Digitalizan los mejores libros de Rogelio Echavarría por sus 90 años

Digitalizan los mejores libros de Rogelio Echavarría por sus 90 años

El proyecto Fondos Abiertos de Autores Colombianos conmemoró el cumpleaños del poeta antioqueño.

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01 de junio 2016 , 07:51 a.m.

Por su carácter, poco le afectó a Rogelio Echavarría que los ejemplares de su primer libro, ‘Edad sin tiempo’, ardieran en las llamas del Bogotazo ─esa obra ocupó pocos días las librerías de la capital─. Tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá se tiñó de sangre y las turbas enardecidas quemaron la ciudad y con ella se fue la creación literaria de Rogelio, quien años más tarde se hizo famoso por su obra ‘El transeúnte’.

En cada uno de sus versos, Echavarría se convirtió en el personaje de su libro. Alonso Aristizábal, uno de sus grandes amigos, le dijo a EL TIEMPO que Rogelio solía decir que los verdaderos poetas no escriben libros, sino versos, y es que en sus poemas se ve reflejada una de sus grandes virtudes: escribir sobre la cotidianidad y de ella hacer memorables textos.

De peinado perfecto, gafas grandes, gabardina y corbata; elegante, como casi todos los caballeros de los cuarenta y los cincuenta, y con un exquisito humor –que pocos podían entenderlo–. Ese es Rogelio Echavarría, un escritor sencillo, quien navegó entre el periodismo y la literatura.

El pasado mes de marzo, Echavarría llegó a sus 90 años, que no pasaron desapercibidos: el proyecto Fondos Abiertos de Autores Colombianos conmemoró su vida y su obra con la digitalización de sus mejores libros e inolvidables imágenes. (Ver también: FONDOS ABIERTOS DE AUTORES COLOMBIANOS: ROGELIO)

Así, luego de un trabajo respaldado por la Biblioteca Virtual del Banco de la República y la Biblioteca Luis Ángel Arango, los amantes de la historia y la poesía podrán descargar ‘El transeúnte’, un texto escrito por más de 10 años en una especie de ´trabajo en progreso´, que le permitió ser la figura de su propio libro.

Junto a esos textos, escritos en una tradicional máquina y cuyas imágenes están en color sepia, están las obras del historiador Marco Palacios y las del poeta León De Greiff. Y como lo mencionó Darío Jaramillo a este diario, no es una casualidad que sus obras coincidan. Rogelio, oriundo de Santa Rosa de Osos (Antioquia) ─cuna de grandes escritores─ compartió y se codeó con literatos como el nobel de literatura Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis ─premio Cervantes en el 2001─, y artistas como Fernando Botero y Alejandro Obregón.

Los 'omasexuales'

A Rogelio Echavarría ─quien hoy enfrenta el Alzhéimer─, sus amigos, como Jaramillo, lo recuerdan como un hombre de muchos compañeros. Su sencillez, buen humor e inteligencia permitieron que siempre estuviera rodeado de grandes literatos y artistas. Participaba en largas jornadas de tertulia en uno de los cafés más antiguos de la capital, el Oma de la calle 82 con carrera 15. En ese lugar se sentaban a discutir sobre los últimos libros, las nuevas revelaciones (de qué) y lo mejor de las culturas en el país y el mundo. Gracias a esas extensas tertulias empezaron a ser llamados los 'omasexuales'.

Pero esas tardes bohémicas también reunieron a Jaime Jaramillo, Rogelio y León De Greiff en otro emblemático café: El Automático; aunque físicamente ya no existe, sí permanece en los recuerdos de Rogelio como el lugar que convocó a intelectuales, músicos y políticos.

La máquina de escribir con la que escribió sus poemas y artículos.

Dicen que de este lugar salieron títulos de libros, versos que hacen parte de la literatura colombiana y hasta revolucionarias caricaturas que marcaron la agenda del país. Por ejemplo, Alonso cuenta que se rumoraba que el título de la obra 'El náufrago' fue una idea del maestro Rogelio.

