El fotógrafo de Marilyn Monroe

El fotógrafo de Marilyn Monroe

Lawrence Schiller fue el fotógrafo predilecto de Marilyn Monroe.

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01 de junio 2016 , 03:10 p. m.

Esta entrevista fue publicada en la edición número 11 de BOCAS, en agosto de 2012.

A Larry Schiller, de 75 años, todavía le resuena en la cabeza el sonido de la voz de Marilyn Monroe; no lo supo entonces, pero su vida empezó a cambiar en el momento en el que entró en el parqueadero de los estudios 20th Century-Fox de Los Ángeles. Ese día iba a fotografiar a Marilyn Monroe, la novia y sex symbol de América, para la revista Look en el rodaje de la película Let´s make love (1960) del cineasta George Cukor, titulada en español El multimillonario. El publicista le dijo a Marilyn: “Él es Larry. Está con la revista Look”. Ella le respondió: “Hola, Larry de Look. Yo soy Marilyn”. Schiller no tiene ni idea todavía de dónde sacó esta presentación:

–Y yo soy el gran lobo malo.

–Pareces un poco joven para ser tan malo –le indicó Marilyn, pero luego le dijo con la voz suave que ponía en las películas– Venga Señor Lobo.

Lawrence pensaba que ese tono era solo para los filmes, pero en ese momento descubrió que era la que tenía la ambición rubia en la vida real.

Schiller recuerda de ese primer encuentro que Marilyn sabía perfectamente cuál era el mejor de sus ángulos. Era un fotógrafo dentro del personaje fotografiado. Sabía quién era, qué tenía que hacer y cómo posar, y eso facilitaba la labor de los profesionales detrás de la cámara. Schiller admite que en ese primer encuentro fue muy cercana y amable con él. Recuerda que Marilyn se dio cuenta inmediatamente de que algo le ocurría en uno de sus ojos porque no lo cerraba cuando disparaba la cámara. Schiller –bastante perplejo– le confesó que era la primera persona que había advertido ese detalle, que había perdido la visibilidad en el ojo por un accidente cuando era niño. Casi dos años después se volvieron a ver en la casa de la playa de Malibú del actor Peter Lawford. Schiller había recibido el encargo de Paris Match para hacer unas fotos de una fiesta de coctel a condición de que no molestara a los invitados del entonces cuñado del presidente John F. Kennedy.

Lawrence Schiller. Foto: Cortesía Taschen

 

Más tarde, en mayo de 1962, la misma revista le pidió que retratara a Marilyn en el rodaje de Something´s Got to Give, con Dean Martin y Wally Cox, una película que nunca llegó a terminarse. Durante aquellos días tomó unos desnudos de la ambición rubia en una piscina que –por supuesto– catapultaron la carrera del fotógrafo. Fue una estrategia de Monroe para conseguir publicidad, porque estaba celosa de que los estudios estuvieran entregados a la promoción de Elizabeth Taylor por la película Cleopatra (1963).

En estos días, cuando se cumple el 50 aniversario de la muerte de la estrella, Schiller acaba de publicar Marilyn & Me, en dos versiones, una con la casa Taschen y otra con la editorial Nan A. Talese / Doubleday, división de Random House. En los libros de Taschen recoge imágenes inéditas de su archivo en un trabajo firmado y en edición limitada a 1.962 ejemplares, número que coincide con el año de la desaparición de Marilyn. Y la casa Nan A. Talese / Doubleday publica una edición más pequeña con las memorias del fotógrafo.

