'Universidad Nacional debe ser interventora de paz': Ignacio Mantilla

'Universidad Nacional debe ser interventora de paz': Ignacio Mantilla

El rector la institución, habla del nuevo hospital y del rol de la universidad en el posconflicto.

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06 de junio 2016 , 08:52 p. m.

Cuando Ignacio Mantilla asumió la rectoría de la Universidad Nacional (UN), en el 2012, tenía claro que sacar adelante el proyecto del hospital universitario no daba más espera.

“Veníamos de un paro de la facultad de Medicina que reclamaba el hospital. Hubo muchas dificultades, pero ya lo tenemos, en su primera fase”, dice, con alivio, el rector de la Nacional. La estructura, de 24.000 metros cuadrados, está en el Centro Administrativo Nacional (CAN), en Bogotá; tiene 230 camas, está dotada con equipos de última tecnología y ofrece servicios en distintas especialidades.

“Para la segunda fase –dice Mantilla– proyectamos una construcción complementaria que nos permita alcanzar las 600 camas de capacidad y los 60.000 metros cuadrados de planta física”.

Para la Nacional, que nunca tuvo un hospital propio, la apertura constituye un hito si se tiene en cuenta que tras el cierre, hace 17 años, del San Juan de Dios, su sitio de práctica y formación médica desde inicios del siglo XX, la institución debió establecer hasta 150 convenios con varios centros asistenciales para que recibieran a sus alumnos, lo cual desembocó en la dispersión de su escuela de medicina.

¿Qué sigue con el hospital universitario?

Nos falta percibir recursos vía estampilla pro Universidad Nacional y demás universidades públicas (creada por la Ley 1697 del 2013 y reglamentada por el decreto 1050 de 2014) para construir la segunda fase; es muy importante que las entidades que deben contribuir a través de ella en efecto lo hagan; estamos pendientes de un fallo del Consejo de Estado a favor de la Nacional que señala que ciertas entidades deben pagar porque no lo estaban haciendo. La agilidad con la que se edifique la segunda fase depende de lo que se recaude.

¿En qué se ha concentrado la inversión de recursos de la Universidad Nacional?

El plan de desarrollo que termina estuvo centrado en la inversión en investigación e infraestructura; en el primer caso fueron cerca de 50.000 millones de pesos, y en cuanto a lo segundo, no recuerdo bien la cifra, pero solo en el hospital invertimos 38.000 millones en obra física, reforzamiento y recuperación, y 26.000 millones en equipos, que fueron recursos provenientes de la estampilla.

Cuando hablo de inversión hay que separar los dineros provenientes de recursos propios y los obtenidos gracias a la estampilla (que recauda mediante el gravamen de contratos de obra suscritos con entidades del orden nacional), que se distribuyen entre todas las universidades públicas; durante los cinco primeros años se privilegiará a la UN, con el 70 por ciento de lo recaudado.

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¿Y cuánto han recibido?

Gracias a eso obtuvimos, durante el primer año, 35.000 millones de pesos, los cuales se destinaron en su totalidad al hospital y a la dotación del edificio de enfermería. Ahora, de los recursos propios hubo 38.000 millones de pesos para el hospital y otras obras en Manizales (sede de la facultad de Ciencias), Bogotá (Archivo) y Medellín (el edificio del Ágora), entre otros.

¿Qué está haciendo la universidad para financiarse?

Hacemos extensión, asesoría y consultoría, que es un ingreso importante; está muy bien reglamentado, permite que las facultades tengan recursos que pueden invertir de manera autónoma y hacen que el nivel central tenga algún respiro. En eso, la UN tiene importantes proyectos y queremos captar mucho más por esa vía. Sobre todo ahora que hay recursos de regalías para ciencia e investigación. Está iniciando un nuevo periodo de gobernadores y alcaldes, y queremos contribuir con la formulación de proyectos para tener recursos adicionales.

¿Qué contratos tiene la universidad con el Estado?

Son básicamente los mismos, solo que en algunos casos con entidades privadas, y en otros, públicas. Por ejemplo, la universidad hace en estos días el concurso para elegir contralor y personero de Bogotá. La UN realiza unos exámenes y eso es lo que hacemos.

¿Cómo llevan conocimiento a zonas vulnerables o alejadas del país?

Como sería injusto poner a competir estudiantes de colegios de baja calidad, de zonas apartadas, con los mejores alumnos de las ciudades, tenemos un sistema de regionalización que ha sido muy exitoso. Cada semestre unos 1.200 jóvenes de esas regiones compiten entre ellos por 100 cupos; una vez admitidos eligen una carrera en Bogotá, Medellín, Manizales o Palmira. Durante los primeros tres o cuatro semestres están en sus territorios recibiendo cursos básicos para ponerse al día, y luego se van a estas ciudades a continuar los estudios.

Antes era muy difícil, porque muchos eran alumnos de origen indígena y sin experiencia en la vida en la ciudad. El primer semestre perdían casi todas las materias y volvían a sus comunidades como un ejemplo de fracaso. Ya no es así. Próximamente estaremos con este programa en la localidad de Sumapaz, en Bogotá, y en varios municipios de Caldas.

