'Santos sabía que yo estaba secuestrada': Salud Hernández

'Santos sabía que yo estaba secuestrada': Salud Hernández

La periodista dice que su retención fue disimulada por el Gobierno debido a los diálogos de paz.

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06 de junio 2016 , 08:53 p.m.

Después de su terrible experiencia, tengo unas preguntas para hacerle sobre el oficio. Su estilo es el de un periodismo muy valiente e independiente. Pero ¿no le trae problemas a un gobierno que secuestren a un periodista por meterse en sitios bastante peligrosos? ¿Eso no debe tener un límite?

No tiene que haber ningún límite, y menos del Gobierno, que no tiene que meterse nunca con el trabajo de un periodista.

¿Usted iba a entrevistarse con el Eln o a hacer una crónica sobre el Catatumbo?

No entiendo de dónde sacó el Presidente que yo me iba a ver con los del Eln. En ningún caso fui allá a eso. Yo iba a hacer una crónica sobre esa loca teoría de Obama de que ahora se va a llevar a todos esos campesinos cultivadores de coca extraditados. Quería saber qué pensaba allá la gente de eso, y de la famosa fumigación manual con glifosato. Además, quería averiguar, en una zona donde conviven las Farc, el Eln y las bandas criminales, quién va a ocupar ese espacio cuando se vayan las Farc.

Pero Colombia no es un país normal. Hay zonas del país a donde no se puede ir sin correr un riesgo grande, por eso mismo que usted explica. ¿No es mejor pedir protección?

Es imposible pedir protección en esas zonas. La única protección sería no ir y no cubrir nada.

Después de que fue secuestrada, ¿no se arrepintió de haber ido?

Para nada. Hombre, pues obviamente a uno le da rabia. Rabia de creer que esos idiotas del Eln me iban a devolver los equipos. Me preocupa la información que tengo ahí y que pueda traerle problemas a otra gente.

El Gobierno duró insistiendo prácticamente una semana en que usted estaba trabajando.

¿Por qué? Eso habría que preguntárselo al Gobierno. Desde el sábado se supo que me había llevado el Eln. Era la hipótesis más clara.

(Lea: El diario del secuestro de Salud Hernández)

Pero usted le había informado al periódico que se iba a hacer un trabajo y que estaría incomunicada.

Yo había hablado con Luis Noé Ochoa por un celular prestado tan solo unos segundos para decirle que no podía mandarle columna. “El lunes le explico”, le dije.

Eso quería decir que hasta el lunes podía estar incomunicada sin que hubiera ninguna alarma...

Exactamente. Pero una vez que se sabe que no cogí el avión el lunes, la hipótesis tenía que ser que estaba secuestrada por el Eln, con los que me había ido a hablar para que me devolvieran los equipos que me quitaron. Si no aviso es porque algo ocurrió.

¿No es mejor tener unos protocolos claros para que la gente sepa si usted está bien?

Yo no tengo protocolos, yo vivo sola. Lo máximo que hago es decirle a una o dos personas: me voy para tal parte y vuelvo tal día. El lunes a las 7 de la noche yo debí estar de regreso en Bogotá. No llegué. Pero ya la voz de alarma la había dado desde el domingo la monja con la que yo había estado, porque yo había quedado de llamarla desde el domingo y no lo pude hacer porque ya estaba secuestrada.

Usted dijo una frase que no se entendió muy bien. ‘Si el Gobierno pensaba que yo estaba en un trabajo, ¿para qué me manda a buscar?’ ¿No era esa la obligación del Gobierno?

Es que en un momento dado el Presidente dijo: 'No estamos seguros de si está retenida por algún grupo o está haciendo un trabajo'. Si cree que estoy haciendo un trabajo, pues que no me mande al Ejército.

Pero si estamos diciendo que ya desde el lunes usted debía haber regresado y no lo hizo, ¿cómo no mandar al Ejército a buscarla?

Pues porque si el Gobierno dice que estoy haciendo un trabajo, no me mande al Ejército. Si en cambio tiene la hipótesis fuerte de que estoy secuestrada, mándeme al Ejército. ¿Por qué me mandaron al Ejército? Pues, porque en contra de lo que el Presidente decía públicamente, él ya sabía que estaba secuestrada.

Pero, luego el Ministro de Defensa no confirmó que usted estaba secuestrada, sino algo mucho más grave: desaparecida. Y que los únicos responsables de su vida y de su integridad eran los del Eln.

