Alí, un campeón como ningún otro en cualquier deporte

Alí, un campeón como ningún otro en cualquier deporte

El boxeador más grande de todos los tiempos. Un ícono de los pesos pesados. Un mito del planeta.

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04 de junio 2016 , 03:12 p. m.

.“Fue un campeón como ningún otro en cualquier deporte”. La frase me la dijo Jimmy Ellis para referirse a su amigo Mohamed Alí, el mismo que murió la noche del pasado viernes a los 74 años, en Phoenix (Estados Unidos), tras afrontar en las últimas horas problemas respiratorios.

Recuerdo que Ellis –excampeón mundial profesional de la máxima categoría y único vencedor de Alí como aficionado en Louisville, la cuna de ambos– lo expresó en un hotel frente al mar Caribe, en el barrio de Bocagrande, en Cartagena de Indias, en los primeros días de julio de 1983, cuando vino como entrenador del peso pesado colombiano Bernardo Mercado, a una pelea con el mexicano Fernando Montes, en la plaza de toros de la capital de Bolívar.

Y estoy de acuerdo con esa frase, letra por letra, palabra por palabra: como Alí no hay ninguno en cualquier deporte.

Por eso, ahora cuando partió, y preguntan si este es el Pelé del boxeo, respondo, de manera tajante, no. Pelé, más bien, es el Alí del fútbol. El gigante brasileño está en el segundo peldaño en el escalafón de las mejores individualidades del deporte en todos los tiempos, aunque cerca, debajo de ‘El más grande’.

Y no solo para Estados Unidos, su patria natal, sino para países futboleros, como España e Inglaterra, citando solo tres en general, donde quien nació con el nombre de Cassius Marcellus Clay –que cambió en 1964 porque era nombre de esclavo– fue elegido El Deportista del Siglo XX, sin ningún tipo de discusión.

Primero por su técnica y físico boxeril. ¿Qué peso completo (200 o más libras) puede tener la agilidad, destreza y habilidad para moverse como él lo hacía en el cuadrilátero, acompañado de elegancia y efectividad, resumido en su famosa frase de ‘Flotar como una mariposa, picar como una abeja’?

Antes de pregonarlo ya lo hacía en Estados Unidos como aficionado y luego lo demostró en los Juegos Olímpicos de Roma-60, donde ganó la medalla de oro en la penúltima división aficionada, la semicompleto.

Y luego, con un jab efectivo, complementado con un recto de derecha, ambos veloces, además de guardia cerrada y desplazamientos rápidos, también lo evidenció en el campo profesional, venciendo a su rudo compatriota y amplio favorito Sonny Liston en 1964 y conquistando, de manera sorpresiva, el campeonato mundial.

Campeonato que lo defendió de manera exitosa en nueve ocasiones y jamás lo perdió en el cuadrilátero, solo en los estrados judiciales, cuando, en 1967, por negarse a ir a la Guerra de Vietnam, el gobierno de Estados Unidos lo despojó del pasaporte, le retiró la licencia de boxeador y lo multó con 10.000 dólares.

Regresó como si nada

Tres años y medio más tarde, sin ninguna actividad competitiva, regresó casi intacto. Y aunque luego de dos batallas triunfales, perdió el invicto ante Joe Frazier, en aquella pelea de marzo de 1971, en el Madison Square Garden de Nueva York, la misma que paró por dos horas la guerra del Vietnam, en 1974, en Zaire, en otra exhibición de pericia defensiva, noqueó al favorito ponchador George Foreman y se convirtió de nuevo en campeón mundial. Reafirmó, en esa ocasión, que además tenía una inteligencia también única.

Así le gustaba a Alí ver a sus rivales; en el piso, liquidados, sin posibilidad de volver a pararse. (EFE)

A Foreman, además de aguantarle todos los embates ofensivos, lo aniquiló demanera mental. Así también había hecho con Liston, a quien le dijo que si tenía el cinturón de campeón mundial para amarrarse los pantalones. A Foreman le dijo que lo haría llorar, porque era un científico del boxeo. Y lo cumplió al pie de la letra.

Ese don lo definió muy bien otro amigo suyo, el escritor Norman Mailer, que lo acompañó en las peleas, diciendo que era “la encarnación de la inteligencia humana más inmediata que se haya visto hasta hoy”.

Y su médico personal, Ferdie Pacheco, lo describió así: “Alí fue el más grande boxeador, pero también empleó la mente para acabar con sus rivales”.

Una caja de sorpresas

¿Pero cómo describirlo deportivamente?

Alí era técnico. Su estilo gustaba. Metía las manos a la perfección, casi sin fallar. Primero abría con derecha, pero cuando quería sorprender, lanzaba la derecha de manera inicial. Con él no había un patrón de combate determinado, pero, por lo general, cualquiera que fuera resultaba dominante para él. Incluso con su espectacular bolo punch, que más que efectivo –este golpe no lleva poder– resultaba denigrante para quien se dejara conectar.

Ahora su poder en las manos podía terminar a cualquier con un golpe, como ocurrió con Foreman, iniciando un largo camino de 10 defensas exitosas.

Ahora su defensa era particular. Y comenzaba con la misma habilidad de caminar elegante y veloz, lejos del rival, entrando y saliendo, cuando era necesario, pero, a veces, quedándose en corta distancia cuando se le antojaba y sacaba sus reflejos o su guardia alta y cerrada para eludir o bloquear golpes.

Alí tenía aguante, resistencia, quizás esto, además de natural, fortalecido en lo que pregonó y que expresó de las largas jornadas de preparación física y técnica bajo el mando un sabio llamado Angelo Dundee: “Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije: ‘no renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón’ ”.

Y campeón fue por tercera –el primero en lograrlo en la máxima categoría– al destronar a Leon Spinks, en septiembre de 1978. Con el mismo Spinks había perdido en febrero de ese año el segundo cinturón, ganado frente a Foreman.

Histórica portada de 'DC cómic' en la que Supermán reta a Alí. (Archivo particular)

Alguna vez reconoció que debió retirarse luego de esa pelea con Foreman, pero siguió y recibió golpes de más que tal vez contribuyeron a acelerar la enfermedad de mal de Parkinson, que lo afectó luego del retiro definitivo en 1981.

Pero la grandeza de Alí, más allá de sus posiciones políticas y humanitarias, que como líder no tiene comparación con ningún otro deportista en el mundo, tanto que era de los pocos ciudadanos del planeta que ha paralizado la famosa Quinta Avenida de Nueva York, en sus famosos paseos caminando para hacer alarde de su popularidad, que en Estados Unidos en tiras cómicas fue el único humano que enfrentaron en una pelea con Supermán.

Recién retirado le pidieron que se definiera quién era. Atinó a responder: “Yo fui el Elvis (Presley) del boxeo, el Tarzán del boxeo, el Supermán del boxeo, el Drácula del boxeo, el gran mito del boxeo”.

Y no solo del boxeo, Alí, sino del deporte en general en todos los tiempos, por inteligencia combinada con virtudes técnicas y físicas.

Por eso ahora recuerdo y estoy de acuerdo con las palabras de Jimmy Ellis en Cartagena: “Fue un campeón como ningún otro en cualquier deporte”.

ESTÉWIL QUESADA
Redactor de EL TIEMPO
@EstewilQ

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