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¿Cómo están en materia de grupos de investigación y producción de doctores?

Tenemos el mayor número de grupos de investigación del país (1.007) y grupos clasificados en Colciencias. En cuanto a la formación de doctores, la UN tiene el 48 por ciento de los graduados como doctores en Colombia. El 29 por ciento de los programas de doctorado de Colombia son de nuestra universidad.

¿Cómo ve la producción de doctores frente a la demanda?

No es suficiente. Colombia produce cada año, en promedio, siete doctores por cada millón de habitantes; necesitamos llegar al menos a 60. El reto es muy grande y además somos pocas las instituciones que podemos formar doctores, porque se necesita una gran capacidad investigativa y una infraestructura especial. Un doctorado no se puede hacer a ratos, los fines de semana o a distancia; se necesita que el estudiante esté enteramente dedicado y que se encuentre financiado. El costo de producir cada doctor es de unos 400 millones de pesos.

¿Qué áreas concentran los doctorados?

La mayoría de doctores están en donde está el mayor número de grupos de investigación, que es en ciencias exactas y naturales, ingenierías y, en general, tecnología, seguidos por salud, ciencias sociales, las agrícolas y artes. Esta distribución muestra la importancia de hacer investigación, porque, por ejemplo, la que se hace en matemáticas a veces puede considerarse inútil: el impacto social que tiene un teorema puede ser nulo.

El país no puede renunciar a financiar la investigación en ningún área, necesitamos apoyarlas todas.

¿Cuántas patentes lograron el año pasado?

Logramos 35 patentes, siete de ellas internacionales. Lo más importante del asunto es que entramos en la cultura de patentar lo que hacemos, de luchar un poco por los títulos de propiedad industrial y los registros de derechos de autor.

Hay muchas tesis que traen grandes contribuciones, pero no nos preocupábamos porque los derechos de autor de esos trabajos queden debidamente registrados. Muchos de ellos quedaban guardados y solo los leían los jurados.

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¿Qué hace ineficientes a las universidades públicas?

Una de las mayores debilidades es la administración, pues es sumamente lenta: no podemos ejecutar con agilidad ninguna política y a veces hay trámites que son paralizantes. Burocráticos, sí.

Sin embargo, en lo académico puede verse como una fortaleza, porque aunque sea una debilidad en lo administrativo, allí nos permite reflexionar sobre los cambios que se realizan y eso hace que nos equivoquemos menos. Creo que las universidades se equivocan menos que los gobiernos gracias a eso.

¿Cómo se puede fortalecer la universidad a corto plazo?

Hay una cosa muy importante que la universidad debería liderar y es la figura de los pasantes posdoctorales, lo que es necesario para impulsar la calidad educativa. Es decir, que los doctores recién graduados vengan durante unos dos años, se involucren en las investigaciones, oxigenen nuestros grupos y luego tengan la opción de presentarse a los concursos docentes con el fin de vincularse de manera efectiva a la institución.

¿Deberían existir varias universidades públicas o solo una que concentre todos los esfuerzos?

No estaría tan seguro. Lo que sí creo es que para el Estado resultaría mejor y menos costoso consolidar una universidad ya formada y apoyar la creación de nuevas sedes si fuese necesario.

En vez de hacer nuevas universidades es mejor traer a los estudiantes a una institución ya establecida, en la que se formen con grandes profesores y grandes bibliotecas, características que deben estar presentes en la formación integral de los estudiantes.

¿Los recursos con que se financia el programa Ser Pilo Paga, del Ministerio de Educación, deberían ir mejor a las universidades públicas?

En un país donde hay tantas necesidades de apoyo a la educación superior, cualquier programa que se implemente hay que aplaudirlo, y esa es una muy buena iniciativa del Ministerio.

Sin embargo, hay que pensar en la gran población de estratos 2 y 3, que es el 85 por ciento de la que tenemos en la Nacional, que por no ser tan pobres no pueden acceder a Ser Pilo Paga, y tampoco son tan ricos como para pagar una privada de calidad.

Los pocos cupos que ofrecen las universidades públicas no son suficientes. A esa inmensa población hay que ofrecerle algún beneficio. Me parece que programas como Ser Pilo Paga son excelentes iniciativas, que se pueden perfeccionar y ampliar a otras poblaciones.

¿Cuál cree que sería el papel de la Nacional en caso de firmarse un acuerdo de paz?

La UN tiene, entre sus funciones, la misión de ser asesora del Estado, y en términos que usaría un ingeniero, la de ser la interventora de la paz. En una etapa de posconflicto, sería la organización encargada de validar lo que pase a partir de un acuerdo, dar fe lo que se cumple o que se incumple y al mismo tiempo propender porque los acuerdos sean duraderos.

LAURA AGUILERA JIMÉNEZ
Redactora Educación
Escríbanos a lauagu@eltiempo.com

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