Editorial: La resurrección de la Judicatura

Editorial: La resurrección de la Judicatura

Que este órgano y sus miembros demuestren que los mueve únicamente el interés de una mejor justicia.

02 de junio 2016 , 07:46 p.m.

La Sala Administrativa de la Judicatura, el criticado ‘gerente’ de la Rama Judicial que nació con la Carta de 1991 y que había pasado a la historia el año pasado con el acto legislativo de equilibrio de poderes, resucita de entre los muertos por una polémica decisión de la Corte Constitucional.

La Corte consideró que su reemplazo por el malhadado Consejo de Gobierno Judicial constituía un golpe a la independencia de la justicia. Según los magistrados, la reforma “diseñó un sistema disfuncional que impide la gestión autónoma de la Rama Judicial” al crear, en su concepto, un órgano en el que sus miembros no representaban los intereses de toda la Rama sino los de los sectores específicos por los que fueron elegidos, entre otras razones.

La discusión está servida y son varios los cantos de sirena que se oyen ya, llamando una constituyente para reformar la justicia. Esas voces que llaman a destapar una caja de Pandora institucional, por lo demás, no tienen en cuenta que, al menos por ahora, varios de los cambios fundamentales que introdujo el equilibrio de poderes siguen vivos (si bien están demandados ante la Corte), y lo que procede es empezar a aplicar lo ordenado por la reforma.

Por supuesto, no hay que llamarse a engaños. A la mayoría de los altos magistrados y al último fiscal general no les gustó la reforma, y fueron ellos mismos quienes promovieron demandas y recolecciones de firmas en su contra. Posición de por sí polémica, porque si bien el acto legislativo no era, ni mucho menos, un modelo de derecho, sí cogía por los cuernos varios de los peores vicios de la Rama Judicial.

Esa reforma acabó con la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara, que ha sido, más que un ente de control, un generador de impunidad. El Tribunal de Aforados, que la reemplaza, sigue legalmente vivo, aunque demandado, y lo que espera el país es que los magistrados sopesen si a la institucionalidad colombiana y a la misma salud de la Rama Judicial les conviene tener controles efectivos sobre sus máximas cabezas o, como hoy, una comisión que la sabiduría popular graduó hace años como de ‘absoluciones’.

También está viva la Comisión Nacional de Disciplina Judicial, y lo están normas como la que prohíbe la ‘puerta giratoria’ entre las cortes y la que eleva las calidades para ser magistrado, entre otras.

Desde la misma discusión del acto legislativo, fueron varias las voces que llamaban a mantener la Judicatura, en el entendido de que sus malas prácticas obedecían sobre todo a las calidades de algunos de sus magistrados. Y en la conformación del nuevo Consejo de Gobierno Judicial se demostró, hasta la saciedad, que los que usufructúan las prácticas politiqueras en la justicia se estaban acomodando para las nuevas reglas de juego.

La Corte decidió, pues, revivir la Sala Administrativa. Entonces, lo que se espera es que ese órgano y sus miembros respondan al momento y la responsabilidad históricos. Esa sala y sus nominadores, que no son otros que los más altos magistrados del país, deben demostrarle a la nación que lo que los mueve son los intereses de tener una mejor justicia y no los apetitos burocráticos y las clientelas judiciales amarradas.


editorial@eltiempo.com

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