'Bronx': nuevo museo urbano

'Bronx': nuevo museo urbano

Pienso en un centro que recoja memorias del sitio, donde integren calles vecinas del Voto Nacional.

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06 de junio 2016 , 11:06 p. m.

Como si se tratase de un guion de terror, los medios nos van desgranando una a una las atrocidades reveladas con la intervención del ‘Bronx’; y cada día, cuando creemos que al fin cesa el horror, aparece una nueva historia más conmovedora y repugnante. Uno quisiera que el director del filme nos dijese que no es real, pero sería continuar el engaño. El ‘Bronx’ existe, es nuestro, porque así lo dejamos crecer los bogotanos y porque las autoridades anteriores lo permitieron, con la técnica del avestruz. Una monstruosidad de este tamaño hay que frenarla y darle respuesta, ahora sí humana.

Pero esta casa de Lucifer, prevista ya en el infierno de Dante, cuya existencia nos avergüenza y culpa a los capitalinos, no puede en su rehabilitación física ser solo una estación de metro o algo así, sino que debiera albergar un hecho más poderoso, que en algo equilibre el tamaño de la brutalidad de hoy, que imagino podría ser un gran museo de memoria urbana que albergue el pasado y el futuro. Pienso en un centro vivo que recoja las memorias del sitio, donde quepan y se integren las calles vecinas del Voto Nacional, donde se consagraba cada año la República; la plaza España, referencia significativa de la mitad del siglo XX, cuando la ciudad crecía al occidente, hacia la estación de la Sabana, que unía la capital con el país. Nada solemne ni ceremonioso, pero sí con recorridos y mucha tecnología virtual y vivencial, que recurra a archivos como álbumes de familia, recortes y clips de medios sobre su historia desde el siglo XIX, y que incluya también imágenes y testimonios de lo que hoy nos sacude y atormenta: clips de las casas de torturas, testimonios de niñas violadas. De estas técnicas de recolección y exposición, no de arte sino como arte, de prácticas públicas, podría encargarse a entes como el Museo de Arte Moderno y la Universidad Nacional.

Por ahora, señor Alcalde, que no se derriben con buldócer las casas donde vivieron varias de nuestras abuelas; que el objetivo no sea erradicar malos recuerdos, pues la memoria profunda no es solo lo que recordamos, sino lo que queremos olvidar. Este museo debe atender una fractura de la urbe ocasionada por unos ciudadanos abandonados en la droga y a merced de las mafias, y cuyos delirios se mezclaban con los de otros que desde fuera se repetían: acá no está pasando nada.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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