Constelaciones familiares o cómo liberar el alma

Constelaciones familiares o cómo liberar el alma

Historias que se repiten, que impiden avanzar en la vida, se tratan en este modelo terapéutico.

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15 de junio 2016 , 01:13 p.m.

María es una adolescente que sufría constantes jaquecas. Los exámenes no mostraban alteraciones y los medicamentos surtían poco efecto. Un día decidió indagar sobre su dolencia en una constelación familiar. Descubrió que tenía que ver con su abuelo. Pero, ¿qué son las constelaciones familiares? “Son un modelo sistémico de ver la vida, a las personas, sus problemas o conflictos y su relación con el entorno significativo”, explica el psicólogo Felipe Ceballos.

El sistema es nuestra familia y otras personas que han tenido un impacto importante en nuestra vida. Como familia no solo se entiende a los padres, hermanos, cónyuges e hijos, sino a la familia extendida por varias generaciones y que, casi siempre, es parte importante de lo que nos pasa aquí y ahora.

En una sesión grupal uno de los participantes representa a María y su jaqueca. Otra persona entra en escena y ejerce de abuelo. Los asistentes observan cómo él, de repente, clava su mirada en el piso. Para el constelador resulta claro que el abuelo mira a un muerto. Entonces otro miembro del grupo asume ese papel. El constelador le pregunta al abuelo qué siente: “culpa y tristeza”, responde. También le pregunta a María si esta sensación tiene sentido para ella. María recuerda que su abuelo vio morir a su mejor amigo cuando trabajaban en una construcción. Lo mató un martillo que le cayó en la cabeza.

La muchacha, el abuelo e incluso el amigo muerto pudieron expresar, aclarar y resolver situaciones de su pasado diciendo y haciendo cosas que fueron liberándolos. Tiempo después María no volvió a tener jaquecas.
A Bert Hellinger, un filósofo, teólogo y pedagogo de 91 años, se le considera el creador de las constelaciones familiares. Aunque no fue el primero en poner sobre la mesa su pertinencia, es uno de los que más la han divulgado por el mundo. Basado en sus estudios con miles de personas, este alemán enseña que se pueden encontrar respuestas a situaciones de la vida –unas más dramáticas que otras– en los orígenes familiares, ya sea en vivencias de los padres, abuelos, bisabuelos o incluso ancestros más lejanos.

Los consteladores, es decir, los expertos que dirigen este procedimiento terapéutico, lo han experimentado antes consigo mismos. Es el caso de María Taty, que lleva nueve años practicándolo y confiesa que ya perdió la cuenta de cuántas constelaciones se ha hecho. No duda en hablar de sus beneficios: “Sané aspectos de mi presente que tenían raíz en mis antepasados, transformé mi vida positivamente y le estoy brindando nueva información a mi descendencia”, dice esta bogotana.

María Taty es consteladora hace nueve años. Ella prepara un libro sobre los descubrimientos personales que ha hecho con esta terapia. Foto: Laura Pava

Ella, una mujer separada y madre de dos hijas, veía que su historia de vida estaba enmarcada, entre otras cosas, por la dificultad para consolidar una relación de pareja sana. También percibía otra constante: lo mismo les sucedía a las cinco mujeres de su sistema (su grupo familiar). Todas se habían separado, estaban a cargo de sus hijos y eran las proveedoras en su hogar. Esto sin contar la mala relación que sus hijas tenían con sus respectivos padres.

Eventos trágicos como la muerte de su papá a manos de un familiar y dolorosos secretos como historias de incesto, que se repitieron en distintas generaciones, la llevaron a escarbar en su pasado inmediato y en el de sus ancestros. Para el psicólogo colombiano Felipe Ceballos, radicado en Chile, estos nudos o desórdenes se producen principalmente cuando “excluimos o rechazamos a integrantes del sistema familiar, cuando se desequilibra el dar y recibir en las relaciones, cuando se desconoce e irrespeta el orden de llegada y de jerarquía de los miembros del sistema y cuando alguien no está en paz con su lugar y su rol”, explica.