Es obvio que si estoy secuestrada, el responsable es el secuestrador. No es el Gobierno. Desde el lunes que secuestran a los de RCN se sabía que había sido el Eln. ¿Por qué el Gobierno jugó una semana a la confusión?

(Además: Preguntas y lecciones tras la liberación de periodistas por el Eln)

Pero el Estado tiene el deber de proteger a sus ciudadanos…

Este ministro todavía no se ha enterado de cuál es su papel como ministro de Defensa. Y peor cuando dijo que yo estaba desaparecida. ¿Él, que tuvo una hija secuestrada, cómo puede decir eso?

Experiencia muy dolorosa para él de la que por fortuna salió muy bien. Pero es que estar desaparecido es peor que estar secuestrado. En un caso de secuestro hay con quien hablar. En cambio, de un desaparecido nunca se sabe si está vivo, muerto, ni a quién se le puede pedir razón de él.

Yo lo escuché a través de una televisión y no podía darle crédito a lo que oía. Solo pensaba en lo que podía estar sintiendo mi familia en España. De todos, era el peor escenario. No entiendo qué podía estar pasando por la cabeza del ministro. No lo entiendo, pero lo respeto porque no todo el mundo procesa igual un secuestro, sobre todo el de un hijo.

Cuando uno se mete a una zona donde mandan las Farc, el Eln, el Epl y los narcos, ¿no son altas las posibilidades de que le pase lo que le pasó a usted?

Llevo 17 años haciendo esto y he hecho crónicas en zonas peores, donde ahí sí que he estado a merced de ellos. He navegado por los ríos sola con un indígena. He estado en zonas de minería ilegal ciento por ciento Farc, sin una sola persona del Ejército a la redonda. En el Guainía, en el Casanare. Siempre sola. 17 años.

(También: 'Si hacer la paz con Farc es complicado, con el Eln sería imposible')

A los periodistas se nos hace una crítica válida. Que hacemos mucho trabajo de escritorio y poco de campo. ¿Qué va a hacer Salud después de esta mala experiencia? ¿Seguirá yendo a las zonas de peligro a hacer crónicas y reportajes?

No a las zonas de peligro. A las zonas de Colombia, a donde tiene derecho de ir cualquier colombiano. Hacer crónica es lo que me gusta. Es lo que sé hacer. Yo no sé pontificar, no soy una analista sesuda. Soy responsable de mi vida y de mi libertad. Si de aquí en adelante me descuartizan y me botan a un río es problema mío. No me manden a buscar. No gasten plata en mí. Yo firmo eso donde sea. Vuelvo y lo repito para que quede muy claro: de este secuestro no es responsable el Gobierno, por Dios. Otra cosa es que no hubiera querido decir la verdad cuando ya sabían que yo estaba secuestrada. Lo que pasa es que cuando se mezcla la política, todo se enturbia.

¿Y cuál política se mezcló aquí?

Pues que si no me hubiera secuestrado el Eln sino el Epl o ‘los Urabeños’, desde el mismo domingo lo hubieran dicho. Pero como estamos 'ad portas' de un proceso con el Eln, hay que disimular. A eso me refiero. La política, donde mete la mano, mete la pezuña. Lo ensucia, lo perturba todo. Con el Eln hay un interés especial. No es el primer secuestro del Eln que el Gobierno disimula.

El espacio en blanco de su columna nos dolió mucho. Siquiera volvió a aparecer el domingo… Pero ¿volverá al Catatumbo?

Está muy difícil hacer crónica por las dificultades que atraviesan los medios de comunicación. Pero yo ya había hablado con Roberto Pombo, el director de EL TIEMPO, desde el 2 de mayo y le hice una propuesta que ya me aceptó: le voy a cambiar las cuatro columnas por dos crónicas mensuales.

(Aquí: ¿Cómo queda el Eln tras el secuestro de los tres periodistas?)

¡Cómo! ¿Y esa decisión de dejar la columna desde cuándo será?

Desde agosto. Lo hago porque las crónicas y los reportajes son un género en vía de extinción y porque por la edad que tengo no sé cuánto más me va provocar hacerlo.

Pues, personalmente lamento esa decisión. La admiramos por ser como es, por decir las cosas que dice, por su personalidad y por su gracia. Pero también es cierto, como dijo alguien estos días, que la situación del país amerita más información y menos opinión.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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