Briceño, de pueblo asolado por la guerra a primer laboratorio de paz

Briceño, de pueblo asolado por la guerra a primer laboratorio de paz

En ese municipio de Antioquia se pondrá en marcha un plan piloto para sustituir cultivos ilícitos.

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11 de junio 2016 , 08:58 p.m.

El 5 de mayo del 2002, paramilitares del bloque Mineros de las autodefensas retuvieron un vehículo donde seis personas se desplazaban por la vereda Santa Ana, del municipio de Briceño (Antioquia). Cuatro de ellas aparecieron muertas a los pocos días; las otras dos, los hermanos Hincapié, siguen desaparecidos.

Estas acciones criminales marcaron la llegada de los paramilitares de ‘Cuco Vanoy’, contrastando con la presencia que desde los años 70 estaban haciendo allí guerrilleros de los frentes 35, 36 y 37 de las Farc.

Desde entonces, la guerra entre paramilitares y guerrilleros convirtió a este municipio en uno de los primeros en la lista de ‘zonas rojas’ del departamento de Antioquia.

Pero este alejado municipio del norte antioqueño, que no supera los 10.000 habitantes y tiene 2.561 víctimas del conflicto registradas, está dejando atrás su historia de violencia para convertirse en el primer gran laboratorio del proceso de paz con las Farc.

Tras ser el primer lugar del país donde comenzaron los desminados conjuntos entre Farc y Ejército, el viernes fue seleccionado en La Habana como el primer municipio donde se aplicará el plan piloto de sustitución de cultivos ilícitos, un tema que forma parte del punto tres de los acuerdos de paz con las Farc.

Entre mayo y noviembre del 2015, en la vereda Orejón, se lograron desactivar 33 explosivos. Y el trabajo conjunto de guerrilleros y Fuerza Pública se ha considerado un éxito.

Pero las minas antipersona no son el único mal de Briceño –que ocupa el segundo lugar de la lista de municipios con más minas en Antioquia–. La coca es, desde hace más dos décadas, la base de su economía. Junto con Ituango, Valdivia y Tarazá, poblaciones del norte y Bajo Cauca antioqueño, reúnen el 58 por ciento de los cultivos de coca del departamento, que según el informe Simci 2014, revelado el año pasado, tiene en total 2.293 hectáreas de sembradíos.

La Fuerza Pública señala que, en la actualidad, la mayoría de los cultivos en esa zona están bajo la injerencia del ‘clan Úsuga’, que ocupó los espacios cedidos por los frentes 18 y 36 de las Farc luego del inicio del proceso de paz con el Gobierno. Las autoridades también indican que en una menor cuantía el frente ‘Héroes de Tarazá’, del Eln, tiene cultivos allí.

Antes de la coca estuvo la ganadería, a la que antecedió la producción de panela. Esta a su vez fue precedida por el café, que llegó cuando fueron cerradas las minas de oro. Pero de la ganadería, Briceño transitó rápidamente a la coca. Un líder de la comunidad de Orejón, a quien los paramilitares le mataron a un hermano hace 13 años, reconoce que el pueblo es muy pobre y casi todos sus habitantes viven hoy de los cultivos ilícitos.

“La guerrilla llegó primero vacunando a la gente”, comentó una profesora que tuvo que irse de Briceño en 1998 luego de recibir una amenaza del frente 35 de las Farc. Y contó que, incluso, por años no hubo Policía en el pueblo. “Todo se solucionaba a machete, fue como entre el 87 y el 92. En esos años, los que no quisieron pagar las vacunas se tuvieron que ir”.

Connivencia con paramilitares

Para la década del 2000, los paramilitares ejercieron mayor presencia y, al parecer, lo hicieron bajo el auspicio de la Fuerza Pública. En declaraciones ante tribunales de Justicia y Paz, desmovilizados del bloque Mineros dijeron que su accionar fue en connivencia con las autoridades. “La Policía tenía pleno conocimiento de que los paramilitares ejecutaban las acciones delictivas (...). El comandante, un subintendente de apellido Cardona entre el 2002 y el 2005, recibía 250.000 pesos para no molestarnos”, dijo José Higinio Arroyo, alias 8-5, en versión libre en el 2007.

Un informe de la Fiscalía señala que algunos miembros de la Fuerza Pública no solo omitían realizar operativos, sino que “transportaban ellos mismos el alijo a las capitales, por ejemplo a Medellín; o cuando la Policía de Briceño decomisaba a los campesinos la base de coca, se la vendían a los miembros de las Auc”. En otras declaraciones la comunidad dijo que los ‘paras’ y los policías comían juntos en el mismo restaurante.

Briceño también fue uno de los ocho municipios que sufrieron en el primer quinquenio de los años 90 acciones criminales de los ‘12 Apóstoles’. La Fiscalía señaló que los ataques “sistematizados e inhumanos de ese grupo delictivo se extendieron por Yarumal, Santa Rosa, Valdivia, Campamento, Angostura, Gómez Plata, Briceño y Carolina del Príncipe”.

El pueblo, que se convertirá en el primer laboratorio de paz del país, tiene un nivel de pobreza del 35 por ciento. Según indicadores sobre seguridad social, solo el 5 por ciento de la población forma parte del régimen contributivo de salud. Y ni siquiera hay bancos.

“En Briceño, las tiendecitas son muy pequeñas y hay dos o tres almacenes, muy poquitos para un pueblo como este. Lo bueno es que hay un colegio grande, van unos 700 muchachos. El hospital también es bueno”, manifestó Josefina, una mujer de 66 años que ha vivido toda su vida allí.

La mujer dijo que recibe con regocijo el anuncio del Gobierno. “Uno sabe que siembran eso, pero lo hacen muy lejos del pueblo. Lo que dijo el Gobierno es bueno para mis nietos porque tendrán más oportunidades. Aquí hay cultivos de café, maíz, fríjol y, si nos ayudan, va a mejorar la economía del pueblo”.

VALENTINA OBANDO JARAMILLO
Redacción Justicia

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