Jerarquía, pertenencia y equilibrio son tres componentes básicos en los sistemas familiares a los que Hellinger llama los órdenes del amor. Cuando estos se alteran, comienza la confusión y el caos. Un ejemplo: si en la familia al padre o a la madre no se les da su lugar y resultan desplazados o reemplazados en su papel por alguno de los hijos, que crece ejerciendo una responsabilidad que tampoco le corresponde, se alteran los órdenes del amor de los que habla el experto alemán. Otra de las tantas situaciones que pueden crear una disonancia surge cuando se pasa por alto el lugar de los no nacidos, porque la madre ha tenido una pérdida o aborto, pero es un tema oculto o ignorado en su sistema.

Según cuenta Ceballos, a Bert Hellinger no le gusta considerar las constelaciones familiares como una terapia, aunque sus efectos sean terapéuticos. “Él busca que esto sea más una filosofía, una forma de ver la vida y el mundo, en la que las conexiones son mucho más amplias que lo acotado y obvio".

La vida, como una novela

Hellinger descubrió que los sistemas humanos siguen un cierto orden y que al estarlo, el amor y la vida, que son las fuerzas que lo mueven todo, pueden fluir, crecer y traspasarse a las siguientes generaciones de forma sana. Los conflictos, problemas y enfermedades se producen cuando en algún momento de la historia familiar se presentan nudos por quiebres, tragedias, distanciamientos u otras alteraciones que afectan este flujo.

Lo que hacen las constelaciones es mostrar “esta representación o imagen desordenada que traemos en nuestro interior; la ponen afuera para que la persona la observe y la trabaje, ya sea en un taller donde otros representan a integrantes del sistema, o en sesiones individuales en las que se utilizan figuritas, papeles en el piso y otros elementos que sirven para representar personas, lugares e interacciones”, explica Ceballos.

“Más que racionalizar lo que se vive en ellas, de lo que se trata es de sentirlas”, indica la psicóloga clínica Ana Isabel Jiménez, que también utiliza este modelo terapéutico con sus pacientes por la forma sorprendente como remueve velos y creencias limitantes. En las constelaciones individuales y en las grupales, el beneficio es que la persona empieza a comprender el lugar que ocupa en la familia y si es o no el indicado; observa con claridad obstáculos, cargas asumidas y puede descubrir alianzas invisibles, mandatos o promesas que pudo haber hecho inconscientemente con sus antepasados y que afectan su vida”.

En las sesiones, con la asesoría del constelador, se utilizan frases sanadoras entre las partes y se dicen, por lo regular, cosas que no se sabía cómo expresar antes. Así ocurre, por ejemplo, en personas que han asumido cargas que no les corresponden; hijos que, por distintas circunstancias, se han convertido en los padres de sus progenitores y de sus hermanos y no han podido evolucionar en sus propias vidas. Los especialistas dicen que lo que sucede en una constelación no es casual. Entre los participantes hay cierta correspondencia. Todos aprenden y todos, de cierta manera, ganan.

María Taty recuerda el caso de una mujer que estaba al servicio de una consultante en una constelación grupal y preguntaba por una enfermedad en sus órganos femeninos. Ella contaba cómo luego de servir en la constelación sufrió cólicos muy fuertes, que desde hacía 10 años no tenía menstruaciones y a partir de ese momento su ciclo se normalizó. Esto sucede por la correspondencia: cuando uno sirve a alguien, se beneficia de la experiencia.

Con este método “se equilibra el sistema que puede estar cargado de creencias implícitas transmitidas de generación en generación, incluidos los miedos que impiden avanzar, y se cortan ataduras que nos llevan a repetir experiencias, sin saberlo o quererlo, como muertes trágicas, enfermedades, relaciones de pareja malsanas o familias disfuncionales”, dice Jiménez.