Schiller le tomó retratos por primera vez a Marilyn Monroe cuando él tenía 23 años. Empezó su carrera como fotoperiodista para las revistas Life, Playboy y Paris Match a la edad de 20 años. Entre otros, ha captado instantáneas de los grandes íconos de los años sesenta como el asesino de John F. Kennedy Lee Harvey Oswald, el boxeador Muhammad Ali, los actores Robert Redford o Paul Newman o el hermano del presidente y fiscal general de Estados Unidos Robert F. Kennedy. También ha dirigido siete películas y miniseries de TV. Pero para él, lo más importante es ser el fundador del Norman Mailer Center and Writer´s Colony en Provincetown (Massachusetts). Schiller se reúne con BOCAS en el restaurante Landmarc del Time Warner Center de Nueva York, justo al lado de su oficina. Pide salmón y le dice a la camarera que lo sorprenda cuando le pregunta qué vino quiere para acompañar el pescado.

–¿Usted sabe mi conexión con la escritura? –me dice–. No puedo escribir, no puedo leer, no puedo deletrear. Pero escribo libros. Soy disléxico. Entonces me grabo. Cuento una historia. Y tengo amigos que me entrevistan y luego lo ponemos en orden. Y trabajo con los mejores. Por eso me sé todos los trucos.

¿Cuáles son los trucos?
Siempre hay que escribir algo que la gente pueda citar en la historia. Como por ejemplo: “Hola, Larry de Look. Yo soy Marilyn”. “Y yo soy el gran lobo malo”. O cuando le dije a Marilyn: “Usted ya es famosa, ahora me va a hacer famoso a mí”. Y ella respondió: “No sea tan arrogante, los fotógrafos son reemplazables fácilmente”.

¿Qué recuerda de cuando conoció a Marilyn Monroe?
Bueno, yo tenía 23 años cuando la fotografié por primera vez. Después nos encontramos por segunda vez cuando yo tenía 25 años. Entonces, estaba muerto de miedo, pero ahí estaba. No sabía muy bien que hacer. Y decidí tapar mis inseguridades hablando de mí mismo. Y a ella creo que le gusté. Había también otro fotógrafo por ahí. Algo mayor que yo. Tenía 27 años. Ninguno de los dos pasó una sola noche con ella. Ambos teníamos demasiado miedo. Además, no hay que echar a perder las buenas cosas. Hay una regla en fotografía: nunca duermas con la mujer a la que retratas porque si no le gustas en la cama, al día siguiente se acaba todo. Es la verdad. Es la regla básica de la fotografía: si quieres seguir con tu materia y es mujer, no te acuestes con ella. Nunca ha escuchado eso, ¿verdad?

No, la verdad es que no.
Bueno, pues ahora ya tiene una buena cita.

¿Cómo era hacerle fotos?
Ella sabía de fotografía un poco más que yo en ese entonces. Había sido fotografiada por todos los grandes. Yo me presenté allí siendo el chico nuevo. Pero creo que estaba en cierto momento de su vida en el que le gustaban los fotógrafos jóvenes. Y quizá fue una escapatoria para ella. Quizá, fue una forma de volver al momento en que comenzó su carrera. En 1973 publiqué Marilyn, por Norman Mailer (reeditado por la casa Taschen), con las imágenes de Marilyn de todos los fotógrafos. Y ahí puede apreciarse una gran variedad en las imágenes. En cambio, por ejemplo, con Audrey Hepburn, era siempre la misma foto. Incluso, con Marlene Dietrich. Son todas las mismas imágenes. Pero con Marilyn Monroe cada foto es diferente. Todo es distinto siempre. Creo que era un gran talento, y estaba consiguiendo convertirse en una excelente actriz. Pero era percibida como una rubia tonta. Toda su lucha era distanciarse de eso, pero nunca lo consiguió. Cada noche escapaba y se sumía en la oscuridad de la noche y en los sueños, como muchos actores y famosos, como Michael Jackson. Y eso trae cierta seguridad. En ese momento parece que los tormentos de la vida no te golpean tanto. Y trágicamente en una de esas ocasiones no pudo volver.

