Comenzamos

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Solo con educación de calidad para todos nuestro país será más equitativo y democrático.

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04 de junio 2016 , 07:36 p.m.

Los niños no escogen en qué familia nacen, y por eso el deber de una sociedad es ofrecerles a todos las mismas oportunidades. En Colombia tenemos una de las sociedades más desiguales del mundo, y solo con educación de calidad para todos nuestro país será más equitativo y democrático.

En el 2014, el presidente Santos fijó un reto: ser el país mejor educado de América Latina en el 2025. Es un objetivo que implica buscar resultados en el corto y mediano plazo, para que la mejora en la calidad educativa se traduzca en igualdad de oportunidades. Que el futuro de un niño no dependa del lugar donde nace, sino de su esfuerzo y disciplina.

En el informe que presentó en abril la Ocde se concluye que hemos avanzado en cobertura por encima del promedio de la región y que tenemos enormes retos en calidad. Con el objetivo claro y con el diagnóstico elaborado, entonces, estamos avanzando en tres líneas principales:

Primero, la jornada única para los colegios públicos, que es una deuda histórica. Hace 45 años, por carencia de aulas, se optó por una medida “temporal”: la doble jornada. Pero ¿qué ha sucedido? Que cada día, un niño de colegio privado cursa entre 2 y 3 horas más de clase que uno de colegio público. Al final del bachillerato, el niño del privado cuenta con 3 años más de escolaridad, aumentando así la inequidad.

La jornada única quiere revertir tal situación para ofrecer más años efectivos de educación de calidad, de modo que sea real la igualdad de oportunidades. Esto se traduce en más horas de los niños en el colegio aprendiendo y menos horas en la calle. Hoy ya tenemos 502.000, y en el 2018 serán 2,3 millones de niños en jornada única. Uno de los grandes retos para este logro ya está en marcha: la construcción de 30.000 nuevas aulas, equivalentes a 1.500 colegios, en todo el país.

Segundo, los mejores maestros en los colegios públicos. Esto implica capacitación constante, incentivos, mejoras salariales y reconocimiento no solo del Gobierno, sino de toda la sociedad, para que los mejores bachilleres estudien con la ilusión de convertirse en buenos maestros.

Para este fin, por primera vez entregamos becas a 7.700 docentes para que cursen maestrías en las mejores universidades del país. Al final del cuatrienio duplicaremos este número. También diseñamos una nueva evaluación que nos permite diagnosticar fortalezas y debilidades para mejorar, por medio de cursos cortos y permanentes.

Como reconocimiento a los maestros y rectores que trabajan por mejorar la calidad de la educación en sus colegios, entregamos 78.000 millones de pesos en estímulos. Asimismo, aumentamos el salario del magisterio 7 puntos por encima del IPC en los últimos tres años.

Avanzamos en la formación de los futuros docentes. Este año, 700 beneficiarios de Ser Pilo Paga optaron por ser maestros, y elevamos las condiciones de los programas de licenciaturas, exigiendo su acreditación obligatoria. ¡En definitiva, en Colombia, ser maestro tiene que pagar!

Tercero, la educación superior de calidad debe ser una realidad para cualquier niño colombiano. Ser Pilo Paga demostró que no hay que ser rico para ir a las mejores universidades. Hoy tenemos 22.500 estudiantes de familias que no podrían haberles ofrecido a sus hijos tal posibilidad. En la mayoría de los casos, son los primeros profesionales en sus casas, lo que demuestra que sí es posible la igualdad de oportunidades. También mejoramos las condiciones para los créditos del Icetex y, con recursos del Cree, entre el 2013 y el 2016, hemos garantizado 1,2 billones de pesos adicionales para inversión en las universidades públicas.

El cumplimiento de nuestros objetivos en calidad nos indica que vamos por buen camino hacia la meta trazada. Los resultados son tangibles ya. Apuntan a reducir la desigualdad mediante la educación. Pero esto es solo el comienzo de una maratón que tomará el trabajo de una generación y requiere el empeño de todos: partidos, gobernantes, padres de familia y comunidad educativa.

No podemos bajar el ritmo de este cambio estructural, fundamental para que la educación sea el factor que nos brinde las mismas oportunidades a todos.

GINA PARODY
Ministra de Educación

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