Harry Potter Presidente

Harry Potter Presidente

El poder mimético de la violencia es así: torna en cataclismo la sombra de una piedra en la calle.

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03 de junio 2016 , 06:11 p. m.

Por quebrantos de salud dos de los Nule, ‘Cebollero’, ‘Gata’, ‘Kiko’, el señor alcalde, el inversionista de bolsa y el paramilitar (tantos nombres borrosos) van a casa o reclaman ese abrigo. Cómo no, es que robarse carreteras y hospitales, violar cientos de niñas en el monte, descuartizar personas vivas, contratar asesinatos o, con golpecito en la espalda, alzarse con la plata de los amigos (cada uno con lo suyo) debe enfermar a la postre hasta al más despiadado corsario.

Pero no se equivoquen, lector ni ingenuo columnista, a los verdaderos duros eso no los toca. Médico y juez certifican: la desbalanceada comida de la prisión, la obesidad que trae el exceso de quietud y la depresión por los tediosos juicios son algunas razones de la afección clínica. Y, para ser francos, contratiempos tan severos no alcanzan a curarlos el whisky, la visita conyugal ni la juerga con colegas porque, ¡¡pongamos las cosas en su sitio!!, una cárcel, aunque de oro se cubra, es siempre cárcel.

Mejor ubicar el foco en lo importante: la mujer que desarmó a un ladrón y, sin preguntarle si era mayor o menor de edad o si la navaja estaba bien afilada, le dio coscorrones y lo desnudó en la calle para avergonzarlo, un hecho que conmocionó la sensibilidad inmaculada de miles de personas que vieron el video publicado por múltiples medios de comunicación y redes sociales.

Si el videoclip que deleita la voracidad de los internautas es una actuación, no pasará nada. Si es real, la voluptuosa mujer afrontará las consecuencias de haber sobrevivido y de ‘abusar’ del que pereciera ser un menor. En ambos casos recibirá, ya se vaticina, sus páginas en la revista Soho, las horas de protagonismo que cualquiera merece, el estudio fotográfico por sanción en hojas contiguas a la noticia año tras año contada y por lo mismo más fácil de olvidar acerca de los horrores en la zona del ‘Bronx’, a pocas cuadras de la Presidencia, el Congreso y la Alcaldía, en Bogotá.

El poder mimético de la violencia es así: hacer pasar inadvertido un disparo al corazón del universo y tornar en cataclismo la sombra de una piedrecita en la calle, sobre todo en un país como este, que duele y al que por ahora no arregla ni Harry Potter si fuera presidente porque no padece de decadencia moral, sino de incontinencia inmoral mientras se ahoga en una catarata de contrasentidos.


Gonzalo Castellanos

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