‘El transeúnte’

“Todas las calles que conozco son un largo monólogo mío llenas de gentes como árboles batidos por oscura batahola”, se lee en un aparte de 'El transeúnte'.

Esta obra fue escrita ente 1945 y 1952, y publicada por primera vez en 1964. El ejemplar tuvo más de siete ediciones; sin embargo, pese a los cambios, mantuvo una línea que mostró la transformación del escritor.

En la primera parte se ve reflejado su mayor valor: la cotidianidad; en la segunda fase se habla sobre la muerte ─la ausencia de su mamá fue una fuente de inspiración importante─; en la tercera se habla del terrorismo, un concepto que ha marcado la historia de Colombia, y en el último periodo sus versos apelan a la madurez, las transformaciones y las decisiones que marcaron su vida.

En su carrera logró el equilibrio de la poesía y la literatura en el periodismo, otra de sus grandes pasiones. Trabajó primero en ‘El Espectador’, donde estuvo diez años; luego en EL TIEMPO, al que llamó su segundo hogar. A este medio ingresó en 1962 y aquí permaneció por más de 30 años. Su último cargo fue subeditor de la sección de Cultura.

Su amor y su dedicación al periodismo le trajeron grandes problemas con su otro gran amor, la mujer de su vida: Beatriz Rojas.

Rogelio Echavarría y su esposa Beatriz Rojas.

“Mi abuela recuerda a mi abuelo con mucho amor, pero también con mucha ausencia. Él trabajaba demasiado, hasta altas horas de la noche. Siempre tenía que quedarse en EL TIEMPO hasta que imprimieran la primera página, cuando revisaba que el color y la diagramación estuvieran bien, entonces se podía ir, antes no, y eso ocurría a altas horas de la madrugada. Por cosas como esas estuvo muy ausente de su familia”, recuerda su nieta Silvia Echavarría.

‘Caminando al olvido’

Rogelio leía unos poemas de su autoría en el auditorio de la Biblioteca Nacional, en el 2006, cuando, de repente, hizo una pausa y se quedó mirando al público con total perplejidad: se le escaparon los recuerdos y padecía un vacío que no lograba explicar. Al llegar a la clínica y tras varios estudios, los médicos le dijeron que ese momento había sido su primer episodio de ausencia y que padecía de Alzhéimer.

Sin embargo, su nieta Silvia, la promotora de un sentido homenaje a la trayectoria literaria de su abuelo, asegura que esta enfermedad es producto de un hecho que marcó la vida del escritor.

“Realmente, a él le da esta enfermedad tras la muerte de su primer hijo: mi papá, Juan Fernando Echavarría ─hace unos diez años─. No existen hijos favoritos, pero mi abuelo quería mucho a mi papá y su muerte lo afectó a él y a mi abuela de manera drástica. Recuerdo que toda la familia estaba fuera del país y yo estaba sola cuando recibí una llamada y me dijeron que mi abuelo se sentía extraño, que no se entendía ni se encontraba, nada le dolía, pero no era él”, relata.

Hoy Rogelio no es consciente de su condición, pero cuando lo era, no la veía como un gran problema, pues la asumía con el buen humor que lo caracterizaba. Hasta bromeaba diciendo que no había olvidado tomar las pastillas para la memoria.

“Lo que tú eres no se te olvida, esa parte de quién es él, eso jamás se le va a olvidar (…). Del abuelito elegante y periodista hay hermosos recuerdos, pero hoy él es un niño al que le gusta que le lean y lo consientan”, comenta su nieta.

El poeta que recordaba con facilidad y que declamaba con fluidez los poemas que inspiraron su obra, hoy camina hacia el olvido. Un Alzhéimer avanzado ha hecho que olvide su legado. Sin embargo, ese legado para muchos es inmortal.

DIANA PAOLA AVENDAÑO
EL TIEMPO.COM

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