Del Santa Inés al 'Bronx', el sector más marginal de Bogotá

Del Santa Inés al 'Bronx', el sector más marginal de Bogotá

¿Cómo uno de los barrios históricos de la capital se convirtió en la 'olla' más grande del país?

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05 de junio 2016 , 10:30 p.m.

La zona en donde funcionaba hasta hace una semana el mayor expendio de drogas en Bogotá, el ‘Bronx’, fue en otrora un valorizado e histórico sector de la ciudad. A inicios del siglo XX, en el barrio Santa Inés y sus alrededores residían familias de renombre como los Turbay, los Rima y los Salem. Tener una casa allí significaba pertenecer a la clase media alta de la época.

Pero el barrio fue desapareciendo durante décadas para darle paso al ‘Cartucho’, y luego al ‘Bronx’. Ahora del Santa Inés solo quedan unas pocas edificaciones, ya derruidas y desmanteladas por un inquilino acomodado en el sector desde la segunda mitad del siglo pasado: el hampa.

De acuerdo con el libro ‘El Cartucho’, que narra la historia de esa zona, el barrio Santa Inés se llamaba así por la santa italiana Inés de Montepulciano. La devoción por ella llegó a Bogotá en el siglo XVII con la construcción de una iglesia en su honor. “Era de estilo colonial. Allí reposaban los resto del botánico José Celestino Mutis”, cuenta Néstor Cardozo, historiador de la Universidad Nacional.

El trazado del barrio comprendía las calles Sexta y Doce y las carreras 10.ª y 15 (la actual avenida Caracas), muy cerca de las instituciones que ostentan el poder en Colombia y la Casa de Nariño, la residencia del Presidente.

La iglesia de Santa Inés, símbolo del barrio, duró en pie hasta febrero de 1957, cuando el alcalde de la ciudad por ese entonces, Fernando Mazuera, decidió demolerla para levantar la actual carrera 10.ª. “Una de las cosas que llevó a Mazuera a tumbar la iglesia para construir la carrera fue el inicio del deterioro de la zona”, explica el historiador. El Bogotazo, la mendicidad y la aparición de lugares dedicados a la prostitución provocaron el desplazamiento de sus habitantes hacia el norte de la ciudad.

(Lea también: 55 años después de demoler una iglesia, sus tesoros aún existen)

Luego de ser abandonadas, algunas de las casas quedaron a merced de los habitantes de calle, mientras que otras fueron convertidas en inquilinatos. “Antes de la aparición de la Terminal de Transportes (en los ochenta), el Santa Inés fue el punto de llegada a la ciudad. Las principales empresas de flotas y de transporte de carga tenían su paradero allí”. Este barrio era lo primero que conocían de Bogotá los migrantes y los viajeros.

Cardozo asegura que la desaparición del templo y la construcción de la carrera 10.ª fueron determinantes para la transformación del barrio, pues quedó dividido e incomunicado con el resto de la ciudad. “El Santa Inés quedó casi desocupado. Eso permitió la entrada de las primeras bandas delincuenciales y las primeras ‘ollas’”. El Castillo fue una de ellas.

Era una casa republicana de dos pisos que, según el libro ‘El Cartucho’, primero fue una mansión y posteriormente un hotel. Una joya arquitectónica. Pero entre los cincuenta y los sesenta, El Castillo se convirtió en un ‘sopladero’ (sitio para consumir drogas).

Una reportera de este periódico reseñaba así el lugar en el 2002, año de su demolición: “Atrás quedó El Castillo, que no llegó a ser museo ni monumento nacional, sino un simple socavón invertido, con las paredes cubiertas de la costra grasosa que dejó tantos años de convivencia entre ñeros y recicladores”.

Archivo Particular.

Los primeros edificios de apartamentos

El barrio y su iglesia, erigida en 1645, presenciaron parte del desarrollo de Bogotá. Hacia el norte del templo se abrió la primera carnicería pública en 1663; en lo que actualmente es la carrera 10.ª con calle 11 se levantó el hospital Jesús, María y José -hoy desaparecido- en 1718; y una de las dos primeras fuentes públicas de agua que tuvo la capital se construyó en el noroeste de la iglesia en 1823.

La Oficina de Mejoras y Ornato y el Palacio de Higiene (en su momento una de las edificaciones más altas de la ciudad) quedaban allí. También los primeros edificios de apartamentos que existieron en Bogotá”, comenta Cardozo, quien agrega que el diseño arquitectónico predominante del sector era el republicano.

Cuando la Plaza de Bolívar dejó de ser un mercado, el Santa Inés albergó a los campesinos y comerciantes que vendían sus productos en la plaza mayor de la capital. “Fue hasta mediados del siglo XX un mercado importante para los capitalinos”.

A partir de los setenta y los ochenta, el deterioro del sector comienza a ser más notorio. Buena parte de los habitantes de calle de Bogotá ya vivían en el barrio y el crimen organizado se instaló en sus calles y esquinas. ‘Pajarito’, ‘El Bunker’, ‘El Roto’, ‘La Reja’ y ‘La Cartonera’ fueron algunos de los grupos que surgieron.

Los recicladores han estado en el barrio desde los cincuenta. Tienen sus bodegas desde esa época. Pero los criminales se aprovecharon de las condiciones de la zona para vender droga, robar e incitar a la prostitución”, asegura Johan Avendaño, geógrafo e investigador de la Universidad Central.

Después vendría la intervención al barrio en 1998 por parte de Enrique Peñalosa y la construcción del parque Tercer Milenio. Todos los males del Santa Inés se trasladaron a otras partes de la ciudad. Sin embargo, la mayoría se concentraron en el ‘Bronx’, el infierno del que se está hablando por estos días. De ese modo se sepultó a uno de los barrios históricos de Bogotá.

Archivo Particular.

JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS
Periodista ELTIEMPO.COM

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