de religiosas no desiste en prestar un servicio de caridad a la población vulnerable, acto que alguna vez identificó a la Madre Marcelina. Alejar a los abuelos de la indigencia y del peligro al que se someten estando en las calles de la ciudad, es la misión que ahora necesita apoyo.

Deivis López Ortega
Especial para EL TIEMPO
Barranquilla.

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