Penes, al quirófano / Sexo con Esther

Penes, al quirófano / Sexo con Esther

Muchos hombres se someten a diario a cirugías y otros procedimientos para sumarle unos centímetros.

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11 de junio 2016 , 10:46 p. m.

El pene, literalmente, es el eje de la existencia masculina. Por encima de cualquier cosa, el estado de su mejor amigo, su funcionamiento y características son temas prioritarios para la mayoría de los señores. Como es natural, si responde o no cuando toca es el punto que encabeza la lista de intereses frente a este apéndice frontal.

No exagero cuando digo que si hay enderezamiento para ellos, hay vida. Ahora, si la erección está garantizada, lo que sigue son las dimensiones. Y aquí, el inconformismo es general, y no porque lo tengan cortico (que puede ser cierto en casos) sino porque todos, repito, todos lo quieren tener más largo. ¿Que no?

Basta preguntarles: ¿usted quisiera tenerlo más grande?, para comprobar que los señores anhelarían tener figura de trípode. No en vano, cantidad de varones se someten a diario a cirugías y otros procedimientos para sumarle unos centímetros al largo o unos milímetros al grueso de su preciada anatomía.

Como las decisiones son, en su mayoría, silenciosas y anónimas, las estadísticas no son exactas, pero aun así se aprecia que la vanidad se tomó por asalto el departamento inferior del cuerpo varonil. Vale recordar a Sylvester Stallone, quien admitió que se realizó una cirugía para que su precario miembro pudiera hacer juego con los músculos de Rambo.

Se retira grasa de la base, se cortan ligamentos para sacarlo un poco más de su escondite, se aplican rellenos y enderezan curvas, en fin, se hace de todo en el quirófano para dejarlo presentable.

Según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, los alemanes son la medalla de oro en número de pipís refaccionados, seguidos de venezolanos y mexicanos. Los colombianos están en un honroso quinto lugar.

Por supuesto que lo que más solicitan es el alargamiento, que puede llegar hasta tres centímetros; y el aumento de diámetro, que puede tener un efecto psicológico positivo ante la autocontemplación.

Pero lo que más me llama la atención es que lo someten a un cambio extremo en procura de que se vea más bonito. Sí, en una especie de pene escultura, los cirujanos plásticos atenúan imperfecciones y hasta pueden dejarlo parecido al de Nacho Vidal, así sea en la forma.

Insisto, en materia de sexualidad todo es válido. El requisito es disfrutar y sentirse bien, y si para eso ellos necesitan verse mejor dotados y los médicos pueden ayudar, pues adelante. Más en aquellos que se avergüenzan de sus micropenes. Tres centímetros, en esos casos, es una gran ganancia.

Ahora bien, no sobra hacer a la par un curso para sacarle el mayor provecho, porque someterse a una cirugía para sentarse con su mejor amigo remodelado a ver la Copa América es un desperdicio. En ese caso, mejor los micropenes, siempre y cuando se enderecen. Hasta luego.

ESTHER BALAC

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