Usted la vio su último día de vida.
La vi ese día por la mañana. Pero no vi ninguna indicación, en absoluto, de lo que iba a ocurrir después. Parecía tener problemas, sí. Pero era fuerte. Incluso discutió conmigo. No me gritó ni nada, pero yo entonces era agresivo. Tenía 25 años. Era gallito. Intratable. No le caía bien a nadie. Para ser sinceros, ganaba mucho dinero. Casi 10.000 dólares a la semana. Era el año 1962 y conducía un automóvil Mercedes. Era un fotoperiodista que viajaba por todo el mundo. Me lanzaba a las vidas de la gente. En esos años estaba haciendo tanto dinero porque te pagaban una cantidad mínima, pero además, luego cobrabas más dinero dependiendo del número de páginas que tenías en la revista. Y siempre, por alguna razón, tenía mucha suerte y acababa con muchas páginas. Yo era tan hombre de negocios como fotógrafo. Quizá mejor lo primero que lo segundo. Con Marilyn presioné para hacer más fotografías como con Playboy. Quizá lo hice demasiado. Y, entonces, decidí ir a su casa esa mañana para que le diera el visto bueno a las imágenes de los desnudos. Entonces, ella explotó. Fue cuando dijo: “Basta, basta. Lo único que les importa es mi cuerpo”. Pero también fue culpa suya, ella fue la que se quitó el bañador, nadie la obligó a hacerlo. Nadie le dijo que lo hiciera. Ella sabía que eso le daría publicidad en todo el mundo. Sabía que eso la pondría en las portadas de todas las revistas alrededor del mundo. Ella se estaba explotando a sí misma. Y nosotros –ambos– éramos los instrumentos de su explotación. Pero, sí, fui un buen hombre de negocios. Sí, sabía cómo hacer estas cosas. Fue todo en el momento correcto, en la época correcta.

¿Quién era Marilyn Monroe en realidad?
Ella era una persona muy profesional. Sabía lo que quería y cómo aparecer en las fotografías. Sabía cómo deberían ser sus expresiones. Y en las fotografías de la piscina, hechas dos años después de que le tomara las primeras imágenes, aparece completamente diferente. Parece más joven que en las anteriores. Sabía cómo ser juguetona, cómo guiñar, cómo hacer todas esas cosas. Para ser… Bueno, como suelo decir siempre: para ser adorable, abrazable y follable. Así quería aparecer en las fotografías.

¿Se atrevería a especular sobre lo que pasó entre ella y Bobby Kennedy?
Mire, no sé qué ocurrió en la habitación. Yo nunca estuve ahí. Ni siquiera sé si alguna vez estuvieron juntos en alguna habitación. Pero sí estuve con ellos cuando estuvieron juntos. Pero eso no significa que durmieran juntos. He estado con muchas mujeres y muchas de ellas sin ropa. Pero eso no significa nada. Y no creo que ella quisiera tener otro trofeo. Era lo suficientemente lista como para saber que la relación con los Kennedy era simplemente divertida. Y ya está. Pero quizá una noche pudo emborracharse y terminar en el suelo o en el sofá y… Pero de todas formas, Bobby era el fiscal general de Estados Unidos. John Kennedy sí podía hacerse el loco porque era el presidente de Estados Unidos. Y los presidentes sí pueden hacer esas cosas, pero no los fiscales generales. Su trabajo era proteger la ley. Y él no podía hacer ese tipo de cosas. El presidente Bill Clinton es un ejemplo, y hay que decir que John Kennedy no era diferente de Clinton.

¿Se atreve a especular con la noche de la muerte de Marilyn Monroe y sus causas?
No, yo no especulo. No alimento los rumores. Creo que simplemente tomó demasiadas pastillas aquella noche. Creo que perdió el norte. Habló mucho por teléfono. Habló con Peter Lawford, con Joe DiMaggio… ¿Quién sabe lo que ocurrió?

Usted fue inmediatamente a Dallas cuando John F. Kennedy fue asesinado y tomó imágenes de Harvey Oswald.
Estaba trabajando para una revista y me mandaron. Los Ángeles (en lugar donde me encontraba) era la ciudad más grande cerca de Dallas. Chicago está lejos. Nueva York está lejos. No había grandes despachos de noticias en Atlanta entonces. Llegué allí en cinco horas. El avión tarda tres horas. Y así de rápido llegué. Era como un perro detrás de un conejo en una carrera de perros.

