Editorial: El Papa da la cara

Editorial: El Papa da la cara

Expulsar a los obispos cómplices de pederastas es un paso urgente para recuperar la fe en la Iglesia

07 de junio 2016 , 08:44 p. m.

Basta leer el titular para entender las dimensiones del asunto: ‘Papa aprueba expulsión de obispos negligentes en casos de pederastia’. Es un paso firme y positivo, pues si algo ha ensombrecido a la Iglesia en las últimas décadas, si algo ha alejado a la gente de su religión, de su fe, eso ha sido la interminable cadena de noticias sobre abusos de menores perpetrados por sacerdotes.

A principios de este año, la película 'En primera plana', sobre los escandalosos casos descubiertos en Boston, no solo obtuvo el Óscar a la mejor producción del 2015, sino que hizo suya una afirmación de aquel cura que se retiró de la Iglesia cuando se fue enterando de lo que había sucedido: no se trata de unas cuantas manzanas podridas, sino, ni más ni menos, de un problema estructural.

De nada sirvió, en estos años, el empeño de negar lo que estaba pasando, el errado esfuerzo por proteger a los pastores pederastas enviándolos a casas de retiro como si no hubieran cometido el peor de los delitos, sino simplemente hubieran caído en una travesura, en un comportamiento censurable. De nada sirvió enterarse de la decisión del Vaticano, de décadas pasadas, de dejar para después –por ejemplo– las denuncias reiteradas de las víctimas del fundador de los Legionarios de Cristo.

El resultado ha sido un manto de duda sobre el comportamiento de los sacerdotes del mundo entero, una innegable deserción en las filas del catolicismo y una serie de relatos de abusos –en la prensa, en el teatro, en el cine– que solo un mentiroso podría negar.

El papa Francisco, quien ha venido dando muestras de comprender que los tiempos han cambiado y que la Iglesia tiene que volver a ser un refugio –y dejar de ser un tribunal viciado–, en buena hora ha decretado la expulsión del catolicismo de aquellos obispos que sean negligentes o tramposos ante las denuncias de abuso sexual de menores.

Serán tratados por la Iglesia como cómplices. Según el documento papal, la idea es reforzar el artículo 193 del Código de Derecho Canónico (que dice: “Nadie puede ser removido de un oficio conferido por tiempo indefinido, a no ser por causas graves”) y ampliar la definición de lo que el Vaticano considera “causas graves”.

El documento papal busca castigar la negligencia para actuar a la hora de afrontar los casos de abuso sexual. Habla de retirar de sus cargos a quienes hayan permitido el daño de un menor o de un adulto vulnerable. Anuncia cómo se procederá para investigar a los indolentes. Y aclara que, luego del proceso llevado a cabo por la congregación competente, será el propio pontífice quien tomará la decisión final, sobre la base de una reunión con un colegio de abogados. Suena a camino espinoso, pero es, definitivamente, una manera de encarar un problema innegable y de fondo, al que durante demasiado tiempo se le ha estado dando tratamiento de “casos aislados”.

Francisco, quien hacía un año había anunciado la creación de un tribunal del Vaticano contra la pederastia, sigue así demostrando su vocación a convertir a la Iglesia en lo que ha dicho que es: un refugio, un hogar que, en vez de andar condenando a las personas por sus géneros y sus orientaciones sexuales y sus matrimonios fallidos, enfrenta a quienes abusan de los otros con la convicción de un padre.


editorial@eltiempo.com

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