Editorial: La huelga y el oportunismo

Editorial: La huelga y el oportunismo

Además de una alerta máxima de seguridad, Francia disputa un duro pulso con los sindicatos laborales

10 de junio 2016 , 08:25 p. m.

En un clima de huelgas, basuras en las calles, protestas y movilizaciones sindicales, inundaciones y una alerta máxima de seguridad ante el riesgo de atentados violentos, Francia realiza desde ayer la Eurocopa 2016 de fútbol, considerada uno de los eventos deportivos más importantes del año, pero que llega en una coyuntura difícil para el país por el desafío terrorista planteado por las células del Estado Islámico, y también por las dificultades económicas que vienen de tiempo atrás, pero que con la conflictividad social presente redondean un panorama complejo.

La dura reforma laboral propuesta por el gobierno de François Hollande, y exigida por años por Bruselas e incluso por Berlín, pone en entredicho algunas de las más grandes conquistas francesas, como la de la semana laboral de 35 horas, por ejemplo. Ahora podría haber despidos masivos dependiendo de la situación de cada empresa, sin excluir luz verde a las indemnizaciones rebajadas, una suerte de flexibilidad laboral o de plan de choque muy similar al que tuvo que aplicar España ante su terrible crisis financiera, e incluso Portugal y Grecia.

Esto, por supuesto, no les ha gustado nada a los sindicatos, que, aprovechando que los ojos del mundo están en Francia por la Eurocopa, le aprietan el cuello a Hollande, quien terminó, curiosamente, aplicando la receta que gobiernos de derecha precedentes, como el de Nicolás Sarkozy, no fueron capaces de asumir. Es difícil entender que un gobierno socialista tenga que ejecutar este tipo de ajustes. Pero el ‘Estado de bienestar’ parece que no da más.

“La fiesta ya está un poco aguada”, reconoció el presidente del Comité de Organización de la Eurocopa, Jacques Lambert, tanto que el propio líder del sindicato de la CGT, el más importante del país, el hombre que tiene en ascuas a Francia, Philippe Martinez, les pidió a los trabajadores que respetaran la Eurocopa, pues sabe que todo se le puede poner en contra en un momento tan coyuntural. Es como si todo lo negativo se le juntara al gobierno de Hollande, que lucha contra récords históricos de baja popularidad.

Y como si fuera poco con las huelgas de los conductores de trenes o de los que recogen la basura, que inunda algunas de las calles emblemáticas de París, o los enfrentamientos de 'hooligans' británicos en Marsella, hoy estaba planeado el inicio de una huelga en Air France.

Ante esa perspectiva, el primer ministro Manuel Valls tuvo que pedirles a sus conciudadanos ser “responsables y patriotas”, porque además del golpe a la economía está la mala imagen que queda en un país que también está aspirando a organizar los Juegos Olímpicos del 2024, una apuesta francesa para revitalizar su economía y dejar atrás los instantes aciagos provocados por el terrorismo y el terrible impacto que sobre el turismo este ha producido.

Por ahora, e independientemente de la validez de los reclamos de los trabajadores, este pulso no lo va ganando ni el gobierno de Hollande ni tampoco el sindicato de Martinez. Pero, en cambio, sí hay una clara perdedora: Francia. A la responsabilidad y el patriotismo que pide Valls habría que añadirles algo elemental: sentido común, o si se quiere, sensatez.

editorial@eltiempo.com

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