El día que el mar en lugar de basura llevó salud a Bazán

El día que el mar en lugar de basura llevó salud a Bazán

Durante tres días una brigada médica brindó asistencia en salud a esta vereda de El Charco, Nariño.

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03 de junio 2016 , 01:52 a. m.

El puesto de salud de Bazán es una construcción abandonada. Algunos de sus muros blancos permanecen en pie como para recordarle a la gente la desidia de sus gobernantes mientras los enfermos transitan por su lado rumbo a la orilla del mar.

Allí, dependiendo de las condiciones de la marea, se embarcan en una lancha que los lleva, tras hora y media de camino, a la cabecera municipal donde con suerte lograrán ser atendidos en el hospital más cercano.

Pero no siempre fue así. Hasta hace unos años, esta vereda del municipio de El Charco, ubicado al norte de Nariño, en la costa pacífica colombiana, tuvo su propio puesto de salud equipado con algunas herramientas e insumos (En fotos: Bazán, la vereda donde ver un médico es un 'milagro') .

“No era mucho pero al menos podíamos tratar emergencias menores, ofrecer primeros auxilios y hacer jornadas de prevención”, cuenta Yuli Ramírez, la única enfermera que hay en Bazán.

Todo eso duró hasta que les prometieron remodelar la construcción, echaron abajo lo que ya había y luego, dejaron la obra estancada. ¿Quién lo decidió? “Fue el alcalde”, “el gerente de turno del hospital”, “el secretario de salud”, “un político en campaña”…las versiones de los pobladores tienen tantos matices como canoas hay en la orilla del mar.

Lo cierto es que los más de 1.130 habitantes de este pueblo pescador, de palafitos y manglar, se quedaron sin atención básica en salud justamente allí, donde no hay acueducto ni saneamiento básico y se consume agua lluvia y de aljibe; allí, donde los niños viven acechados por enfermedades diarreicas y respiratorias agudas y los adultos han tenido que aprender a convivir con las infecciones, los dolores y los achaques.

Médicos de esperanza

“Son ellos, ¿cierto? Los médicos que vinieron a sanarnos”, decía Stiven, de 11 años, apostado sobre el ventanal de su casa de madera. Él, como muchos bazaneros, vio como las olas del mar trajeron a la orilla una comitiva de médicos con la que la Fundación Colsanitas desembarcó, el mes pasado, en esta esquina costera del territorio nacional mientras la gente se abarrotaba sobre las callejas y el puente principal del caserío para ver la llegada de los galenos.

Fueron 23 profesionales de la salud, de diferentes especialidades que arribaron desde Bogotá, Cali y Armenia, para donar su trabajo durante tres días en beneficio de la comunidad.

Niños, jóvenes y adultos accedieron a consultas especializadas de pediatría, medicina familiar, nutrición, odontología, bacteriología, optometría y dermatología, en los salones y el patio de recreo del único colegio que hay en la zona y que hizo las veces de consultorios clínicos durante los días que duró la brigada.

Fue el caso de María Flora Rengifo, madre de dos niños de 2 y 5 años y pianguera de toda la vida. “Como no aprovechar si es que los médicos nunca vienen por aquí”, comentaba mientras esperaba su turno entre la marea de gente que crecía a medida que el voz a voz extendía la noticia de la brigada: “Vaya pa’ que lo atiendan”, se escuchaba entre el tumulto.

Rengifo relata que, como ella, muchas mujeres piangueras enferman con frecuencia porque las faenas de recolección del molusco–una de las principales fuentes de ingresos de esta población- les obliga a permanecer largas horas metidas “a pie pelado” entre el barro del manglar. “Uno se enferma con escalofríos, fiebre y dolores de cabeza y de huesos por estar metido tanto tiempo en la humedad o porque los bichos lo pican”, agrega.

La logística dispuesta por la brigada hizo que esta menuda mujer y sus pequeños pasaran por toda una ruta de atención integral en la que fueron examinados por el médico general, el pediatra, la nutricionista y el odontólogo hasta que al final, la profesional encargada de la farmacia les hizo entrega de medicamentos y micronutrientes para tratar los cuadros de anemia y desnutrición que los especialistas encontraron en su núcleo familiar.

No solo basura llega a Bazán

“Este es un pueblo olvidado. Muchos ni siquiera saben que existimos, por eso es que ver un médico en esta playa es como presenciar un milagro, un evento sobrenatural”, suelta Ovidio Caicedo, pescador de 69 años. “Por primera vez en los últimos años, el mar nos trajo algo más que basura: nos trajo médicos, nos trajo salud”. Lo dice sentado en el umbral de su casa mientras relee la fórmula médica y revisa las cajas de medicamentos que le dieron para tratar sus problemas de hipertensión arterial, una condición frecuente en su raza negra, a la que pertenece el 98% de los habitantes de Bazán.

Y es que a la falta de agua potable, alcantarillado y oferta de alimentos, se le suman los problemas de manejo de basura, mucha de la cual proviene de centros urbanos como Buenaventura y Tumaco y llega, por las corrientes del río Guapí, a su desembocadura en el Océano Pacífico, donde el oleaje termina arrastrándola hacia la costa, dejándola bajo los postes de madera que sostienen las humildes casas. La diferencia esta vez, como dice Ovidio, es que el mar también les trajo consigo a los galenos.

La alianza

Fueron 500 pacientes atendidos y un total de 1.142 servicios ofrecidos, entre ellos 74 procedimientos odontológicos; 19 ecografías realizadas a mujeres embarazadas que nunca antes habían accedido a este examen, 65 tomas de citología, 106 lentes formulados y donados y 330 medicamentes entregados.

Que la Fundación Colsanitas haya volcado su atención sobre esta apartada comunidad es fruto de una alianza con la Dirección de Parques Nacionales Naturales de Colombia a través de su territorial Pacífico y sus parques nacionales Sanquianga y Gorgona con el apoyo del consejo comunitario Bajo Tapan y el Ejército Nacional.

“Encontramos que más de la mitad de la población tiene algún grado de anemia, particularmente las mujeres gestantes y los niños pequeños y un poco más de la población adulta padece hipertensión. Además, de una gran incidencia de cataratas en adultos mayores”, resume Ana María Castillo, subgerente de medicina preventiva de Colsanitas.

Con esta, su equipo ha realizado más de 18 brigadas de atención médica gratuita en los últimos cinco años, en zonas como la Alta Guajira, la frontera en Cúcuta y los sectores vulnerables aledaños a Bogotá como Soacha, Madrid y Sutatausa.

Son ángeles que por alas tienen fonendoscopios y por aureolas llevan gorras blancas con las que están prestos a cumplir esa misión para la que fueron enviados a esta Tierra: llevar salud y esperanza a esas comunidades donde el olvido estatal campea y la geografía, paradójicamente, las borra del mapa.

LIZETH SALAMANCA GALVIS
Redactora
HUELLA SOCIAL

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