¿Tiene alguna teoría de lo que ocurrió entonces?
No tengo teorías. Sé lo que ocurrió. Lee Harvey Oswald fue el único asesino. Mató a Kennedy porque fracasó en matar al general Edwin Walker. Intentó matarlo antes de matar a Kennedy y fracasó. Tiene que leer el libro Oswald´s Tale (que escribió en colaboración con el escritor Norman Mailer). Oliver Stone y yo hemos discutido todo esto muchas veces.

Volviendo a Marilyn, ¿qué pensaba cuando estaba fotografiando al sex symbol de América?
¿Qué pensaba? En dinero. [Sonríe]. Bueno, no, estoy bromeando. Lo que pensaba en realidad era en cuántas fotografías podía obtener. En la luz. Tenía que asegurarme de que el objetivo estuviera bien. Estaba concentrado en la mecánica. En la noche que estaba desnuda, también pensé en el dinero. En asegurarme de que las imágenes eran buenas. El agua se había calentado a 90 grados (Fahrenheit, que son 32,2 centígrados) para que fuera como un baño caliente. Era como una niña nadando de espaldas. No hubo diálogo. De repente, Marilyn volvió a nadar al borde de la piscina, y entonces vi que ya no tenía sujetador, solo su braguita enrollada como una tanga. Se sentó en el borde de la piscina posando para nuestras cámaras. Me pregunté cuándo lo íbamos a ver todo… Después se quitó el albornoz escondiendo su cuerpo mientras volvía al agua. Momentos después, cuando se levantó en el agua, pude ver que sus braguitas no estaban. ¡Sí, ya no estaban! ¡Y lo estaba pasando bien! ¡Y estaba disfrutando! Marilyn era el sueño de un fotógrafo con ropa, y mucho más sin nada. Su piel mojada brillaba. Sus ojos chispeaban. Su sonrisa era provocativa.

Marilyn Monroe por Lawrence Schiller / Cortesía Taschen

¿Cuando le llevó a Marilyn las imágenes de los desnudos para que les diera el visto bueno, es cierto que le cortó las que no le gustaron con tijeras?
Sí, estábamos juntos en un coche. Entonces, me sentí impotente. Y no había nada que yo pudiera hacer. Tenía miedo. Zip. Zip. Zip. Zip. [Emulando el sonido de la tijeras]. Fui tonto porque tiré todas las fotografías que no aprobó. No tuve ningún sentido de la historia como otros fotógrafos.

¿Ahora hay alguna estrella a la que le gustaría fotografiar?
En estos días no sé qué es una estrella. ¿Quién? ¿Lady Gaga? Es un talento. Pero no una estrella. ¿Madonna? Es un talento y una estrella. Ahora mismo no hay desafío para mí. Todo el mundo puede hacer una buena fotografía. El iPhone se ha convertido en el periodismo del futuro. Usted puede estar en el lugar correcto en el momento correcto y hacer buenas fotografías con un iPhone. Incluso, una mala Blackberry puede tomar una fotografía decente. La última vez que hice fotografías fue en el año 1996. No, ahora las que se dicen estrellas no han sido arrolladas por suficientes camiones en su vida como para ser interesantes. Quizá digo eso porque ahora tengo éxito. Quizá no le hubiera dado ese tipo de respuesta cuando tenía 23 años. Le estoy dando la respuesta de una persona de 75 años. Le voy a dar un ejemplo. Ya no hago fotografías. La última vez fue hace cinco años. Recibí una llamada de Ucrania.

–¿Señor Schiller? –dijo una persona al otro lado del teléfono.

–Sí –dije.

–Quiero que venga a hacerme fotos. Un retrato –explicó.

–¿Por qué yo? Hay muchos buenos fotógrafos en Europa. Le puedo dar algunos nombres –sugerí.

