Un país que envejece

Un país que envejece

¿Está preparada Colombia para garantizarle bienestar a la población mayor de 60 años?

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03 de junio 2016 , 06:01 p. m.

Las estadísticas sobre envejecimiento en Colombia que reveló hace poco el Ministerio de Salud son preocupantes. Que en cuatro años, es decir, para el 2020, el país tenga un ciudadano mayor de 60 años por cada 2 adolescentes, es algo que debe preocupar al Gobierno Nacional. Sobre todo cuando se sabe que hace apenas 11 años, en el 2005, las personas de esta edad representaban el 7,5 por ciento de la población. Según el estudio, hoy Colombia tiene 5’200.000 ciudadanos mayores de 60 años. Los análisis indican que para el año 2050 habrá en el país un poco más de 14’000.000 de personas en esta edad. Obligatoriamente, estas cifras tienen que llevar a las autoridades a estructurar programas en beneficio de este sector de la población.

Los resultados del Estudio nacional de salud, bienestar y envejecimiento, realizado por el Ministerio de Salud con la participación de Colciencias, abre las puertas a un debate interesante: ¿está preparada Colombia para garantizarle bienestar a la población mayor de 60 años? Aunque duela reconocerlo, la respuesta es no. Por una razón muy sencilla: solo 1 de cada 4 adultos mayores tiene garantizada una pensión. Y más grave aún: la tendencia a que estas personas no tengan una pensión es cada día mayor. Todo porque, en su gran mayoría, no acumularon las semanas requeridas para recibir este beneficio, bien por descuido o por incapacidad para pagar. Así las cosas, muchos colombianos al llegar a esta edad quedan desprotegidos.

¿Cuáles son las causas de que en Colombia los mayores de 60 años se conviertan en muebles viejos, sin oportunidades laborales? David Arturo Rodríguez, investigador del Observatorio Laboral de la Universidad Externado, señala como principales el incremento en las expectativas de vida y la reducción de la natalidad. En el primer caso, según el Dane, en promedio los colombianos viven 72 años los hombres y 78 las mujeres. En el segundo, las estadísticas revelan que las mujeres pasaron de tener 7 hijos en 1951 a 2 en el 2014. Lo anterior quiere decir que ya no se ven esas familias donde era común tener entre 18 y 20 hijos. El control de la natalidad, al cual se opuso la Iglesia, permitió reducir el número de hijos en cada hogar.

El estudio revela que en Colombia 4 de cada 10 individuos mayores de 60 años han sufrido algún síntoma de carácter depresivo como consecuencia de no contar con ingresos económicos. Es que no deja de ser duro para una persona saber que llega a esta edad sin ninguna protección, esperando apenas la solidaridad de la familia. Esto los hace sentir un poco marginados. Lo que entrega el Programa Colombia Mayor no alcanza ni siquiera para suplir las necesidades primarias. Setenta mil pesos mensuales es casi una limosna si se tiene en cuenta que el arriendo de una humilde pieza no baja de 100.000 pesos. Si quiere garantizar calidad de vida a los adultos mayores, el Gobierno debe incrementar este subsidio y mejorar la atención en salud.

Lo que más debe preocupar al Gobierno con el incremento de la población mayor de 60 años son las enfermedades que empiezan a padecer los ciudadanos que llegan a esta edad sin recursos para sobrevivir. El psiquiatra Rodrigo Córdoba dice que “la marginalidad es un factor asociado a la depresión”. Y esa marginalidad la produce no contar con un ingreso seguro. De ahí surge la depresión. Estas personas son propicias a vivir en estado de angustia. Debido al desamparo, tienen momentos de intranquilidad; sobre todo cuando se ven sin un peso en el bolsillo. No les ocurre, desde luego, a quienes disfrutan de una buena pensión. Ellos tienen el bienestar asegurado; pero quienes no alcanzaron una pensión están sujetos a lo que los demás hagan por ellos.

El Gobierno Nacional debe estructurar una política pública de atención integral al anciano que beneficie a quienes llegaron a la tercera edad sin alcanzar una pensión. Es deprimente ver las vías públicas llenas de ancianos que extienden la mano para pedir una moneda, o que imploran en la puerta de un restaurante para que les den un plato de sopa, o que duermen cobijados con periódicos sobre la aceras, o que tocan en los portones para pedir ropa usada. Se debe fortalecer la creación de hogares para ancianos con asignación de recursos oficiales que garanticen la atención a quienes entregaron su capacidad de trabajo para construir una Colombia con justicia social, y que hoy por circunstancias adversas no tienen con qué sostenerse. Este es el gran desafío que se le presenta al país.


José Miguel Alzate

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