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¿Qué es la generación 'fitster'?

¿Qué es la generación 'fitster'?

Ajustar la vida a rutinas de ejercicio y hábitos saludables es la prioridad de esta 'tribu urbana'.

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El deporte es su religión; el gimnasio, su templo preferido; Instagram, su principal vitrina. Los ‘fitsters’ –‘hipsters fit’– han convertido el deporte en algo ‘cool’. Para ellos, hacer ejercicio es tan fundamental que lo practican diariamente y hasta organizan su vida personal, su vestimenta y su alimentación en torno a la actividad física. Los especialistas aplauden estos hábitos saludables, pero cuestionan que haya tanto feligrés dispuesto a seguir sus consejos ciegamente.

Levantarse a las cinco de la mañana, cinco días a la semana, para contar con al menos dos horas y media para entrenar. Pesar los alimentos para asegurarse de que se están comiendo exactamente 300 gramos de pepino o brócoli, no 301. Comer lo que hay que comer, seis veces al día, aunque eso signifique ir de un lado a otro con comida en potes plásticos herméticos y hasta embarcarse en un avión llevando una lonchera con platos previamente preparados en la casa. Javiera Eyzaguirre, conocida fotógrafa, hace todo esto. Es parte de su entrenamiento en una disciplina que se conoce como bikini ‘fitness’ y que promueve el desarrollo muscular.

(También: La tecnología de la salud se consolida en el salón de la electrónica)

Pamela Vera, diseñadora gráfica de 32 años, muy tatuada, hace ‘pole dance’ y ‘running’, además de trasladarse en bicicleta a su trabajo y salir a correr o a subir cerros los fines de semana. Todo esto, dice, le sirve para llegar a su casa con energía. También, para olvidarse del trabajo y administrar su blog ‘Fabuloso colectivo’ y su página web cabrochico.com.

Javiera y Pamela son ejemplos del movimiento ‘fitster’. Una tendencia que desde comienzos del 2015 reúne a un grupo de personas que practican deporte sagradamente y promueven la alimentación saludable como algo ‘cool’. Como un estilo de vida. De ahí su nombre, que mezcla el concepto ‘fit’ (estar en forma) con ‘hipster’, subcultura con intereses intelectuales que marcó tendencia a comienzos de esta década.

“Ahora si haces deporte, eres ‘cool’. Antes solo te decían, quizá, que era entretenido”, confirma Pamela Vera.

Los ‘fitsters’ no son, como se podría pensar, ‘hipsters’ que repentinamente comenzaron a interesarse por el ‘crossfit’ o el ‘running’, sino adultos que organizan su agenda y su alimentación en función de la actividad física que practican, ojalá a diario. A nivel internacional, son conocidos por usar ropa deportiva de marca o de diseñador, incluso fuera de los gimnasios, por lo que se han convertido en una suerte de representantes de una tendencia ‘fashion’ que se conoce como ‘sporty chic’ o ‘athleisure’. También son férreos consumidores de los últimos gadgets –relojes que miden pulsaciones y gasto de calorías, como el ‘SmartWatch’, de Apple, el Samsumg Gear Fit y el ‘Gym Watch’– y aplicaciones tecnológicas para el deporte.

Aunque se trata en su mayoría de ‘millennials’ (es decir, tienen entre 20 y 34 años), hay ‘fitsters’ de todas las edades y el abanico de opciones deportivas es amplio: va desde clásicos de bajo impacto como el yoga o el pilates hasta prácticas en boga como el pole dance o el entrenamiento funcional, que hace de los movimientos cotidianos rutinas de ejercicio. La mayoría combina varios tipos diferentes de actividad física. Lo que les importa, finalmente, es moverse. Lo más posible.

Además, los ‘fitsters’ suelen tener un hábito en común: acostumbran subir en las redes sociales –Instagram es su espacio predilecto– fotos de ellos mismos haciendo deporte o ejercicios. Estas imágenes los han ayudado a convertirse en una suerte de modelos por seguir para muchas personas que también se interesan por la actividad física. Además, comparten en sus redes distintos consejos de alimentación con un mensaje claro: no hay que comer poco, sino bastante, pero bien. Es común ver en sus plataformas fotos de alimentos saludables como los ‘smoothies’, jugos verdes, platos con quinua, preparaciones con avena.

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Para el preparador físico Ricardo Tagle, los ‘fitsters’ son la expresión de una necesidad que estaba latente y que, gracias a las redes sociales, logra manifestarse de manera masiva. Seguimos siendo los mismos animales de hace tres mil años, dice, pero ahora pasamos mucho tiempo sentados y esto enferma cuerpo y mente.

