Editorial: Un arranque flojo

Editorial: Un arranque flojo

En comparación con otros países, economía colombiana se comportó bien en primer trimestre del año.

04 de junio 2016 , 07:36 p. m.

Nadie, ni siquiera la gente del equipo oficial, esperaba que el balance de la economía durante el primer trimestre fuera muy alentador. Aun así, no faltaron las caras largas el viernes pasado cuando el Dane informó que el ritmo de aumento del producto interno bruto llegó apenas al 2,5 por ciento entre enero y marzo, ligeramente por debajo de los cálculos de los expertos.

Si bien no es catastrófica, la cifra en cuestión es floja. Para comenzar, confirma que la desaceleración que empezó desde hace más de un año es más prolongada y profunda de lo que creían los optimistas. Debido a ello, los riesgos de nuevos tropiezos persisten, sobre todo si las autoridades no consiguen que los ramos sobre los cuales se han hecho las mayores apuestas muestren mejores resultados en un futuro cercano.

El primero en la lista es la industria, llamada a ser uno de los sectores líderes, tanto por el efecto de la devaluación del peso frente al dólar, que hace más competitivos los bienes nacionales, como por la entrada en marcha del proyecto de Reficar en Cartagena. Sin embargo, estamos lejos del 8 por ciento de expansión que pronosticó el Ministerio de Hacienda, pues el segmento fabril llegó a 5,3 por ciento frente a igual periodo del 2015.

Los conocedores aceptan que la larga temporada de Semana Santa influyó negativamente en lo conseguido, pues el número de días laborables se redujo. Y aunque eso es verdad, una tercera parte de los 24 renglones manufactureros medidos está en rojo, una proporción que sube a la mitad cuando la comparación se hace con el último trimestre del año pasado.

También surgen preguntas con respecto a la construcción, a pesar de que la tasa observada es de un saludable 5,2 por ciento y que esta ha sido presentada como una locomotora cuya velocidad será cada vez mayor. El motivo de la inquietud es que sus componentes se comportaron en forma bien distinta. Aunque las edificaciones sacaron la cara, debido a la vivienda y los proyectos no residenciales, las obras civiles mostraron un avance muy modesto, asociado en parte a que la mayoría de los ambiciosos programas de infraestructura definidos no comienzan todavía la etapa de las obras.

Por otro lado, el desempeño de la economía se vio impactado por diversos factores. El intenso fenómeno climático del Niño fue determinante para que la producción agropecuaria mostrara un ascenso de apenas 0,7 por ciento, dado el desplome de los cultivos transitorios. La descolgada en los precios de las materias primas influyó igualmente para que la minería y el petróleo experimentaran una fuerte contracción, del 4,6 por ciento, que comprueba que la bonanza es cosa del pasado.

Para no entrar en descripciones adicionales, basta resumir lo sucedido en una frase: los motores que debían impulsar el PIB tuvieron menos vigor del que se pensaba, mientras que el frenazo en las áreas con dificultades acabó siendo más fuerte de lo pronosticado. La mayoría de los expertos consideran que estamos en plena ralentización y que la posibilidad de mantenernos en guarismos muy similares al de principios del año es alta.

Expandirse al 2,5 por ciento anual es positivo en el contexto regional. En comparación con Brasil, cuya economía cayó en más de 5 por ciento en el primer trimestre, nos podemos dar por bien servidos. Sin hablar de casos críticos como el de Venezuela, vamos mejor que Chile y cerca de México, mientras que Perú es el de más positivos resultados entre las naciones con más población.

No obstante, consolarse con el infortunio de los demás sirve poco. Un país con tantas necesidades insatisfechas como el nuestro necesita que su economía mejore su desempeño, aun en un contexto global complejo. De lo contrario, indicadores críticos como el desempleo –que en abril volvió a ubicarse en un dígito– podrían comenzar a mostrar signos de deterioro.

Con el fin de que eso no suceda, el Ejecutivo está obligado a hacer lo que esté en sus manos para que las concesiones viales de cuarta generación completen sus cierres financieros más temprano que tarde, al igual que las asociaciones público-privadas de iniciativa privada. De la misma manera, la Administración requiere enviar señales claras en materia de impuestos, pues una cosa es decir que es obligatoria una reforma tributaria y otra es no dar detalles sobre los elementos que incluiría la propuesta que se le remitirá al Congreso.

En conclusión, así el viento sople en contra, es factible conseguir que en lo que resta del 2016 el crecimiento económico vaya de menos a más, tal como sucedió el año pasado. Para lograrlo, hay que reaccionar desde el lado de las políticas públicas y darles más espacio a la inversión privada y a la iniciativa empresarial. Y, sobre todo, pasar de las incógnitas a las certidumbres.

editorial@eltiempo.com.co

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