Estos templos

Celebro de verdad la llegada de dos maravillosas librerías a la escena cultural bogotana.

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13 de junio 2016 , 05:52 p. m.

Como templos: así resultan para muchos –y entre ellos me incluyo– las librerías. Las buenas librerías. Las que tienen historia o han sido levantadas a imagen y semejanza de las que la han marcado. Las que han trascendido el carácter de simples ventas de libros detrás de cuyas estanterías atiende alguien a quien le da lo mismo jarabe que novela, abrelatas que diccionario. Las que han sido concebidas por personajes para quienes los libros están tan cerca del alma que con ella se codean, con ella se confunden.

Quienes las buscamos a donde quiera que vayamos tenemos en el ancho mundo nuestras favoritas: por gusto, por capricho, porque allí hemos descubierto a algún autor que se nos volvió imperdible, porque en ellas nos sentimos acogidos e inspirados.

Algunas de esas librerías de viejo del barrio Gótico de Barcelona que tanto le gustaban a Maqroll el Gaviero, por ejemplo. El Péndulo de la colonia Condesa del Distrito Federal. La desordenada Shakespeare & Company, en el barrio latino de París. Ese espectáculo que se llama Ateneo Gran Splendid, en la porteña avenida Santa Fe. Y tantas, tantas más que se han quedado para siempre en la memoria.

Pero al lado de aquellas de postal y de álbum familia, son las de casa las que forman parte de lo cotidiano. Esas que visitamos con la devoción y la regularidad de quien va al templo cada semana, y en las cuales nos conocen, nos recomiendan, nos consienten, nos conversan.

Cuando una buena librería se cierra resulta imposible disimular la tristeza. Pero hay júbilo, en cambio, cuando se abre alguna de esas que sospechamos que nos tocarán el corazón.

Por eso, celebro de verdad la llegada de dos maravillosas librerías a la escena cultural bogotana. Se trata de Tango, la célebre tienda de discos que acaba de estrenar sede a pocos pasos del parque del Virrey, con un piso completo dedicado a los buenos libros. Y Tornamesa, hermosa e irresistible, que ahora también ocupa una vieja y acogedora casa en la calle 70 con carrera quinta, en ese barrio que los restaurantes convirtieron en zona G. Ofrece un catálogo lleno de curiosidades, de libros únicos, de ediciones en las que se han dado la mano la literatura, el diseño y el arte. Y ambas están atendidas por libreros de verdad: de los que no paran de leer, de los que saben recomendar.

¡Qué buena noticia para Bogotá! ¡Bienvenidas!


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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