Música / Una cruzada contra el paso del tiempo

Música / Una cruzada contra el paso del tiempo

Bob Dylan sorprendió el mundo de la música con su nueva producción, Fallen Angels.

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09 de junio 2016 , 09:51 a. m.

Hace 20 años, la crítica musical daba por acabado a Bob Dylan. Los álbumes Good As I Been to You (1989) y World Gone Wrong (1993) fueron tibiamente recibidos por la prensa musical. Sus temas no rotaron en la radio (Dylan tampoco lo esperaba) y, salvo artículos en prensa, poco resonó mediáticamente en aquella época. En el medio de ambos trabajos, en octubre del 92, el músico celebró 30 años de carrera gracias a una constelación de servidores que se llevó los aplausos, entre ellos Tom Petty, George Harrison, Neil Young y Eric Clapton. Al final del evento, el trovador salió y cantó un par de canciones. A todos los sorprendió, esperaban verlo por lo menos durante dos horas, era su homenaje. Pero el factor sorpresa es una constante en su carrera, antes y ahora. Hombre de pocas palabras, hermético y misterioso hasta más no poder, cuando pensamos que ya no contábamos más con su música y su inconfundible tono nasal, él nos da un golpe certero, como el que dio en el 97 con Time Out Of Mind, el disco con el que demostró que había Dylan para rato.

Tras el interesante y ecléctico Tempest, de 2012, un álbum que homenajea a Duke Ellington, Dylan decidió salir de gira por el mundo bajo el nombre de Never Ending Tour. En el espejo tenía a Leonard Cohen, Paul McCartney, Chuck Berry, Brian Wilson y los Stones. Así que tomó su guitarra y llegó a más de cien lugares por año, algunos poco comunes para sus presentaciones, como Buenos Aires. En medio de una de esas giras interpretó algunos viejos sonidos inmortalizados por Sinatra como Stay With Me y I´m A Fool To Want You. Esas canciones, enmarcadas en la música de los años cuarenta, dieron forma al álbum Shadows in The Night, lanzado a principios de 2015. Un disco melancólico y magistralmente producido. Fue número uno en varios países y mostró a un Dylan en su mejor momento. Algo de prensa y mucha emoción asimilada, en la medida en que el avasallante paso del tiempo lo permite. Dylan siguió de gira y poco sabíamos de sus próximos planes.

El pasado 6 de abril, el músico sorprendió con el anuncio de un nuevo álbum bajo el nombre Fallen Angels. El tema Melancholy Mood, grabado primero por Frank Sinatra en 1939, se encargó de darnos algunas claves de este trabajo, que no es otro sino la continuación de la saga de covers de viejas canciones americanas o, como se le conoce convencionalmente, The Great American Songbook, temas que también vivieron en las voces de Bing Crosby, Billie Holiday, Sarah Vaughan, Judy Garland, entre otros. Esta vez, Dylan se va a los años 40 y 50, cuando Estados Unidos jugó un papel crucial en el devenir idealista del mundo occidental, toma el legado de grandes compositores como Johnny Mercer y Harold Arlen, y le da vida a un disco hermoso, perfecto como para ambientar una película de Woody Allen. Pausado, sin arreglos pretenciosos, es inevitable asociarlo con Frank Sinatra, pues la leyenda de ojos azules interpretó, a lo largo de su carrera, todas las doce canciones del álbum. Pero no es un homenaje a la voz, también se incluyen melodías memorables como Young At Heart e It Had to be you, es la manera de revivir y legitimar un periodo determinante en la vida de una nación y del joven Dylan cuando soñaba con recorrer su país de costa a costa y contar historias.

Fallen Angels es la cruzada de un artista contra el paso del tiempo para rescatar del olvido, a su mejor manera, bellas canciones desde una mirada nostálgica. Dylan le da mayor protagonismo a su voz, desadorna las versiones originales y las retoca de manera artesanal gracias a una banda de músicos que sabe y entiende perfectamente qué busca Dylan con su música: viajar en el tiempo para encontrar las claves de su arte. Un poco de jazz, rockabilly y blues son los sonidos que conforman un disco equilibrado, que reivindica el papel del trovador que vino a este mundo a contar un puñado de buenas historias. Permite, además, descubrir la magia y la riqueza sonora de su país a través de un impresionante cancionero. Dylan encontró en esta saga el secreto de su secreto. Intuyo que vendrán otros dos álbumes en esta misma línea. Basta con ver la portada del álbum. Nada en la iconografía de Dylan sucede por azar.

JACOBO CELNIK

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