“Qué bueno que el deporte se ponga de moda y qué bueno que la gente comparta en sus redes sociales sus logros, porque esto los empodera y porque se convierten en buenos referentes para otros. Si estoy echada en mi cama viendo fotos de gente haciendo ejercicio, me digo: yo quiero hacer eso. Lo mismo si veo una foto de un batido verde: voy a querer tomar uno”, comenta la actriz chilena, de 30 años, Marita García.

“Yo no soy una sex symbol, no soy referente en eso, no es mi target –agrega–. Para mí, subir fotos haciendo deporte tiene un sentido de responsabilidad, de compartir algo positivo”.

Marita practica yoga –está formándose como instructora– y también ‘running’. Es vegetariana: para poder correr tuvo que empezar a tomar aminoácidos y batidos orgánicos de proteínas veganas. Al trotar, explica, las fibras musculares se rompen y se necesitan proteínas para “rellenarlas”; de lo contrario, se llenan de ácido láctico, lo que produce mucho dolor.

Estética y algo más

La mayoría de los ‘fitsters’ no hacen deporte ni cuidan su alimentación solo para verse bien. Ni siquiera están enfocados en los beneficios que la actividad física pueda tener en su salud a mediano y largo plazo.

Lo que más los engancha es haber hallado en el moverse una manera de paliar el estrés de la vida actual y descargar la energía acumulada luego de horas de permanecer sentados frente a un computador. ¿Ejemplos? Paz Urrutia, periodista de 45 años, practica TRX –ejercicios de suspensión con un sistema de cuerdas– dos veces a la semana. Además, tres veces a la semana va al gimnasio. También anda en bicicleta, trota, escala cerros, y en algún momento hizo spinning.

“Aunque es rico estar tonificada, hago todo esto porque soy demasiado acelerada y me pone más tranquila, más estable”, explica.

(Lea: El portal que crea hábitos de vida saludable)

La conocida bloguera Nicole Putz ha encontrado algo similar en la práctica del yoga: “Me equilibra en lo emocional y mental. Mi trabajo es muy social, con muchos eventos. Esto es silencio, es disciplina”, dice. Y para Marita García, el ‘running’ implica una “meditación activa”, que la lleva “a un trance que aquieta la mente”.

“A mí el deporte me cambió la vida. Soy otra persona. Corro diez kilómetros como si hubiera caminado una cuadra –asegura Javiera Eyzaguirre–. Pensé en hacer deporte para mantenerme bien, porque, como mi trabajo es de mucho estar sentada, si no, me iba a tullir. Y lo que encontré fue una manera de sacar la energía que tengo adentro. Me saqué hasta las angustias, las emociones exageradas. Nunca más una crisis, nunca más no poder contenerme a mí misma”.

Con todo, los referentes internacionales más conocidos entre los ‘fitsters’ se caracterizan por promover la actividad física con objetivos netamente estéticos, lo cual despierta alarmas entre los profesionales del deporte y la salud. Entre las más famosas figura la modelo neoyorquina Jen Selter, con más de ocho millones de seguidores en Instagram, quien es conocida por sus ejercicios para los glúteos. La australiana Kayla Itsines –quien, con 4,3 millones de seguidores, asegura liderar la comunidad ‘fitness’ más grande del mundo– es la creadora de un sistema de alimentación y ejercicios que busca lograr un cuerpo tonificado.

“En redes sociales, y sobre todo en Instagram, hay gurús del ‘fitness’ que no tienen estudios ni tienen más que una bonita imagen y calidad para hacer fotografías. Tal vez muchos de ellos están asesorados por personas del mundo del deporte que están en la sombra, pero no lo sabemos. Son buenos inspiradores, pero hay que ir con cuidado, pueden ser buenos guías o no”, advierte el consejero deportivo español Emilio Hernández.

“Esto es un verdadero fenómeno. Si ver estas fotos y videos me ayuda a motivarme, perfecto; es positivo que haya una preocupación por el cuerpo y por hacer ejercicio. Pero hay que tener cuidado con comenzar a copiar lo que el otro come, lo que el otro hace, sin una orientación profesional personal, sin saber si eso es seguro para mí”, agrega la médica deportóloga Sandra Mahecha.

La profesional recuerda que es importante no obsesionarse con la actividad física al punto de vivir pendiente de ella o dedicarle más de dos horas al día.

Que haya un grupo de gente haciendo que el deporte sea ‘cool’ es algo para celebrar, manifiesta Ricardo Tagle. Mientras más gente se mueva, mejor, dice. Pero advierte: “No es bueno que esto ocurra sin un proceso de reflexión, sin pensar por qué estoy haciendo este deporte, si realmente me siento realizado haciéndolo o si solo me motiva la necesidad de pertenecer. No es recomendable hacer ejercicios de alto impacto, de alta exigencia, con una visión cortoplacista más relacionada con la vanidad de lograr metas que con un estilo de vida saludable”.

SOFÍA BEUCHAT
El Mercurio (Chile) - GDA

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