Televisión / La muerte de las series forenses

Televisión / La muerte de las series forenses

Con el final de la saga de C.S.I. se cierra todo un capítulo de este tipo de producciones.

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09 de junio 2016 , 12:45 a. m.

La autopsia de las series de televisión fue rápida. Aunque muchos pensaron que este subgénero televisivo, que apareció de la mano del policíaco tradicional, podría ganarle la batalla al continuo descenso de audiencias, la realidad fue otra: las series forenses se han ido, al parecer, del todo.

Para las viejas generaciones, el contacto con este tipo de producciones se dio en 1976, cuando el actor Jack Klugman le dio vida a la serie Quincy. Se trataba de un forense (el primero en ser protagonista y no la sombra de un detective) que con sus conocimientos en medicina resolvía misteriosos asesinatos.

La inolvidable secuencia de los créditos iniciales en la que Quincy descubría un cadáver ante un grupo de estudiantes y cada uno se iba desmayando fue inolvidable. Un toque de humor negro para una serie dramática, digerible y que se enfocaba en el protagonista y su olfato para descubrir pistas que casi siempre evidenciaban un asesinato.

La magia funcionó hasta 1983; luego, la morgue y sus alrededores comenzaron a perder ese brillo de originalidad que alcanzaron con Quincy y volvieron a ser espacios oscuros y extraños en los que solo se veía el cuerpo del delito.

En el 2001, la idea de darle al forense un poco más de protagonismo revivió gracias a la serie Crossing Jordan, en la que una médico forense se dedicaba a investigar la suerte de los cadáveres que llegaban a su espacio de trabajo. Una de las cosas más interesantes era el hecho de que una mujer asumiera ese rol en la TV de la época y también la manera como se involucraba en las investigaciones, saltando unas fronteras invisibles que le impedían conocer detalles de la investigación policial. Crossing Jordan tuvo una vida de seis años.

Pero fue C.S.I.: Las Vegas la primera en abrirse paso de manera contundente en los televisores, al lograr un equilibrio entre la trama policíaca de acción, el trabajo forense y un ritmo intenso que se adornaba con tecnología y el carisma de sus protagonistas.

De nuevo, un asesinato era el punto de partida de cada episodio y las estrellas eran los científicos dirigidos por Gil Grisson, un forense obsesivo que llevaba su trabajo al lugar de los crímenes y que aprovechaba la tecnología para llegar al meollo del asunto. El nivel de producción y el trabajo de los actores convirtieron C.S.I. en un referente televisivo en el terreno de la ficción.

Muchos aseguran que se disparó el interés por el trabajo forense en todo el mundo y aparecieron otras producciones tratando de emular el éxito de esa serie. Tal es el caso de Bones, que ha logrado mantenerse vivita y coleando gracias a la tensión emocional de sus protagonistas: una detective que husmea en los huesos de las víctimas y un detective un poco ‘más humano’ que funciona por el instinto del detective clásico, no tan científico. El amor y el humor marcaron la diferencia en Bones, que sigue respirando en el peligroso mundo del rating.

No pasó lo mismo con Body of Proof, un proyecto en el que una neurocirujana se convierte en especialista forense por un accidente que le impide usar sus manos en una intervención quirúrgica. Más drama, violencia y una mujer que asume riesgos en un producto que llamó la atención en sus inicios, pero que se fue apagando pese al esfuerzo de su protagonista, Dana Delaney, por desmarcarse de las pautas de estas series.

En cambio, C.S.I. se mantuvo fiel al formato y le alcanzó para desarrollar otras series derivadas, como C.S.I. Nueva York o C.S.I. Miami. Sin embargo, a pesar del cambio de protagonista y el peso de los nuevos investigadores que llegaron a comandar el programa (Laurence Fishburne y Ted Danson), las cifras comenzaron a descender. La cancelación de estas franquicias marcó la ruta para cerrar la original.

Luego de 15 temporadas se canceló la madre de las series de investigación forense. Cinco más que la de Miami, mientras que la de Nueva York alcanzo nueve. Se notó el cansancio del televidente, el exceso en la tecnología y ni siquiera el intento de llevar su espíritu a los delitos informáticos con C.S.I. Cyber funcionó, pues esta solo resistió dos temporadas.

Ahora, todo parece indicar que la atención está de nuevo en la calle, en las series policíacas más orgánicas con policías persiguiendo a ladrones o la exploración psicológica de los detectives. Propuestas como The Shield, Southland, Chicago P. D. o Shades of Blue asumieron el reto de analizar conflictos morales y agregaron conceptos como corrupción, indefensión y la fragilidad humana en la lucha contra el delito.

La TV huyó de la sala fría y gris de una morgue y del laboratorio lleno de equipos para hallar detalles microscópicos que podían cerrar un caso. El acta de defunción parece definitiva para el trabajo de Quincy y la huella que dejó C.S.I., ese tono forense que desde la muerte le dio otra vida a la pantalla de televisión.

ANDRÉS HOYOS VARGAS
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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