La concentración solar, una evolución de la energía renovable

La concentración solar, una evolución de la energía renovable

El Sol es su materia prima, pero genera electricidad las 24 horas de manera independiente.

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06 de junio 2016 , 07:46 p.m.

Parece un vigía erguido en el desierto. A sus pies, un séquito de más de 10.000 silenciosos seguidores lo rodea. Con sus brillantes caras estratégicamente enfocadas captan el calor del Sol y se lo entregan. Las sales lo capturan y corren a guardarlo celosamente, hasta que les llega la orden de liberarlo. Día y noche, durante las 24 horas, los miles de espejos o heliostatos, como se llaman, y la torre capturan y convierten el calor del sol en electricidad.

No se trata de una planta fotovoltaica –que funciona con paneles solares–, sino de una de concentración solar, una tecnología que, en sus distintas modalidades, ya producía cerca de 4 GW en el mundo a principios del 2014, según la información de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés). La diferencia consiste en que, al contar con un sistema de almacenamiento de calor es, junto con la hidroeléctrica, la única de las energías renovables no convencionales (ERNC) que puede generar electricidad las 24 horas del día.

“Esta es la nueva generación en tecnología solar, ya que resuelve en forma rentable los temas de intermitencia experimentados con otras fuentes de energías renovables, como la fotovoltaica y el viento. Además, elimina la necesidad de tener un respaldo de energías fósiles, como gas natural, que sí necesitan otras tecnologías térmicas solares”, comenta desde Estados Unidos Tom Georgis, vicepresidente sénior de desarrollo de SolarReserve.

Georgis se refiere a la posibilidad de almacenamiento integrado de energía que permite que las plantas de concentración acumulen el calor por más de 10 horas y lo utilicen para generar electricidad incluso en la noche o en momentos donde aumenta la demanda.

“Es un paso importante hacia el aprovechamiento de los abundantes recursos de energías renovables y limpias, y aporta a la competencia en el sector eléctrico y para la diversificación de la matriz de generación”, comenta Carlos Finat, director ejecutivo de la Asociación Chilena de Energías Renovables. Agrega que uno de los impactos de esto es precisamente su bajo nivel de emisiones: “Las emisiones de CO por MWh producido por una central de concentración solar son 50 veces más pequeñas que las emisiones de una central termoeléctrica a carbón”, comenta.

¿Cómo funciona?

Para que el sistema funcione se requiere captar el máximo de energía solar y dirigirla hacia el lugar que tiene en su interior el sistema de generación y de almacenamiento.

Una planta de este tipo consiste en una torre de 200 metros que tiene en su parte superior un receptor, por el cual circulan sales disueltas. Alrededor de ella se instalan cientos de espejos –heliostatos– que captan y dirigen el máximo de concentración solar hacia el receptor.

“Las sales, que están disueltas en un estanque de baja temperatura, a 280° C, llegan hasta el receptor. Allí su temperatura se eleva a entre 500 y 600 grados Celcius, entonces son conducidas hasta un segundo estanque que las almacena hasta el momento en que se las requiere. Eso es lo que permite generar según demanda, incluso de noche”, explica José Antonio Lobo, director de desarrollo de SolarReserve Chile.

Según la información de la Agencia Internacional de Energía, se espera que las plantas de concentración solar sean las responsables de al menos el 11 por ciento del suministro eléctrico del mundo al 2050, alcanzando los 1.000 GW, lo que limitaría en más de 2,1 gigatoneladas las emisiones de CO anuales.

Por la alta inversión que requiere una concentradora solar, son instalaciones orientadas principalmente a industrias de gran escala o para entregar un aporte importante al sistema de generación de un país, ya que tienen una gran capacidad de generación.

De acuerdo con los especialistas, este sistema es uno de los más seguros desde el punto de vista ambiental: si bien cubre amplios espacios de terreno, para la instalación de los heliostatos, no genera ruido ni olores, ni emite gases de efecto invernadero.

PATRICIA VILDÓSOLA ERRÁZURIZ
El Mercurio (Chile)

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