Un secuestro absurdo 1

Un secuestro absurdo 1

Lo que hice en El Tarra lo he repetido infinidad de veces con guerrilla y paramilitares desde 1999.

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04 de junio 2016 , 07:36 p.m.

Gracias de corazón a la Iglesia católica, a la Defensoría del Pueblo de Ocaña, a las personas que rezaron por mí, a los que me respaldaron con independencia de su signo político, a los militares y policías que se jugaron la vida por rescatarme, al Gobierno, que estuvo pendiente de mi familia, a los colegas, a la Flip. Gracias, gracias, gracias.

* * *

No sé qué tipo de periodismo esperan algunos. Si repudian el que una vaya a las regiones a informar sobre lo que ocurre en el terreno, hablando con la gente, será que prefieren el periodismo telefónico, el de escritorio cachaco. De paso, defenderán el periodismo agachado, el que traga entero, el que mira para otro lado, el complaciente, el que no corre riesgos, el que no afea con sus pinceladas realistas el bello cuadro del país de las maravillas que siempre pintan los gobiernos.

Si imprudente es ir al Catatumbo, ¿acaso no lo es destapar los crímenes que comete ‘Martín Llanos’ desde la cárcel e ir al Casanare a hablar con testigos? ¿Cuál es la diferencia? ¿Que uno son guerrillas ‘ad portas’ de un proceso de paz y otros, paracos sin interés político?

¿Quién pone en riesgo la credibilidad del Eln y su voluntad de paz, una como reportera que incluye en sus crónicas todas las voces o el Eln, que insiste en secuestrar ciudadanos?

Para algunos, una no debe meterse en el Catatumbo para ver qué diablos ocurrirá el día que las Farc entreguen las armas en un territorio donde coexisten el Eln, Epl y mares de coca. Lo bueno, supongo, sería acudir a una sesión del Gobierno en Tibú u otra cabecera municipal, bien protegida por cientos de soldados, y reproducir lo que cuentan. O quedarse en La Habana esperando noticias de las partes. O, de pronto, aguardar los informes sesudos de la ONU, cuyos representantes (los vi en El Tarra) solo pueden estar dos horas en la localidad, puesto que sus estrictos protocolos de seguridad no les permiten que sus potentes camperos circulen por zona roja al caer la tarde.

Por supuesto que fui idiota al fiarme del Eln y creer que me devolverían los equipos que me quitaron el viernes y me dejarían seguir mi camino, con o sin entrevista. Jamás imaginé que me secuestrarían y que copiarían la información que llevaba en mis memorias, celular, correo electrónico, computador, etc., algo muy grave para un periodista.

Tampoco preví que persistirían en el error al llevarse a dos reporteros de RCN solo por pertenecer a un medio muy crítico con el terrorismo. Si fuese control territorial, los habrían devuelto como hicieron con el de Caracol.

Ahora más que nunca reivindico el derecho a seguir viajando por la otra Colombia, a contar lo que veo de esa nación olvidada, y así se lo dije a la guerrilla. Y no hay medida de protección que valga; quien diga que se requiere custodia es que no sabe de lo que habla. Igual que deben continuar su trabajo las decenas de valientes colegas de provincia empeñados en destapar ollas podridas de sus gobernantes, aun a riesgo de sus vidas. Bienvenida su imprudencia.

Lo que hice en El Tarra lo he repetido infinidad de veces con guerrilla, paramilitares y mafiosos desde 1999. Si no quieren darme entrevistas, perfecto, están en su derecho y, además, no los necesito. Hay otras historias que contar de las maravillosas personas que habitan el Catatumbo y demás regiones apartadas, así como del abandono que sufren, que son más interesantes que los grupos ilegales. ¿No las cubrimos?

SALUD HERNÁNDEZ-MORA

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