María Taty se encontró con varias sorpresas en sus antepasados más cercanos y lejanos que respondieron muchos interrogantes que le han permitido transformar y sanar su presente. “Yo duré en una relación matrimonial 25 años y era la dadora, una información implícita en mi sistema y que veía en mi mamá que, a su vez, también era la proveedora. Algo que terminaba anulando el rol de mi padre”, recuerda.

La terapeuta proviene de una familia con una carga matriarcal fuerte, en la que las mujeres anulan la presencia masculina. “Ocupábamos roles que no nos correspondían. Yo cumplía el papel de la mamá con mi exesposo y él buscaba la energía femenina de la pareja en otro lado. Sostener así una relación era muy difícil. Energéticamente, en nuestros inconscientes se daba el vínculo de una madre con un hijo. De hecho cuando nos separamos, él se va a vivir con su mamá e insiste que el gran amor de su vida es ella. No tenía lugar para la pareja y yo tampoco, por eso nos hicimos correspondientes”.

En las constelaciones grupales se pueden descubrir mandatos y alianzas invisibles con los ancestros que le impiden al consultante avanzar en la vida.

Desde el corazón

Generar transformaciones es posible si se acepta con amor la información de nuestro pasado y se integra en el corazón. Esa sanación, María Taty la comprobó en la relación con su exesposo, lo que le ha permitido que sus dos hijas, de 18 y 12 años, le den el lugar que le corresponde a su padre, con sus defectos y virtudes y, a su vez, les allana el camino para que tejan otras formas más saludables de relacionarse con los hombres.

“En mi sistema, ellas son las únicas que han mejorado su vinculación con la figura paterna. Y yo hoy tengo una relación de pareja sólida y sana con otra persona”, relata la consteladora. Para sanar su situación emocional, María Taty aprendió a verla sin juzgarla, “porque entendí que mi exesposo solo me estaba mostrando aspectos que tenía que solucionar en mi vida. La pareja es nuestro mejor espejo porque es quien está más cerca de nosotros y nos revela problemas nuestros que muchas veces desconocemos”, explica.

Y como las constelaciones familiares son un modelo sistémico que nos enseña a ver la vida, a comprender el pasado y, sobre todo, a darnos cuenta de que tenemos libre albedrío para construir nuestras propias historias personales y no repetir los errores de nuestros ancestros, es importante que sea dirigida y que le hagan seguimiento expertos. Y más si se tiene en cuenta que están diseñadas para ayudar, en parte, a vencer creencias limitantes y patrones que causan dolor.

En ese sentido, la psicóloga clínica Ana Isabel Jiménez insiste en la necesidad de que quien consulte tenga la información necesaria sobre el constelador. “Hay que ser cautos porque con la moda que se ha desatado con este método, no faltan los institutos que entregan certificaciones de consteladores formados en un día y sin conocimiento previo”, sostiene.

“No está de más saber algo sobre la salud mental del consultante y de los participantes en una sesión, porque no cualquier persona está preparada para recibir cierta información. Debemos ser prudentes con esto”, agrega Jiménez.
También se recomienda no hacer constelaciones a niños. “Es mejor evitarlo. Hay ciertos aspectos de sus padres o antepasados que no tienen por qué ver”, dice el psicólogo Ceballos. Y añade: “En personas que han sufrido pérdidas se aconseja trabajar solo después de seis meses y no en plena crisis”.

“Tras cada sesión se dan movimientos energéticos en el sistema del consultante y hay que estar preparados para ello”, concluye María Taty.

“Sané aspectos de mi presente que tenían raíz en mis antepasados, transformé mi vida y le estoy brindando nueva información a mi descendencia”, dice la bogotana María Taty.

En una constelación individual se trabaja con figuras que arrojan información del sistema familiar del consultante.


Flor Nadyne Millán.

@NadyneMillan

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