Las dos caras de la moneda / Análisis

Las dos caras de la moneda / Análisis

La Cuarta Revolución Industrial podría llevar a un aumento de la capacidad humana.

04 de junio 2016 , 08:48 p. m.

Entre los desafíos que enfrenta el mundo, quizás el mayor sea la Cuarta Revolución Industrial. Las nuevas tecnologías están fusionando los mundos físico, digital y biológico de maneras que transformarán a la humanidad. Del modo en que abordemos sus riesgos y oportunidades dependerá lo positiva que esta transformación pueda ser.

Esta revolución se basó en la Tercera Revolución Industrial, conocida también como Revolución Digital, que dio pie a la proliferación de los computadores y la automatización, pero la nueva ola transformadora difiere de sus predecesoras en varios aspectos. En primer lugar, las innovaciones se pueden desarrollar y difundir más rápido que nunca. Segundo, la reducción de los costos de producción y al auge de las plataformas que reúnen actividades de diferentes sectores aumenta los rendimientos de escala. Tercero, esta revolución global afectará a todos los países.

La Cuarta Revolución Industrial puede empoderar a personas y comunidades a medida que crea oportunidades de desarrollo. Pero también puede causar marginación y riesgos para la seguridad, además de socavar las relaciones humanas.

Por eso, debemos reconsiderar nuestras ideas sobre el desarrollo, la creación de valor, la privacidad, la propiedad y hasta la identidad. Tenemos que abordar los problemas morales y éticos que pone por delante la investigación de vanguardia en inteligencia artificial y biotecnología, cuyos hallazgos harán posible una importante extensión de la vida, el diseño de bebés y la extracción de la memoria. Y tenemos que adaptarnos a nuevos modos de conocer personas.

No se puede subestimar el reto. La Cuarta Revolución Industrial podría llevar a un aumento de la capacidad humana que nos haga cuestionar la naturaleza misma de nuestra existencia. Pensemos en cómo la tecnología móvil ya nos ha cambiado. A medida que la novedad de las prendas tecnológicas o wearables abra paso a su necesidad cotidiana y, más tarde, se conviertan en tecnología integrada a nuestras vidas, ¿perderemos la oportunidad de reflexionar y participar de conversaciones significativas? ¿Cómo cambiarán nuestra vida interior? Se trata de preguntas de peso.

Por supuesto, la tecnología no es una fuerza sobre la cual no tengamos control. Más bien, las decisiones que cada día tomemos marcarán el rumbo del avance. Mientras más pensemos sobre esas decisiones, nosotros mismos y los modelos sociales de los que dependemos, mejores serán nuestras posibilidades de orientar la revolución de modo que vaya en dirección de nuestros objetivos comunes y sostenga nuestros valores.

Para ello son necesarios tres pasos. Primero, debemos seguir creando conciencia acerca de lo que está en juego. La toma de decisiones no puede ocurrir aisladamente. Necesitamos un enfoque amplio que reúna a las mentes más brillantes.

En segundo lugar, desarrollar narrativas constructivas acerca del rumbo que debería tomar esta revolución. Por ejemplo, asegurándonos de que nuestro comportamiento se guíe por valores morales y éticos, incluso en los mercados. Debemos ir más allá de la tolerancia para abrazar la empatía y lograr que el empoderamiento y la inclusión sean principios guía de nuestras acciones.

En tercer lugar, debemos reestructurar nuestros sistemas económico, social y político. Está claro que las estructuras de gobierno y los modelos predominantes de creación de riqueza no pueden satisfacer nuestras necesidades actuales ni las futuras.

Con todo lo notables que sean, las nuevas tecnologías son herramientas creadas por personas para personas. Debemos recordar esto y asegurarnos de que la innovación siga poniendo a la gente en primer lugar.

Tengo la convicción de que la nueva era tecnológica, si se encara responsablemente, podría catalizar un renacimiento cultural que nutra la noción de una civilización global. Pero también puede atentar contra las fuentes que dan sentido a la humanidad (trabajo, comunidad, familia e identidad). La decisión es nuestra.

KLAUS SCHWAB
Fundador y presidente del Foro Económico Mundial
© Project Syndicate
Ginebra (Suiza).

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