Así fue Ali, el campeón eterno del boxeo

Así fue Ali, el campeón eterno del boxeo

El legendario boxeador se retiró en 1981 con un récord de 56 victorias y cinco caídas.

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03 de junio 2016 , 11:37 p. m.

 "... La pelea atraerá a miles de millones de aficionados, porque Ali es ruso, Ali es oriental, Ali es árabe, Ali es judío, Ali es todo lo que la mente humana puede concebir. Atrae a los sectores más disímiles de nuestro mundo... Ali motiva incluso a los muertos".

Con esas palabras, reseñadas por el escritor Norman Mailer en su libro América, el promotor Don King cobró 10 millones de dólares a Mobutu, presidente y dictador de Zaire (hoy República del Congo), para organizar el campeonato mundial de boxeo de los pesos pesados entre el campeón George Foreman y el retador Muhammad Ali, el 30 de octubre de 1974, en Kinshasa.

Y no estaba lejos de la realidad el promotor de los pelos de punta, así ese dinero los repartiera como remuneración a los dos deportistas, en la mayor bolsa de la historia hasta aquel entonces. El solo llevar 100 mil aficionados al estadio de fútbol para ver el combate, desde lo lejos, era prueba del atractivo, en horario inusual en cualquier rincón del mundo para un espectáculo: ¡cuatro de la mañana! (Lea también: A los 74 años murió la leyenda del boxeo Muhammad Ali)

Maestro del manejo de masa, Ali, menos negro que Foreman, puso en la antesala al campeón del lado del opresor blanco. En cambio él, que había dejado 10 años atrás el nombre de nacimiento de Cassius Marcellus Clay --porque era nombre de esclavo-- pregonaba que representaba al pueblo, al pueblo negro. Y estaba en el continente negro. Por eso, en el combate solo se escuchó una voz, la de los rugientes aficionados: '¡Ali, bomaye!' (¡Ali, mátalo!').

Claro, que dentro del cuadrilátero, desapercibida para el público, se escuchaba otra voz, la de Ali, maestro también de la sicología, desde antes del campanazo inicial:

"Llevas años oyendo hablar de mí, ¡insensato! Durante toda tu vida no has hecho más que oír hablar de Muhammad Ali. ¡Y ahora, payaso, tienes que enfrentarte conmigo!... Te voy a  zurrar hasta hacerte llorar como un niño", relata el propio Ali en el libro 'El más grande, mi propia historia', que publicó a cuatro manos con Richard Durham. En el video de la pelea se observa a Ali siempre hablando.

Foreman poseía una fuerza jamás conocida en el boxeo para aniquilar rivales (incluso por encima del más tarde veloz campeón Mike Tyson), tanto que el periódico Tribune de Chicago tituló esa semana 'Hace falta un milagro para que Ali sobreviva', y Archie Moore, el hombre que posee el récord histórico de nocaut en el mundo, vencido por Muhammad y entrenador de Foreman, confesaría después que "...  Rezaba, y con gran sinceridad, para que George no matara a Ali".

A sabiendas que estaba abajo en las apuestas, 1-4, Ali declaró en rueda de prensa en Zaire de manera tajante: "Yo soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Esa es una realidad científicamente demostrada. Allá ustedes si olvidan, por su cuenta y riesgo, que soy maestro del baile, un gran artista".

En la denominada 'Batalla de la jungla' --sin bailar como era usual en él, recostado a las cuerdas y soportando los embates bestiales del invicto Foreman--, Ali lo noqueó en el octavo asalto y conquistó por segunda vez el cinturón. Elevó, aún más, su nombre. Y se convirtió, tras ganar un tercer campeonato en 1978, en el Deportista del siglo XX.

Detuvo una guerra

Don King, que tras aquella pelea inició el camino para erigirse como el más popular e importante promotor de boxeo de todos los tiempos, solo capitalizó, como hábil hombre de negocio, lo que se percató en aquel atleta que desde 1960, luego de ganar la medalla de oro del peso semipesado en los Juegos Olímpicos de Roma, era la figura más importante de Estados Unidos y del mundo, dentro y fuera del cuadrilátero.

El muchacho que comenzó a boxear a los 12 años, bajo la orientación del policía Joe Martin, al denunciar el robo de una bicicleta suya, y que lanzó la medalla olímpica al río Ohio porque, después que no lo quisieron atender en un restaurante por discriminación racial, varios pandilleros se la pretendían arrebatar para entregarla como regalo a la novia del jefe, en su natal Louisville. (En fotos: Adiós a Muhammad Ali, el grande del boxeo)

El joven que retó al rudo campeón mundial Sonny Liston, al verlo con el cinturón, con un par de preguntas: "¿Para qué quieres eso? ¿Para sujetarte los pantalones?". Y al destronarlo en 1964, a los 22 años, pregonó ser 'el mejor boxeador de la historia', promocionó los combates como ninguno, anticipando y acertando sobre el asalto en que caerían los rivales, mostrando en acción cualidades difíciles de igualar por peleador de 200 o más libras: agilidad, finura, inteligencia y fuerza. 