–No, quiero que el fotógrafo de Marilyn Monroe me haga las fotografías –indicó.

–¿Es usted un buen tema? –le dije.

–Bueno, le envío mi avión y usted me dice si soy un buen tema.

Viajé en un avión comercial a Londres. Después vino el jet. Me encontré con él para cenar. Y vi que tenía la cara más increíble del mundo. Como si se tratara de una pintura del Greco. No podía creerlo. Entonces, le dije:

–Creo que es un buen tema de fotografía.

–¿Podemos hacerlas mañana? –me preguntó.

–No, no he traído ningún equipo –le contesté.

–¿Qué quiere decir? –preguntó.

–Bueno, hablamos que solo iba a venir para decirle si usted era un buen tema de fotografía –le expliqué.

–Bueno, le conseguiremos el equipo. ¿Qué necesita? –preguntó.

–Hice una lista y le dije: “Necesito a alguien que se parezca a usted para probar la luz”.

–Oh, le daré a uno de mis dobles –respondió.

Al día siguiente, a las once, todo el equipo que había pedido estaba allí. Todo nuevo. Enviaron un avión a Alemania para comprar todo el equipo y traerlo. Pero no le voy a decir a quién le hice las fotos. Estoy haciendo las fotos. Y le gustan. Pero a su novia no. Me dijo: “Quiero ver todas las fotografías que ha hecho”. Y le dije: “No he sido contratado para hacer fotografías. Me han contratado para hacer un retrato. Soy un artista. Esto es una pintura. Las otras no están disponibles”. Y él se rió. Y me preguntó: “¿Cuánto dinero quiere?”. Le contesté: “Usted decide cuánto valgo. Pero lo tiene que donar a una organización de caridad”. “¿Cuál?”, me dijo. “Una organización de asnos en Israel, que salva asnos de Egipto de ser maltratados”. Y donó 50.000 dólares a esa organización de caridad. Y dos años después le enseñé las fotografías a una persona en Grecia porque me gustaban mucho. Y me dijo: “¿Cómo has llegado a él?”. Y yo le contesté: “¿Qué quieres decir?”. Y me dijo: “Es requerido por la Interpol. Es un asesino. Lava dinero. Trafica con antigüedades. Es un asesino buscado”. Fue la última vez que hice algo profesional.

¿Por qué ya no lo hace más?
Ahora hay distintas cabezas sobre los mismos cuerpos.

¿Ni siquiera le gustaría fotografiar al presidente Barack Obama?
Bueno, ya ha sido fotografiado por los mejores. Ahora tendría que ponerme en la fila. Cuando uno es joven no le importa ponerse en la fila. Pero cuando uno se hace viejo, ya no le gusta hacer ese tipo de cosas.

Dice que se pueden hacer fotografías con iPhones y Blackberry. ¿Qué opina de todos estos nuevos aparatos?
La verdad es que disfruto de la tecnología. Incluso, tengo una mujer de 38 años. Sigo el ritmo de los nuevos tiempos. [Sonríe]. Y ella es un genio. Es muy inteligente. Más de lo que yo puedo ser.

¿Le molesta que ahora se retoque a los famosos con Photoshop?
Es un producto de este tiempo. No creo ni que sea bueno ni malo. Es lo que existe hoy. Sé que la revista Seventeen no va a retocar las imágenes más porque a las chicas jóvenes no les gusta. Annie Leivobitz es una gran amiga. Pero retoca mucho porque le pagan mucho dinero para que haga a todo el mundo parecer un dios griego.

¿Si hubiera podido, hubiera retocado a Marilyn?
No, nunca habría sido necesario. Porque si tenía una cicatriz, era parte de su belleza. Si tenía un poquito de doble barbilla, eso mostraba su edad. Una fotografía cuenta una historia. Si la hubiera retocado, ya no me habría contado una historia.

MARTA TORRES
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 11 - AGOSTO 2012

 

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