Editorial: Ojo con la malaria

Editorial: Ojo con la malaria

Es preocupante el aumento de la enfermedad, sobre todo en zonas donde impera la minería ilegal.

14 de junio 2016 , 08:41 p. m.

El repunte exagerado de los casos de malaria en Colombia, así como de las muertes que ha dejado este año, es preocupante, más cuando este mal había mostrado una tendencia decreciente desde comienzos de siglo.

De acuerdo con el Sistema de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila), los 41.550 casos notificados hasta la fecha duplican los registrados en los primeros cinco meses del año pasado. Con el agravante de que las muertes sospechosas por dicha causa, en el mismo periodo, se han multiplicado doce veces.

Las cifras empeoran en algunas regiones; según el Ministerio de Salud, el 92 por ciento de todos estos casos se concentran en departamentos como Chocó, Nariño, Guainía y Cauca. En tierras chocoanas, por ejemplo, se registran el 65 por ciento de los casos y el 80 por ciento de las muertes; el 30 por ciento de esas víctimas mortales son niños de entre 1 y 4 años.

La propia Defensoría del Pueblo ha tenido que llamar la atención sobre este fenómeno sanitario, que, según el Minsalud, desborda su capacidad de control por culpa de una situación que ha convertido la enfermedad en algo prácticamente incontrolable en estas regiones: la minería ilegal.

El asunto es tan serio que en algunos municipios afectados por la actividad extractiva ilícita la tasa de personas con el parásito que causa la malaria alcanza los 800 casos por cada mil habitantes, mientras que el promedio nacional es de 4,95 por mil.

El problema es tan crítico que algunos estudios han logrado equiparar la relación del índice parasitario anual con la producción de oro, y han concluido que para obtener 200 kilos del precioso metal se aumentará en algo más de un caso de paludismo por cada mil habitantes, lo cual es inaudito.

Es bien sabido que el sistema de salud flaquea en los temas de salud pública, principalmente en zonas distantes como las mencionadas. Además, hay factores que han convertido tales zonas en una verdadera bomba sanitaria que debe desactivarse de inmediato.

Entre ellos, la presencia de bandas criminales que defienden estos reductos y amedrentan a funcionarios; las migraciones irregulares y las excavaciones, que dan paso a criaderos incontrolables del zancudo anofeles, transmisor de la enfermedad.

Se trata de un llamado que exige presencia intersectorial. Aquí tienen que concurrir los ministerios de Salud y de Ambiente, las corporaciones autónomas regionales, las secretarías ambientales municipales, las sociedades y los institutos científicos, las fuerzas del orden y la Fiscalía.

Es urgente diseñar medidas concretas, con cronogramas definidos e indicadores para medir los resultados, y a la par enfrentar otros aspectos que agravan el fenómeno, como la desidia de algunas entidades regionales, la resistencia a ciertos medicamentos y la falta de apoyo oficial a investigaciones en este campo, como la que desarrolla la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (Fidic).

Aun cuando la vacuna contra la malaria, en la que trabaja la fundación liderada por el científico Manuel Elkin Patarroyo, muestra resultados experimentales favorables, el apoyo para culminar con éxito el proyecto es prácticamente nulo.


editorial@eltiempo.com

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