El campeón que en pleno esplendor, cuando ‘flotaba como mariposa y picaba como abeja’, en 1967, fue despojado por negarse a prestar el servicio militar e ir a la guerra del Vietnam, lo cual dividió a Estados Unidos y el mundo: quienes lo apoyaban y seguían sus charlas en universidades de la nación (no podía salir del país, al serle retirado el pasaporte) con el discurso de la paz y quienes lo consideraban antipatriota por no defender la bandera estadounidense en el conflicto armado.

El hombre que aun así atraía a uno como a otro bando, porque regresó, al ganar la lucha judicial, y triunfó de nuevo sobre el cuadrilátero, aunque encajando golpes que antes no le daban, luego de inactividad de tres años, siete meses y cuatro días, en 1970. Y obtuvo la oportunidad mundial el 8 de marzo de 1971, ante Joe Frazier, en el Madison Square Garden, de Nueva York, en 'El combate del siglo'.

Y que si bien perdió por puntos, luego de caer en el decimoquinto y último asalto al recibir el gancho de izquierda más famoso del universo, fue capaz de lograr por dos horas detener la guerra del Vietnam, cuando los soldados abandonaron las armas y se sentaron frente al televisor a ver a 'El bocazas', como lo llamaban de manera despectiva sus contradictores, entre ellos familiares y amigos de esos soldados.

El hombre que, convertido en musulmán, luchando más fuerte fuera del ring que dentro por la desigualdad social, aseguró que "... Tomé la decisión de ser un negro de los que no se dejan atrapar por los blancos".

‘Un nombre mágico’

Ali se desplomó dos veces sobre el propio ring después de ganar sendas peleas, aunque en su biografía solo confiesa una: la ocurrida en la tercera cita con Joe Frazier, en 1975, en Manila, catalogada como la mejor de todos los tiempos, que terminó con nocaut en el último asalto. El desmayo ante Foreman, que no se registra en el video porque está rodeado del séquito, lo ignora.

Ferdie Pacheco, su médico de cabecera, le recomendó colgar los guantes. Luego de ser el único peso pesado con tres cinturones mundiales, abandonó el retiro de dos años y en 1980 buscó el cuarto, bajo el pretexto de sus palabras: "Busco la inmortalidad y estoy a un paso de ella". Larry Holmes, el exsparring en la preparación ante Foreman, le propinó el único nocaut de la carrera. Y persistió al año siguiente, cayendo frente a Trevor Berbick, y dejando la marca de 56 victorias, con 37 nocauts, y 5 derrotas.

Fue luego del triunfo ante Spinks que reconoció “debí retirarme luego del combate con Foreman”.

 Aún así siguió en los primeros planos por sus causas sociales con campañas mundiales en contra del racismo y por los derechos del hombre. Seis años después reveló que padecía el Mal de Parkinson y afrontó la batalla, como lo hizo en el pasado con la injusticia, al tiempo que veía como Layla, digna hija, era catalogada la mejor boxeadora de todos los tiempos.

Pero, poco a poco, la enfermedad le tomó ventaja, con su estado físico en deterioro. Ello le llevó afirmar: "Dios me está haciendo ver que soy un hombre como otro cualquiera. Y también te lo está haciendo ver a tí. Puedes aprender de lo que me sucede".

Sus rivales, en documental de televisión ‘Facing Ali’, confesaron la admiración. "Todos le tenían envidia... Era un héroe para todo el mundo", dijo Foreman. "Se movía como un peso medio", manifestó Sir Henry Cooper. "Sus puños eran como rayos", sostuvo George Chuvalo. "Era mi ídolo", afirmó Leon Spinks. "Su nombre era mágico", aseguró Ernie Shavers. "El boxeo debe más a Ali que el propio Ali al boxeo", remató Ken Norton.

En una aparición en público, en diciembre de 2012 en Cancún (México), donde el Consejo Mundial de Boxeo le puso la corona como Rey de Reyes, lució inmóvil y siempre con lentes oscuros. Según Julio Torres Roca, presidente de la Federación Colombiana de Boxeo, asistente a la ceremonia y quien lo tuvo a un metro, parecía "vivir de manera artificial".

A los 74 años, la leyenda, el mito, el símbolo, el atleta que trascendió más allá del deporte como ningún otro, porque, de acuerdo a sus palabras, "no quería ser líder, sino libre", flotó como mariposa de esta vida para ser de ahora en adelante lo que pregonaba: el campeón eterno, como parangón con la ciudad que lo coronó por primera vez, Roma.

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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