Ninguna semejanza con el Mundial 94

Ninguna semejanza con el Mundial 94

Colombia hizo a tarea juiciosa y seria. Estados Unidos está en momento de involución.

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04 de junio 2016 , 02:38 p.m.

Los fantasmas del 94 sobrevolaron el curioso Levi’s Stadium de San Clara, pero no se detuvieron. Siguieron viaje hasta perderse en algún punto del espacio boreal. Aquella también fue una calurosa tarde californiana (allí estábamos). Las reminiscencias son inevitables. El recuerdo de Andrés Escobar, lo mismo. Pero los protagonistas de ahora difieren bastante de aquellos, sobre todo Estados Unidos. En aquel Mundial era el bravo “iuesei” de Bora Milutinovic, un cuadro con mística comandado desde el fondo por Marcelo Balboa, un titán impasable, y por Alexi Lalas, “el General Custer”. La buenísima Colombia de Maturana, que llegaba herida tras la insospechada derrota con Rumania, se topó contra aquella tropa norteamericana que la sacó del Mundial. Hoy, el desencanto cambió de bando.

Esta sólida y renovada Colombia de Pékerman no tuvo problemas para despachar al desangelado Estados Unidos de Jürgen Klinsmann. Tan lamentable e inexpresiva es esta selección norteamericana que hasta quita brillantez a la segura y compacta victoria cafetera. Porque en un punto uno comienza a dudar si fue muy bueno lo propio o demasiado malo lo ajeno.

Pero hay dos lecturas del partido. Una, sobre Estados Unidos: es un caso de involución notable. Su peor selección en al menos 23 años (su primera intervención seria fue en la Copa América de Ecuador 93 y bordeaba lo aceptable). Carece de individualidades, de funcionamiento, de ideas, de carácter, de mística, hasta de orgullo. Da un pase hacia adelante y tres para atrás. Lo graficó acertadamente Juan Pablo Varsky, comentarista de ‘DirecTV’: “Tiene la pelota, pero no sabe para qué la tiene”. La prudencia indica que deberíamos esperar un partido más para definirlo, pero el anfitrión nos da la certeza inicial de la Copa: Estados Unidos no será campeón.

Nos habían prevenido de sus debilidades. “Lo de Klinsmann es un desastre, lleva cinco años al mando del equipo y es cada vez peor, aquí son muy crédulos, se comen el cuento del trabajo a largo plazo. Y además impresiona porque es alemán”, contaba el viernes Johani Carolina Ponce, periodista venezolana radicada en el país de Lincoln.

Es como un pozo seco, ni unas gotas de creatividad, de entusiasmo. ¿Dónde quedó el legado de Bora, de Balboa, de Lalas, de Cobi Jones, de Wynalda, de Landon Donovan…?

La otra faz de la hoja la llenó bien Colombia. Hizo prolijamente sus deberes, más allá del rival. Fue seria, concentrada, práctica y no desvió su objetivo, que era ganar en el debut. En torneos con grupos de cuatro y eliminatorios en las fases siguientes es fundamental ganar el grupo para desandar luego el camino más aliviado. Y para liderar el grupo es decisivo el primer partido. El examen inicial, además, es el que da el tono para el resto de la participación. De ahí la importancia crucial del estreno. El hincha colombiano -muy mayoritario- ensayó en algún pasaje del segundo tiempo el clásico “oooole, oooole…” después de tres toques seguidos. Pero resultó forzado, era más deseo que realidad. Le faltó unos centavos de audacia para dar ole de verdad, porque hubiese podido hacerlo.

A los 7 minutos ya estaba ganando 1 a 0, una muestra de autoridad. Fue le maniobra más brillante técnicamente de los 90 minutos. Córner impecable de Cardona (como casi todo lo que hace), Zapata se zafa de la marca con un rodeo hacia atrás y empala de aire el centro. Inatajable. Tuvo los tres elementos la acción: justeza, precisión y potencia de remate. Una perla de gol.

Puede parecer oportunista, pero en ese momento ya se vio que Estados Unidos no empataba más.

Colombia, muy superior, se dedicó a administrar la ventaja con serenidad y firmeza. No se puede hacer una ponderación de la defensa pues ni exigida fue. Sólo del siempre magnífico David Ospina, quien en el segundo período sacó cerca de su ángulo izquierdo alto un tiro libre de Clint Dempsey (último mohicano de los buenos tiempos estadounidenses). Ospina no se toma un recreo jamás.

Le faltó acaso a Colombia más posesión (sólo el 46 por ciento), algo más de brillo, acaso otro gol, que pudo ser el remate de Bacca al travesaño. Pero como comienzo, muy tranquilizador. Tan balsámico como la actuación, de nuevo, de Edwin Cardona. Rozando la brillantez, para lo cual siempre hace falta un gol. Pasa perfecto la bola, es inteligente, pivotean todos con él porque la devuelve segura, genera juego, remata al arco, hasta baja marcando… La maniobra siempre se limpia cuando pasa por él. Si no es el jugador más importante de Colombia hoy, pega en el palo, cruza toda la raya, pega en el otro palo y sale…

Importante Sebastián Pérez (aunque a veces se excede con las faltas), porque marca y entrega preciso. Lúcido James: como Cardona, cuando él interviene la jugada florece, mejora la circulación, genera ilusión. Y hermosa su ejecución del penal. Un elemento interesante que capturó la banda izquierda y no la va a largar de momento es Farid Díaz. Muy serio, cumplidor, firme, no le pesa nada la camiseta nacional. Lástima que ya pisa los 33…

Pékerman ha tenido el tino de poner un punto de inflexión con la generación que tantas satisfacciones le dio en la Eliminatoria anterior y en el Mundial. Un día decidió que no iba más y se atrevió a cambiar. Y apareció esta Colombia fresca, nuevamente atractiva, llena de posibilidades. Que puede crecer cuando los nuevos tengan 30 o 40 partidos internacionales. En principio, la distancia entre esta selección de ayer y la de un año antes, en Chile 2015, es sideral.

Auspicioso, esperanzador inicio. Hay que esperar la reacción cuando llegue algo más competente que este fiasco estadounidense.

Párrafo final para los organizadores. La buena, el estadio, bien escogido, muy bonito, espléndido el césped. La mala: la ceremonia inaugural: breve, simplona, sin imaginación. Se la sacaron de encima con un grupo de gimnastas que hicieron un mosaico multicolor y un par de cantantes que no emocionaron a nadie. En Olimpia, en la Antigua Grecia, la hubiesen presentado mejor. Este es un negocio muy grande para una preocupación tan pequeña.

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK

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